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Pocas islas esconden tantos secretos en tan poco espacio. Bosques tan densos que apenas dejan pasar la luz, senderos que conducen a antiguas aldeas abandonadas y un paisaje donde el mar y la vegetación parecen haberse fundido hasta formar un mundo aparte. Todo ello convierte a este rincón gallego en uno de los espacios naturales más sorprendentes de España.

Se trata de la isla de Cortegada, uno de los enclaves que forman parte del Parque Nacional Marítimo Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia. Situada en el interior de la ría de Arousa, muy cerca de Carril y Vilagarcía de Arousa, destaca por albergar el mayor bosque de laurisilva de Europa, una formación vegetal excepcional que cubre buena parte de su superficie.

A diferencia de las islas más expuestas al océano, aquí el paisaje está marcado por la tranquilidad de la ría. Sus aguas protegidas, los extensos bancos de marisqueros y las marismas que la rodean han permitido desarrollar desde hace siglos una extensa actividad ligada al cultivo de almejas, berberechos y otros moluscos que siguen siendo fundamentales para la economía local.

La gran protagonista de Cortegada es su naturaleza. En la zona norte de la isla crece una impresionante masa de laureles que convive con robles, sauces, avellanos y otras especies autóctonas.

Las condiciones climáticas de este entorno han favorecido la conservación de uno de los ecosistemas más singulares del litoral gallego, donde también prosperan numerosas especies de hongos, líquenes y plantas adaptadas a la humedad constante.

Costa de la isla de Cortegada.

Costa de la isla de Cortegada.

Pero Cortegada no siempre fue un territorio dominado únicamente por la vegetación. Durante siglos estuvo habitada y todavía hoy es posible encontrar las huellas de aquel pasado.

Entre los árboles aparecen los restos de una antigua aldea, construcciones tradicionales y las ruinas de la ermita de la Virgen de los Milagros, que llegó a convertirse en un importante lugar de peregrinación para los habitantes de la comarca.

Playa de la isla de Cortegada.

Playa de la isla de Cortegada.

Recorrer la isla es relativamente sencillo gracias a los senderos habilitados. Existen varias rutas circulares que permiten descubrir tanto la costa como el interior del bosque.

Una de ellas bordea gran parte del perímetro ofreciendo magníficas vistas de la ría de Arousa, mientras que otra atraviesa el corazón de la isla para adentrarse en la espectacular laurisilva y acercarse a los vestigios del antiguo poblado.

Isla de Cortegada vista desde el mar.

Isla de Cortegada vista desde el mar.

Uno de los aspectos que hacen todavía más especial la visita es que el acceso está estrictamente regulado. Solo un número limitado de personas puede desembarcar cada día y siempre mediante embarcaciones autorizadas y visitas organizadas. Esta protección ha permitido conservar intacto un espacio natural que parece detenido en el tiempo.

Entre senderos cubiertos por laureles centenarios, marismas que cambian con las mareas y antiguas viviendas engullidas por la vegetación, Cortegada ofrece una experiencia diferente a cualquier otra isla del litoral español.

Un lugar donde la naturaleza ha recuperado el protagonismo y donde cada rincón recuerda que, a veces, los mayores tesoros permanecen escondidos a pocos kilómetros de la costa.