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Cuando el verano cae sobre la Marina Alta y las tardes veraniegas se alargan, la provincia de valenciana cambia por unos días de época.

Sus calles se llenan de aromas, sonidos y colores que parecen llegados de otro tiempo, transformando el municipio de Teulada-Moraira en un escenario donde la artesanía y la gastronomía se dan la mano.

En este entorno festivo cobra vida el Mercado medieval de Teulada, una cita pensada para recuperar el ambiente de las antiguas ferias.

La celebración de este mercado nació como una iniciativa para poner en valor el rico legado histórico de la villa y dinamizar el casco antiguo durante la época estival.

El trazado de la feria discurre por el conjunto conocido como "Teulada Gótica Amurallada", un núcleo urbano declarado Bien de Interés Cultural (BIC) que conserva la estructura medieval de sus calles de piedra.

La edición de este año reúne a unos 70 artesanos que muestran ante el público oficios y técnicas que, con el paso del tiempo, han ido perdiendo presencia.

Herreros, repujadores, plateros, talladores de madera e hilanderos trabajan a la vista de los visitantes, haciendo que el mercado no sea únicamente un punto de compras, sino también una ventana abierta al trabajo manual y a la tradición.

Oficios tradicionales y sabores de antaño

Pasear por los puestos es dejarse llevar por los pequeños detalles. El cuero, el cobre, el estaño, el esparto y la madera se convierten en objetos decorativos y cotidianos: cinturones, cestas, espejos, babuchas, alpargatas o piezas artesanales con historia propia.

La gastronomía ocupa también un lugar protagonista. Entre las paradas destacan embutidos artesanales, quesos, dulces, panes de distintos sabores, chocolates, especias y hierbas para infusiones.

Los productos de la apicultura tienen asimismo su espacio, con mieles, velas de cera natural y jalea real.

Al caer la tarde, el olor de la leña y de la carne asada acompaña el recorrido, mientras las tabernas y teterías invitan a probar el tradicional té moruno para completar la experiencia sensorial.

Un viaje al pasado para toda la familia

La propuesta va mucho más allá del comercio artesanal. Durante el recorrido, los visitantes se cruzan con juglares, bufones, artistas de fuego y espectáculos de habilidad que mantienen vivo el ambiente festivo.

El programa incluye además exhibiciones de cetrería, paseos en dromedario, conciertos de música medieval, danzas y talleres participativos de herrería y alfarería.

Los más pequeños cuentan con actividades diseñadas para ellos, como la escuela de escuderos, que los convierte por unas horas en protagonistas de su propia aventura.

También hay espacio para la imaginación en los puestos de vestimenta, adornos y tejidos, entre los que destacan las telas alpujarreñas inspiradas en diseños de herencia morisca.

Así, cuando el sol pierde fuerza y las calles se llenan de público, el mercado logra algo más que recrear una época: crea una experiencia.

Entre la música, el aroma de las especias, el humo de las brasas y el trabajo paciente de los artesanos, el presente se detiene por unas horas para mirar al pasado.