Las calles empedradas, las murallas medievales y un impresionante arco romano de casi 2.000 años convierten a esta villa castellana en uno de los pueblos con más historia y encanto del interior de España.
En lo alto de un cerro y rodeado de un paisaje que parece detenido en el tiempo aparece uno de esos lugares donde cada rincón recuerda a otra época. Casas señoriales de piedra, plazas porticadas y antiguas fortificaciones acompañan al visitante en un recorrido que mezcla pasado romano, legado árabe y esencia medieval.
Se trata de Medinaceli, una histórica villa de la provincia de Soria considerada uno de los pueblos más bonitos de Castilla y León y famosa, además, por ser uno de los mejores lugares para probar los auténticos torreznos sorianos.
Villa de Medinaceli.
La historia de Medinaceli se remonta a la época celtíbera, cuando existía un asentamiento conocido como Occilis. Más tarde fue conquistada por los romanos debido a su enorme importancia estratégica dentro de las rutas comerciales de la península.
Siglos después pasaría a manos musulmanas bajo el nombre de Medinat Salim, hasta ser incorporada definitivamente al reino cristiano durante la Reconquista. Gracias a su ubicación privilegiada, la localidad fue durante siglos un punto clave de control militar y comercial, algo que todavía puede apreciarse en sus murallas, calles y edificios históricos.
Un impresionante arco romano
El gran símbolo de la villa es su espectacular arco romano visible desde varios kilómetros antes de llegar al pueblo. Este monumento construido en el siglo I destaca por ser el único arco romano de triple arcada conservado en España.
La parte central estaba destinada al paso de carros y caballos, mientras que las laterales eran utilizadas por peatones. Su silueta se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles del patrimonio histórico español.
Arco romano de Medinaceli.
Pasear por Medinaceli es hacerlo entre callejuelas estrechas, plazas castellanas y edificios con siglos de historia. El corazón de la villa es su Plaza Mayor, levantada sobre el antiguo foro romano y rodeada de soportales y construcciones históricas.
Aquí destacan lugares como el Palacio Ducal, antigua residencia de los Duques de Medinaceli y actual espacio cultural o la Alhóndiga, uno de los edificios más antiguos de la plaza. También sobresale la Colegiata de Nuestra Señora de la Asunción, construida sobre un antiguo templo románico y considerada el principal edificio religioso de la localidad.
Murallas, castillo y restos medievales
La posición estratégica de Medinaceli provocó que estuviera protegida durante siglos por amplias murallas defensivas. Parte de estas fortificaciones todavía se conservan y permiten imaginar la importancia que tuvo este enclave durante la Edad Media.
En la zona más alta del pueblo aparecen también los restos del antiguo castillo, levantado sobre una fortaleza árabe y convertido posteriormente en residencia nobiliaria. Desde allí se obtienen magníficas vistas del entorno y del paisaje soriano que rodea la villa.
Torreznos sorianos.
Pero si hay algo que termina de conquistar a quienes visitan Medinaceli es su gastronomía. La villa cuenta con numerosos restaurantes donde probar algunos de los platos más típicos de Castilla y León, desde migas y guisos tradicionales hasta asados y carnes de la zona.
Aunque el gran protagonista sigue siendo el torrezno de Soria, considerado uno de los productos más famosos de la gastronomía soriana gracias a su corteza crujiente y su interior jugoso.
Un destino perfecto para disfrutar de historia, patrimonio y buena cocina en uno de los pueblos medievales más espectaculares del interior de España.