C. Serna
Publicada

En España hay muchos lugares mágicos que enamoran a sus visitantes tanto por su paisaje medieval como por su mesa. Uno de ellos, sin duda, es Sepúlveda, en Segovia, un destino que combina patrimonio histórico y una gastronomía tradicional basado en los asados y, sobre todo, en el cordero.

Situada en plena comarca de la Tierra de Sepúlveda, a menos de una hora y media de Madrid en coche, es un lugar perfecto para hacer una escapada en cualquier época del año.

La villa castellana conserva el encanto de los pueblos que han sabido mantener intacta su identidad a lo largo de los siglos. Pasear por sus calles empedradas, asomarse a sus miradores o sentarse en una de sus plazas a sentir el paso de la vida, ya es motivo suficiente para visitarla. Pero si además podemos reservar una mesa en uno de sus tradicionales asadores y tomarnos un cordero segoviano, el plan ya es perfecto.

Restos del castillo de Sepúlveda.

Restos del castillo de Sepúlveda. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León por la Diputación de Segovia iStock

El casco histórico de Sepúlveda está declarado Conjunto Histórico-Artístico gracias a sus hermosas callejuelas estrechas, sus casas de piedra con fachadas impresionantes y rincones donde parece que el tiempo se ha detenido.

Un simple paseo por la villa permite descubrir su esencia medieval, la historia que se respira en cada piedra, y así poder entender por qué se ha convertido en una de las escapadas más atractivas de Segovia.

Sepúlveda, en Segovia.

Sepúlveda, en Segovia. E. E.

La localidad destaca por su fuerte vínculo con la historia. A lo largo de los siglos, Sepúlveda fue un enclave estratégico y su trazado urbano todavía conserva esa huella antigua que la convierte en un destino muy fotogénico y perfecto para los amantes del turismo cultural.

No podemos perdernos sus iglesias románicas, como la de El Salvador o la de los Santos Justo y Pastor, que es ahora el Museo de los Fueros, una de las señas de identidad de la villa que aporta un valor turístico incalculable a este pueblo medieval.

Hoces del Duratón en Sepúlveda.

Hoces del Duratón en Sepúlveda. E. E.

También son famosos sus miradores y el paisaje que rodea el pueblo, un entorno perfecto para completar el viaje con una ruta tranquila y alguna parada que nos permitan contemplar el entorno natural por el famoso Parque Natural de las Hoces del Río Duratón.

Sin embargo, si hay un motivo de peso para ir a Sepúlveda, como hemos dicho, es el cordero asado. Preparado con lechal y cocinado lentamente en horno de leña, este manjar representa como pocos la tradición gastronómica castellana.

El secreto está en la materia prima y en una elaboración sencilla, sin artificios, que deja todo el protagonismo al producto.

Cordero asado.

Cordero asado.

El resultado es una carne tierna, jugosa y con ese punto crujiente en la piel que convierte cada ración en una experiencia memorable. No es casualidad que muchos viajeros organicen su visita a Sepúlveda pensando precisamente en reservar mesa en un asador.

Y es que pasar un día en Sepúlveda es entender que el patrimonio y la cocina tradicional pueden ser los mejores compañeros de viaje sobre todo cuando apostamos por una escapada de fin de semana, por una comida especial o un descanso, lejos de las prisas y con una identidad muy marcada.