Madrid en verano tiene planes que se olvidan en cuanto llega septiembre, y otros que se convierten en tradición, como esa cita que se comparte casi en clave entre quienes saben dónde está realmente la noche.
Villa Panthera pertenece a esa segunda categoría: el proyecto del grupo Panthera vuelve a tomar el Hipódromo de la Zarzuela y reabre la gran temporada de cenas al aire libre con vistas directas a la pista de carreras, ese escenario que mezcla el verde, las tribunas y el brillo de los focos.
Aquí, la experiencia empieza mucho antes de que suenen los primeros compases del late night. Villa Panthera permite seguir las carreras prácticamente desde la mesa. Se ve cómo los caballos toman la curva, se escucha el murmullo de las apuestas y se siente ese punto de adrenalina que solo dan las llegadas ajustadas.
El chef Víctor González tiene un vino fetiche
Entre manga y manga, el plan continúa con la posibilidad de acercarse a la zona de juego, hacer una apuesta y volver a la mesa con la emoción todavía en la conversación, como si cada carrera añadiera una pequeña trama a la noche.
La carta acompaña ese ritmo con una propuesta pensada para compartir y alargar la velada entre bocados con vocación viajera: del crudo marino al fuego y del sushi al smashburger de chuleta madurada.
Hay ostras, ceviches, tiraditos, tartares y una selección de nigiris y hand rolls elaborados al momento que conectan muy bien con el ambiente de pista y club; platos que funcionan tanto como inicio relajado de la noche como en modo picoteo sostenido mientras las carreras siguen pasando al fondo y las apuestas van y vienen en la mesa.
Cuestión de detalles
Es ese momento en el que las mesas se convierten en punto de encuentro, las copas y los vinos ganan protagonismo y Villa Panthera funciona como un place to be casi secreto para quienes quieren estirar la noche sin salir de Madrid, con un vino atlántico llamado a acompañar la experiencia de principio a fin.
El blanco que alarga las sobremesas
En esa carta vinícola, hay un nombre que para el equipo de cocina funciona casi como comodín para toda la experiencia: Mar de Frades Albariño, el blanco de Rías Baixas que se ha convertido en símbolo de ese carácter fresco, salino y muy gastronómico que los chefs buscan cuando quieren acompañar una cena de principio a fin.
A medida que avanza la velada, el espacio se transforma. Lo que empezó como cena con vistas privilegiadas al Hipódromo se convierte poco a poco en otra cosa: las luces cambian, la música sube y la sensación es la de estar en un club integrado en el propio recinto, donde el glamour clásico de las carreras de caballos se cruza con una atmósfera de discoteca contemporánea.
Sushi, caballos y música
Con su icónica botella azul y un perfil aromático marcado por notas de fruta tropical, flores silvestres y un elegante recuerdo atlántico, es una de esas etiquetas reconocibles que aportan personalidad a la mesa sin robarle protagonismo al plato.
Víctor González, chef ejecutivo de Villa Panthera y Nômadâ, lo tiene claro cuando mira la carta de vinos de la temporada: “Tiene esa frescura y ese sutil recuerdo salino tan característico que acompañan especialmente bien muchos de nuestros platos, desde el ceviche o el tiradito de lubina hasta los nigiris y los rolls”.
El cocinero reconoce que le gusta especialmente porque “es un vino con mucha personalidad, muy aromático, con notas de fruta tropical y flores silvestres, pero al mismo tiempo con una acidez elegante que limpia el paladar y hace que cada bocado se disfrute aún más”.
Un albariño todoterreno
Es, en palabras de González, “un vino muy gastronómico que pueden acompañar toda una comida y que siempre recomiendo cuando alguien busca una apuesta segura.”
El resultado es un binomio muy reconocible: la escenografía vibrante del Hipódromo, el glamour de las carreras al fondo y, en la mesa, un albariño capaz de enlazar crudos marinos, bocados de sushi y platos de carne sin perder frescura ni tensión.
Ese tipo de vino que acompaña la noche mientras las conversaciones se alargan y las carreras siguen cruzando la pista, marcando el ritmo de uno de los planes más comentados del verano madrileño.