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La Antigua Roma construyó un vasto entramado de calzadas, más de 300.000 kilómetros, para unir las grandes ciudades y los asentamientos más pequeños. Y España no fue diferente.

De hecho, la carretera más larga de todo el Imperio romano se encontraba en Hispania y fue la Vía Augusta, que se extendía desde Gades (Cádiz) hasta el Summus Pyrenaeus, en el Pirineo catalán. Si bien han sobrevivido diversos identificadores que señalizan su itinerario y la autovía A-7 y otras carreteras nacionales siguen en algunos tramos su mismo recorrido, a esta calzada romana le ocurre lo mismo que a la gran mayoría: se han ido destruyendo a lo largo del tiempo.

Entonces, ¿cuál es la calzada romana mejor conservada de Hispania? La principal candidata para este título, según el investigador e ingeniero civil Isaac Moreno Gallo, es una carretera de 115 kilómetros de longitud que comunicaba en la Antigüedad, hace unos dos milenios, los asentamientos de Flaviobriga (Castro Urdiales), colonia fundada por el emperador Vespasiano en 74 d.C., y Uxama Barca (Osma de Álava), desde donde se podría acceder a otros importantes núcleos como Velia o Degobriga.

El camino, que se extiende por cuatro provincias españolas modernas, sobre todo la de Burgos, sorteaba la orografía de la región discurriendo por valles como los de Losa y Mena para adentrarse en la Llanada Alavesa.

En su trayecto unía, además, otros núcleos romanos en torno a las localidades burgalesas de San Llorente y San Martín de Losa, así como el yacimiento de Salinas de Rosío, una ciudad salinera en época antigua de nombre desconocido.

En la zona del valle de Losa se conserva precisamente un tramo intacto de más de 1.600 metros continuos que no han sufrido ninguna transformación por maquinaria pesada y que no ha sido ocultado por la vegetación.

El largo terraplén, localizado entre Quincoces de Yuso, Castresana y Villaventín y de unos 6,35 metros de anchura, ha esquivado los trabajos agrícolas que sí destruyeron en las últimas décadas del siglo pasado otras partes de la vía antigua y se conserva en un muy buen estado de forma casual.

Las catas arqueológicas hechas en algunos sectores del camino no labrado y libre de vegetación como en Villaventín, cerca del límite con Castresana, han desvelado que los antiguos romanos colocaron sobre la roca virgen un paquete de piedra de casi un metro de altura y añadieron bordillos para encajar la cimentación.

El trazado rectilíneo y los materiales utilizados habrían permitido su tránsito durante todas las épocas del año, también en momentos de fuertes lluvias o de nevadas. En la zona de Lastras de Torre las excavaciones también han permitido documentar la estructura del firme completa.

En el valle de Losa, además del terraplén, se puede seguir uno de los rastros aéreos más largos de toda la región de la vía romana ya labrada, con más de tres kilómetros ininterrumpidos en los que la piedra procedente del firme de la calzada antigua —a veces utilizada como lindero de las fincas— destaca por su color en el suelo de los campos de cultivo. Unos vestigios fascinantes de la Hispania romana.