C. S.
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Las casas colgadas que parecen flotar en el vacío, un castillo inexpugnable que corona un risco y un espectacular puente fortificado sobre el río Ebro convierten a esta villa castellana en uno de los conjuntos medievales más asombrosos y fotogénicos del interior de España.

En lo alto de un imponente peñasco alargado de roca, conocido como el cerro de La Muela, y rodeado por el verde paisaje de la comarca de Las Merindades, aparece un lugar donde el asfalto cede el paso a la historia pura.

Calles que suben al cielo, pasadizos de piedra y una arquitectura que desafía las leyes de la física acompañan al visitante en un viaje en el tiempo hacia la época de mayor esplendor de Castilla.

Vistas del pueblo de Frías.

Vistas del pueblo de Frías. E. E.

Se trata de Frías, una histórica localidad del norte de la provincia de Burgos con solo 250 habitantes que ostenta el título de la ciudad más pequeña de España, otorgado por el rey Juan II en 1435, y que está considerada, de forma unánime, uno de los pueblos más bonitos de Castilla y León.

El origen de la fortaleza

La historia de Frías está intrínsecamente ligada a su geografía. Su ubicación privilegiada no fue una casualidad, sino una decisión militar estratégica de primer orden. Durante la época romana, este enclave ya funcionaba como una importante vía de paso que comunicaba la costa cantábrica con la meseta castellana.

Sin embargo, fue a partir del siglo XI, bajo el impulso del rey Alfonso VIII, cuando Frías adquirió su verdadera fisonomía e importancia. El monarca repobló la zona y dotó a la villa de un fuero propio para convertirla en un gran centro de comercio y defensa frente a los reinos vecinos.

Vista panorámica de Frías con el castillo al fondo

Vista panorámica de Frías con el castillo al fondo iStock

Gracias a esa posición clave para controlar el paso del río Ebro, la localidad creció rodeada de defensas, murallas y un entramado urbano que ha llegado intacto hasta nuestros días.

El Castillo de los Duques de Frías

El gran símbolo de identidad de la silueta de Frías es el espectacular Castillo de los Duques de Frías (o Castillo de Velasco), una de las fortalezas medievales más espectaculares y singulares de España.

Construido entre los siglos XII y XV, el castillo parece brotar orgánicamente de la propia roca caliza en la parte más alta del cerro. Su imponente torre del homenaje se alza desafiante sobre el abismo, ofreciendo unas vistas panorámicas inigualables de todo el valle de Tobalina.

Medieval puente de piedra en Frías.

Medieval puente de piedra en Frías. iStock

Justo a los pies de la fortaleza se despliega el prodigio arquitectónico de la localidad: sus famosas Casas Colgadas. A diferencia de las de Cuenca, las casas de Frías están construidas con entramados de madera, toba y adobe, y se apoyan directamente sobre el borde mismo del precipicio de la roca. Para ganar espacio en un terreno tan limitado, los habitantes edificaron hacia abajo y hacia arriba, creando viviendas que cuentan con varias plantas subterráneas excavadas en la roca y balconadas que miran directamente al vacío.

Si el interior del pueblo estremece por su altura, el acceso por el valle no se queda atrás. Para cruzar el río Ebro, el visitante debe atravesar el majestuoso puente medieval de Frías. Con 143 metros de longitud y 9 arcadas, su origen es románico, aunque fue reconstruido en el siglo XIV de forma monumental.

Su elemento más espectacular es la imponente torre defensiva de planta pentagonal construida en el centro del puente. Esta estructura no solo cumplía una función militar de vigilancia, sino también económica, ya que allí se cobraba el derecho de pontazgo, el peaje de la Edad Media, a todos los comerciantes que querían cruzar las fronteras de Castilla.

Una calle de Frías, en Burgos.

Una calle de Frías, en Burgos. E. E.

Pasear por Frías es adentrarse en un laberinto de callejuelas empedradas, cuestas empinadas y rincones que conservan la esencia del siglo de oro medieval. El corazón de su arquitectura religiosa lo ocupa la Iglesia de San Vicente Mártir, ubicada en el otro extremo del peñasco.

Aunque su portalada románica original está actualmente en el Museo de Claustros de Nueva York, el templo sigue impresionando por su imponente estampa y su retablo mayor.

Paseando por la calle del Mercado o la plaza del Ayuntamiento, se pueden apreciar los restos de las antiguas tres puertas de la muralla que protegían la ciudad: la de Medina, la del Postigo y la de la Cadena.

Morcilla de Burgos

Pero la experiencia en Frías no está completa sin conquistar el paladar. La comarca de Las Merindades es famosa por una cocina contundente, honesta y llena de sabor, perfecta para reponer fuerzas tras una jornada de subidas y bajadas por el empedrado.

Morcilla de Burgos

Morcilla de Burgos Wikimedia Commons

El gran protagonista de las mesas locales es, sin duda, la morcilla de Burgos, elaborada con sangre, manteca de cerdo, cebolla horcal y arroz, reconocible por su textura suave y ese toque de especias picantes que la hace única.

Junto a ella, los restaurantes de la zona ofrecen excelentes asados de cordero lechal, carnes de ternera de los pastos del norte de Burgos y las valoradas lechugas de Medina, regado todo con los vinos de la tierra.

Un destino imprescindible que combina patrimonio arquitectónico, naturaleza desbordante y una gastronomía excepcional en el corazón de una de las fortalezas medievales más espectaculares de España.