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Al adentrarse en Valonia, al sur de Bélgica, por un instante, el viajero olvida el calendario. El tiempo se mide en piedras centenarias, en campanas monásticas y en el lento reposo de una cerveza trapense que se disfruta entre castillos medievales, abadías vivas y paisajes que parecen salidos de un manuscrito iluminado.

Visitarla invita a comprender la identidad de una región que ha sabido conservar su pasado y transformarlo en una experiencia viva para el viajero contemporáneo.

Viaje a la Edad Media

El recorrido por la Valonia medieval comienza inevitablemente en sus castillos. Algunos conservan el carácter defensivo de la Edad Media; otros evolucionaron hacia residencias señoriales refinadas. Todos, sin embargo, comparten una poderosa capacidad de evocación.

Abadía Notre-Dame d'Orval.

Abadía Notre-Dame d'Orval. Daniel Elk.

El Castillo de Bouillon es uno de los grandes iconos. Vinculado a Godofredo de Bouillon, líder de la Primera Cruzada, domina el valle del Semois con una presencia imponente. Sus visitas inmersivas y espectáculos de cetrería —reconocidos como patrimonio cultural inmaterial por la UNESCO— convierten la historia en una experiencia sensorial.

Más al este, el Castillo de Reinhardstein aparece casi por sorpresa entre los bosques de las Ardenas, con su aire romántico y una programación cultural que lo mantiene vivo todo el año.

Otros castillos revelan la vida cotidiana de siglos pasados. Lavaux-Sainte-Anne, rodeado de estanques, propone un viaje a la vida de señores y campesinos, mientras que el Castillo de Vêves, con sus torres puntiagudas del siglo XV, seduce a familias y curiosos gracias a su colección de trajes históricos que permiten a los más pequeños convertirse, por un día, en príncipes y damas medievales.

El refinamiento llega con los castillos residenciales. Modave deslumbra con más de 25 salas y jardines geométricos; Freÿr, a orillas del Mosa, combina la elegancia de un palacio con jardines a la francesa; y Beloeil, conocido como el “Versalles belga”, guarda una impresionante colección de arte y una biblioteca con más de 20.000 volúmenes y manuscritos.

En Seneffe, el museo de orfebrería se integra en un parque de 22 hectáreas declarado patrimonio excepcional.

Muchos de estos enclaves se enlazan hoy a rutas de senderismo y cicloturismo —como la red RAVeL o los caminos de las Ardenas—, demostrando que patrimonio y turismo sostenible pueden avanzar de la mano.

Dormir entre muros centenarios

En Valonia, el pasado no se limita a una visita diurna. Algunos castillos abren sus puertas para pasar la noche y vivir la historia desde dentro. El Château de Vignée, cerca de Rochefort, propone una estancia íntima con spa y gastronomía de autor.

El Château de Namur, elevado sobre la ciudad, combina elegancia clásica y vistas panorámicas, mientras que el Manoir de Lébioles se presenta como un refugio de lujo y silencio, ideal para una escapada romántica.

Martin’s Hotels-Hôtel Martin's Château du Lac.

Martin’s Hotels-Hôtel Martin's Château du Lac.

A orillas del lago de Genval, el Martin’s Château du Lac ofrece bienestar y tranquilidad a pocos kilómetros de Bruselas. Y el Dominio de Ronchinne amplía la experiencia con alojamientos insólitos —desde casas en los árboles hasta cabañas— y zonas de bienestar al aire libre, todo en un entorno natural privilegiado.

Espiritualidad, senderos y cerveza trapense

La Valonia medieval también se descubre en clave espiritual. Sus abadías, algunas aún activas, otras convertidas en ruinas poéticas, son espacios donde el tiempo parece haberse detenido.

Maredsous, abadía benedictina en el valle del Molignée, combina visitas culturales con la degustación de su famoso queso y cerveza artesanal. Val-Dieu, fundada por cistercienses y nunca suprimida durante la Revolución Francesa, ofrece jardines, rutas a pie, visitas guiadas y una cervecería-restaurante donde reponer fuerzas.

Espacio Chimay-Auberge de Poteaupré.

Espacio Chimay-Auberge de Poteaupré.

Especial mención merece la Ruta de las Abadías Trapenses, un itinerario señalizado que conecta Chimay, Rochefort y Orval, tres de las doce auténticas abadías trapenses del mundo. En Chimay, el visitante puede recorrer jardines y el museo Espace Chimay para conocer el proceso de elaboración y degustar sus cervezas.

Orval fascina con sus ruinas, su museo y visitas guiadas que explican la historia de la comunidad monástica. Rochefort, aunque no accesible al público, sigue siendo un punto de referencia por el prestigio de su cerveza y su entorno natural.

Entre las ruinas más evocadoras destacan Villers-la-Ville, antiguo monasterio gótico del siglo XII considerado uno de los conjuntos patrimoniales más bellos de Europa, y la Abadía de Aulne, junto al Sambre, perfecta para una visita tranquila y un paseo en bicicleta por el canal.