Lamine Yamal, a sus apenas 19 años, ya se ha convertido en una de las grandes figuras del fútbol internacional. Después de su irrupción en el FC Barcelona y de convertirse en uno de los protagonistas con España en el Mundial 2026, el joven extremo vive acostumbrado a los estadios llenos, los viajes y una atención mediática constante.
Sin embargo, cuando llega el verano y el momento de descansar, hay un destinos del Mediterráneo que ya figura entre sus lugares elegidos para desconectar. Mientras Ibiza concentra buena parte de la vida nocturna y del turismo de las Baleares, Formentera ofrece una alternativa marcada por las playas, la naturaleza y un ritmo mucho más tranquilo.
El futbolista ha disfrutado de este pequeño paraíso balear en sus vacaciones, especialmente de uno de sus lugares más conocidos: Ses Illetes.
Playa de Ses Illetes, Formentera.
Situada en el norte de la isla, esta playa de arena blanca y aguas transparentes forma parte del Parque Natural de Ses Salines y está considerada uno de los grandes tesoros de Formentera.
Además, visitar la isla durante los meses de verano requiere cierta planificación. Para proteger un territorio especialmente sensible a la presión turística, Formentera aplica durante la temporada alta un sistema de regulación de vehículos que limita la circulación de coches y motocicletas. Algunos de sus espacios naturales más populares también cuentan con controles específicos para evitar la masificación.
Uno de los paraísos de Formentera
Es difícil hablar de Formentera sin detenerse en Ses Illetes. Su larga franja de arena clara, rodeada prácticamente por el Mediterráneo, ofrece una de las imágenes más características de las Islas Baleares.
Las aguas profundas adquieren diferentes tonalidades entre el azul y el turquesa, mientras que la arena presenta en determinados puntos ligeros matices rosados debido a pequeños restos de organismos marinos que terminan depositándose en la orilla.
Playa de Llevant, en Formentera.
Su ubicación dentro de un espacio natural protegido ha permitido conservar buena parte del paisaje de dunas y vegetación costera que rodea el arenal. Precisamente por su fragilidad y por la elevada afluencia que registra durante el verano, el acceso motorizado y el estacionamiento están regulados.
A pocos minutos aparece otra alternativa para disfrutar del mar: la playa de Llevant. Más abierta y expuesta al viento, suele ofrecer un paisaje diferente al de Ses Illetes y permite continuar recorriendo esta parte del parque natural.
Una isla para descubrir sin prisas
Una de las grandes ventajas de Formentera es su reducido tamaño. Las distancias permiten recorrer buena parte de la isla en poco tiempo y combinar una mañana de playa con pueblos, miradores y algunos de sus enclaves históricos.
La principal localidad es Sant Francesc Xavier, donde se concentra buena parte de la actividad administrativa y comercial. Su plaza, presidida por una iglesia del siglo XVIII, conserva la arquitectura blanca y sencilla característica de la isla.
Desde allí se puede continuar hacia El Pilar de la Mola, en el extremo oriental. El recorrido atraviesa campos, pequeños núcleos rurales y paisajes mediterráneos antes de alcanzar una de las zonas más elevadas de Formentera.
Molinos con siglos de historia
Más allá de sus playas, Formentera conserva construcciones que recuerdan el pasado agrícola de la isla. Entre ellas sobresalen sus antiguos molinos harineros, utilizados durante generaciones para transformar el cereal cultivado en estas tierras.
Uno de los ejemplos más conocidos es el Molí Vell de la Mola, levantado en el siglo XVIII y convertido en uno de los símbolos del patrimonio etnológico de Formentera. Su estructura tradicional y la maquinaria conservada en el interior permiten conocer cómo funcionaban estos molinos impulsados por el viento.
Molino de La Mola.
La visita ofrece así una imagen muy diferente de la isla, alejada de las fotografías de playas y embarcaciones que suelen protagonizar las postales estivales.
El recorrido por esta zona puede continuar hasta el faro de la Mola, situado al borde de unos impresionantes acantilados que superan el centenar de metros sobre el Mediterráneo.
Faro de La Mola.
Este enclave se ha convertido en uno de los grandes miradores naturales de Formentera. La sensación cambia por completo respecto a las playas del norte: aquí predominan las paredes de roca, el horizonte abierto y un paisaje mucho más abrupto.
Antes de alcanzar La Mola también merece la pena detenerse en el conocido Mirador de Formentera. Desde este punto elevado puede contemplarse buena parte de la estrecha geografía de la isla, con el Mediterráneo extendiéndose a ambos lados.
Qué visitar además de sus playas
Otra parada imprescindible es La Savina, el puerto por el que llegan los ferris que conectan Formentera con Ibiza. Su paseo reúne restaurantes y terrazas, además de ofrecer vistas al puerto deportivo y a las embarcaciones que recorren las aguas de las Pitiusas.
Para quienes quieran descubrir la cara más natural de la isla, una buena alternativa al coche es recorrer alguno de sus itinerarios en bicicleta. La red de rutas verdes atraviesa caminos rurales, pinares, campos de cultivo y zonas próximas a las salinas, permitiendo conocer lugares a los que muchos visitantes no llegan.
Formentera también conserva pequeñas calas y tramos de costa alejados de sus playas más famosas. Precisamente esa combinación de distancias cortas, naturaleza y ausencia de grandes núcleos urbanos permite pasar en pocos kilómetros de los arenales del norte a los acantilados de La Mola.
Un destino protegido durante el verano
La enorme popularidad de Formentera también supone un desafío para una isla de dimensiones reducidas. Por este motivo, durante la temporada alta se aplica un sistema de regulación de vehículos destinado a controlar la presión sobre las carreteras y los espacios naturales.
Quienes quieran introducir y circular con determinados vehículos durante el periodo regulado deben consultar previamente las condiciones y tramitar, cuando corresponda, la autorización establecida por las autoridades insulares. Ses Illetes cuenta además con medidas propias para controlar el acceso motorizado y la capacidad de sus aparcamientos.
Son restricciones que ayudan a explicar por qué Formentera conserva una imagen muy diferente a la de otros grandes destinos turísticos del Mediterráneo. Y también por qué lugares como Ses Illetes continúan figurando entre los grandes reclamos de las Baleares.
Playas de aguas transparentes, molinos del siglo XVIII, pequeños pueblos y acantilados sobre el Mediterráneo forman parte de una isla que Lamine Yamal ha elegido para sus vacaciones.