El Monasterio de Yuso acoge, hasta el 10 de enero de 2027, la exposición "AutorIA. La Rioja, tierra del español". Sus más de 60 piezas llegadas de una veintena de instituciones, entre ellas el Louvre, la British Library o el Museo del Prado, la convierten en una visita indispensable.
Una oportuna reflexión, en un contexto único, sobre el reto al que nuestro idioma se enfrenta entre algoritmos, emoticonos, tuits y una inteligencia artificial capaz de reproducir el estilo cervantino en un par de guiños de cursor.
Pero, por encima de todo, la muestra es un proyecto divulgativo en el que, tanto la propia restauración de la sede como la apuesta museográfica, tienen el propósito de recoger el testigo de la historia para que esta región ocupe el puesto que le corresponde.
De vides y glosas
En el corazón del Valle del Cárdenas, entre campos de trigo y sarmiento, al abrigo de riscos y verdes lomas se despliega, curva tras curva, el también conocido como Valle de la Lengua.
El monasterio de Yuso es el epicentro riojano del nacimiento del español.
A pocos kilómetros de Berceo, cuna del ilustre y visionario don Gonzalo, encontrarás en silencio sepulcral el imponente Monasterio de Yuso.
Así nació el español: de manos de un monje escribano, entre muros de silencio.
Entre sus vetustos muros, sus decisivas glosas emilianenses son el punto de arranque de AutorIA. Estas anotaciones de finales del siglo X, hechas al margen del célebre Códice 60, están consideradas como los primeros testimonios escritos del romance hispánico.
Busto y declaraciones del filólogo Martínez Pidal.
Así lo certificó, en 1926, el prestigioso filólogo Ramón Menéndez Pidal, en su obra “Orígenes del español”.
Contemplar ejemplares únicos
La exposición reconstruye cómo esas anotaciones, pensadas para que el vulgo entendiera los complejos textos latinos, fueron el germen de nuestra lengua.
La variedad de obras es una de las riquezas de la exposición, como este códice cantoral.
Entre las piezas más destacadas sobresale el Códice Patrístico del Archivo Histórico Nacional, con 22 glosas, y el ingenioso armario que los monjes crearon para conservar estas obras de arte y sabiduría.
La cruz de San Millán, una de las piezas consideradas las joyas corona de la exposición.
Junto a él, acaparan la atención los tres brazos de la cruz de marfil de San Millán que se exponen juntos, por primera vez, en Europa continental. La sección en la que se muestra recoge otras piezas de marfil tallado que son igualmente destacables.
El clavecín de Bárbara de Braganza, en el que se cree que tocó su maestro de música, Domenico Scarlatti, y la Virgen de la Manzana son, también, dos obras especialmente significativas. Esta última por su valor sentimental ya que fue sustraída del monasterio de Suso, en 1963, y ahora puede verse aquí tras su recuperación.
La Virgen de la Manzana, una de las obras más queridas por los locales, vuelve tras años sin tener rastro de ella.
Al santo, lo que es del santo
Esta celebración y todo lo que está generando llega en un momento muy propicio, a las puertas del 30 aniversario de la declaración de San Millán de la Cogolla como Patrimonio Mundial por la Unesco.
De ahí que la panoplia cultural desplegada en torno a esta exposición antológica otorgue a Yuso, por méritos propios, el título de cuna del español.
Uno de los fragmentos de las glosas de las que brotó nuestro idioma.
De hecho, tiene un curioso efecto contemplar en primera persona las páginas del facsímil del códice expuesto, allí donde originalmente se alumbró nuestro idioma en tinta sobre pliego de piel de oveja.
Es como asistir a un parto o beber de la fuente de la que brota un río. Aquel español incipiente, apenas unas notas desvaídas, hoy lo hablan más de 600 millones de personas.
Una lengua que es, a la vez, vehículo de comunicación y hermanamiento y vínculo de comunidades repartidas por los cinco continentes. Esa diversidad es, precisamente, su verdadera potencia identitaria; su mayor riqueza.
Entre lo real y lo virtual
La biblioteca monástica recoge el conocimiento que los monjes atesoraron durante siglos.
El pasado y un presente que hace muy poco dejó de ser futuro se dan la mano a cada paso en la exposición. Como cuando accedes a la biblioteca del monasterio, un espacio cerrado a cal y canto hasta que, para la muestra, se ha ideado un sistema de visita que no pone en riesgo la conservación de semejante patrimonio.
Junto a piezas de valor incalculable se suceden efectistas recursos tecnológicos: video mapping, pantallas interactivas, realidad aumentada y gafas de realidad virtual.
Un visitante durante la experiencia con las gafas de realidad virtual.
Todo para generar una experiencia inmersiva que traslada al visitante a distintos momentos históricos. Ya se sabe: hoy, la letra con entretenimiento entra.
¿Lo más llamativo? La recreación virtual de uno de los scriptorium donde los monjes copistas dan buena cuenta del duro trabajo que tan afanosamente hacían. Y, junto a ellos, los artesanos de distintas disciplinas y géneros que se encargaban de embellecer aquellos preciados libros.
Porque sí, también las mujeres (aunque invisibilizadas) colaboraban en el noble oficio de acercarnos la palabra de Dios y la transmisión de conocimiento.
El poder creador de la palabra
Códices y monasterio rivalizan en belleza.
El recorrido viaja a través de la evolución de nuestra lengua, comenzando por la obra de Gonzalo de Berceo (primer autor de nombre conocido en castellano), hasta Nebrija y Cervantes como hitos de su consolidación.
El itinerario atraviesa, también, las creaciones de Miguel Hernández, Lejárraga, Matute, Neruda o Cela para mostrar un lenguaje en evolución permanente hasta desembocar en un incierto presente dominado por los algoritmos.
El tramo final se centra en los retos que las tecnologías generativas plantean, a través de la recreación del diálogo entre una joven estudiante y una inteligencia artificial. Es el momento en el que se abordan cuestiones que abren un profundo debate conceptual sobre quién (o qué) puede considerarse creador y autor.
El claustro de Yuso: el lugar donde empezó todo.
Al terminar la proyección, literalmente al otro lado de la pantalla, te espera a modo de despedida, uno de los grandes tesoros del monasterio: su claustro.
Allí donde surgió la necesidad de poner por escrito el román paladino, la lengua que los monjes hablaban en su día a día, al margen del latín. El resto es historia. Amén.
Tips de viaje
- ¿Dónde alojarte? Dos nobles opciones: el Aurea Palacio de Correos, en el corazón de Logroño. O el novísimo Palacio de los Ángeles, en Haro. Ambos, próximos a San Millán de la Cogolla.
- ¿Dónde comer? Difícil elección porque La Rioja es la comunidad con mayor concentración de restaurantes con estrella Michelin de España. Pero no puedes perderte El portal de Echaurren, en Ezcaray. Pero si prefieres ir de tapas, Logroño es tu lugar. Y allí, los locales están cambiando de la Calle Laurel hacia San Juan. Aquí no te pierdas Torres Gastrobar o Tastavin.
- ¿Qué comprar? Las alpargatas de Cervera del Río Alhama, un complemento que fusiona tradición, artesanía y diseño. Si visitas Ezcaray no te vuelvas sin una de sus aclamadas mantas de lana multicolor.
- ¿Dónde beber buen vino? La respuesta en esta tierra de vides se vuelve un dilema, pero te recomendamos visitar las Bodegas Lecea, en el barrio histórico de las Cuevas de San Asensio. Un conjunto de más de 300 calados (bodegas-cueva).