La Selva Negra se extiende a lo largo del suroeste de Alemania, en el Estado Federado de Baden-Wurtemberg. Como bien deja claro su nombre, esta zona es conocida por sus extensos y densos bosques, en un clima que es puramente montañoso, las temperaturas bajan en invierno y suben en verano, aunque las diferencias no son grandiosas porque el bosque regula los cambios de temperatura.

Este paraíso natural alemán es ideal para recorrer en coche, visitando los pequeños y encantadores pueblos que se distribuyen por la zona, además de las distintas ciudades que se pueden encontrar. Hay multitud de rutas, tanto para hacer en coche como para hacer caminando o en bicicleta de montaña. Para llegar aquí, una opción es volar desde España a Stuttgart, capital de Baden-Wurtemberg y la sexta ciudad más grande de Alemania.

En Stuttgart conviene visitar los lugares más conocidos y callejear por su casco histórico. No deben faltar el Palacio Nuevo y el Castillo Antiguo, ambos en la Plaza del Palacio, la Iglesia Evangelista de San Juan, de estilo neogótico y ubicada junto a la laguna Feuersee, la Opera Nacional, el museo de Mercedes-Benz y de Porche, la Biblioteca Nacional, la Torre Bismarck o el Espacio Natural protegido Rotwildparck.

Una imagen de Stuttgart.

Una vez hecha la visita en Stuttgart, el siguiente destino puede ser Tubinga, una ciudad universitaria con un gran centro cultural y una de las regiones más pintorescas del sur del país. En su arquitectura dominan los edificios antiguos, tales como iglesias, castillos y palacios.

También destaca el monasterio, que fue construido en 1185 y la torre de Gelderlin, que formó parte del muro de la fortaleza en la Edad Media. En los alrededores de la antigua Plaza del mercado se encuentran importantes edificios históricos, pero los lugares favoritos para pasear y visitar son el Puente Neckarbrücke, desde donde se ofrecen unas vistas increíbles de las coloridas casas históricas, y el castillo de Hohenzollern, elevado en la cima de la montaña.

Si quieres hacer disfrutar a todos los sentidos, debes hacer una caminata para llegar al lago Glasswaldsee. Aquí podrás caminar entre un paraje precioso, lleno de árboles enormes y unas vistas de escándalo, que cuando se termina la ruta al llegar al lago se vuelven todavía más espectaculares. El tono rojizo del agua incluido en el paraje del bosque frondoso es digno de ver. Después se puede aprovechar el trayecto recorrido para visitar alguno de los pequeños pueblos que quedan de paso hasta llegar al siguiente destino, Triberg.

Sus grandes atractivos son las cataratas, de 163 metros de altura y los Relojes de Cuco más grandes del mundo, que de lo grandes que son parecen ser en realidad casas. Cerca de Triberg y de paso para llegar al siguiente destino se encuentra el lago Titisee y Schauinsland, una montaña con un mirador a 1284 metros de altitud desde donde se ofrecen unas vistas espectaculares, llegando a ver a lo lejos Freiburg y otras ciudades, incluso, la frontera con Francia.

Una imagen de Baden.

La siguiente parada sería Freiburg, la catedral de estilo gótico y el casco histórico bien conservado son los grandes atractivos. Cuenta con diversos museos, siendo el más grande el Augustinermuseum, donde se puede ver una gran colección de artes gráficas y artesanía de la comarca.

Siguiendo la ruta, una corta parada en Gengenbach y Baden-Baden será ideal para tomar un respiro y pasear por sus tranquilas calles. En Baden-Baden no se puede olvidar ver las ruinas del balneario romano, unas de las mejor conservadas del Estado.

Para ir terminando la ruta se puede optar por ir directamente a Frankfurt y volar desde allí a España o pasar antes por Heidelberg. En Frankfurt conviene visitar las reconocidas galerías comerciales, las óperas de clase mundial y, al menos, los barrios Nordend y Bockenheim, además de los edificios históricos de la ciudad. En Heidelberg, el Palacio es la ruina más famosa de Alemania.

Otros sitios imprescindibles son el Puente de Carlos Teodoro, la Iglesia del Espíritu Santo y el centro histórico. Esta ruta siempre se puede modificar e ir visitando otros pueblos cercanos a cada punto de la ruta según el tiempo y los días de viaje.

No hay que olvidarse de la gastronomía de la región, siendo la cerveza alemana un elemento importante, además de las salchichas, la tarta selva negra, la tabla de embutidos típicos con pan de centeno, pasta con crema de queso y cebolla frita (Käsespätzle) o la sopa a base de caldo de carne (Fädlesuppe).

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