Las islas Aran, y sus islotes, se encuentran apenas a medio centenar de kilómetros de Galway, la ciudad alegre y bohemia de la costa occidental irlandesa. Pero el Océano Atlántico ejerce como enérgica frontera para mantener protegida la forma de vida de los orgullosos habitantes de las islas. Son tierras grises, verdes, mágicas y planas, que conservan, de manera casi intacta, su tradición y su cultura gaélica. Las islas atesoran decenas de yacimientos e impactantes construcciones pre-cristianas.

Inis Mór o Inishmore

Es la isla más grande del archipiélago. Menos de 900 habitantes, 31 kilómetros cuadrados y un encuentro apoteósico con las fuerzas de la naturaleza. Un paisaje de roca y muros de piedra que llegan hasta los acantilados y, al otro extremo de la isla, la visión más apacible de la playa. En Inis Mór es posible observar colonias de focas, patos, aves curiosas y delfines juguetones.

El Fuerte Negro se encuentra al borde de un acantilado. Es una de las maravillas escondidas de Inis Mór y ofrece unas vistas imponentes. El color negruzco de la piedra caliza, de esta zona de la isla, dio nombre al solitario promontorio. Pero, una de las fortificaciones más características es Dún Aonghasa que mantiene el equilibrio hasta el mismo borde de un precipicio.

Un lugar magnético que encierra el misterio de un asentamiento humano de 3.500 años de antigüedad. Actualmente tiene forma de herradura, el resto del anillo de piedra cayó al mar al desplomarse parte del acantilado. Su nombre en gaélico es Dún Aengus -fuerte de Aengus- un dios de la mitología irlandesa.

En killeany se localizan las ruinas de Arkin Castle, un castillo del siglo XVII del que tan solo han sobrevivido una pequeña torre y una gran pared de piedra. El paseo continúa hasta los restos de la Round Tower, una torre medieval redonda de piedra, y el templo de Teampall Bheanáin, con más de 14 siglos de existencia y considerada un ejemplo único de oratorio celta.

La bicicleta es el mejor vehículo para recorrer la isla. Los caminos rurales, delimitados por muros de piedra, llegan hasta los mismísimos acantilados. El muelle, en el pueblecito de Kilronan, ofrece una hermosa postal decorada con sus “curraghs”, las barcas tradicionales de los pescadores. La isla también es conocida por la animada vida nocturna de sus cafeterías y restaurantes.

Inis Meáin o Inishmaan

Es la isla de en medio, la más solitaria. No faltan acantilados espectaculares, fuertes de piedra circulares, playas desiertas y, además, un Atlántico turbulento y fuertes vientos. Ante un clima tan rebelde, las mujeres de la isla decidieron tratar de proteger a los pescadores del frío y la humedad.

En los primeros años del siglo XX, comenzaron a tejer suéters con lana virgen sin tratar. Eran prendas fuertes e impermeables, aunque su olor no resultaba agradable. Unos años después de perfeccionar la técnica, las trabajadoras isleñas comenzaron a vender sus diseños en las tiendas del continente. A mediados de siglo ya aparecían en las revistas de moda. Su calidez les dio fama mundial. En 1976, Inis Meáin Knitting Company ya estaba instalada en la isla y dispuesta a exportar esa magnífica prenda que consiguió fama mundial, el jersey de Aran.

Inis Oirr o Inisheer

Es la isla más pequeña de Aran y posee uno de los atractivos más populares de Irlanda, los Acantilados de Moher. Ocho kilómetros de espectaculares acantilados sobre el mar, con más de 200 metros de altura, y una zona para la protección especial de aves.

Es la mayor reserva de aves marinas de Irlanda, en ella se asienta una gran colonia de frailecillos y habitan diversas especies de gaviotas. Además, es un magnífico punto de observación de delfines y focas, e incluso se puede avistar alguna ballena jorobada. El centro de visitantes muestra una proyección en 3D que nos permite volar sobre los acantilados.

El único lago de agua dulce de la isla, Loch Mór, aparece en el camino hacia el lugar de un antiguo naufragio. Aquel acontecimiento y el rescate de los supervivientes se han convertido en toda una leyenda local. El casco oxidado del carguero Plassey, que se hundió en 1960 durante una fuerte tempestad en el Atlántico, continúa en el mismo lugar certificando los hechos y convertido en atracción turística.

También, las ruinas del Castillo de O'Brien permanecen altivas en uno de los puntos más altos de la isla. Las vistas resultan impresionantes. La torre fue construida hace siete siglos por el Clan O'Brien, que entonces gobernaba la isla. El lugar elegido fue el interior de una antigua muralla circular, datada en la Edad de Piedra.

Más información en: infoviajes.contacto@gmail.com