Asturias lo tiene todo. Es una alfombra verde pero también goza de la privilegiada escolta de los Picos de Europa y la cálida compañía del mar Cantábrico. Asturias es una tierra de contrastes en la que la naturaleza impregna cada lugar y especialmente, en todo lo que suponga una mirada al mar: la pesca, los paisajes, las villas, los faros... cada rincón de los más de 400 kilómetros de la costa asturiana son un motivo para ir... y volver.

1. Playas para todos

El aspecto más relajado de una visita a Asturias son sus playas. El catálogo es extenso y con una variedad extraordinaria. Desde las urbanas, como la de Gijón, hasta las más agrestes, todas constituyen una suerte de mosaico que justifica la denominación de Costa Verde que tiene esta zona. ¿Por cuál empezar? Difícil errar el tiro: siempre hay algo especial que hace que merezcan la pena.

La playa de Gulpiyuri, un tesoro escondido, casi literalmente. Manuel S. Calvo Turismo Asturias

La orografía de la costa asturiana regala lugares mágicos y caprichosos. Pocos tan increíbles como la playa de Gulpiyuri, en el municipio de Llanes, que está catalogada como Monumento Nacional. Se trata de una pequeña línea de arena a la que el agua llega filtrada por debajo de los acantilados que la aislan, solo en apariencia, del Cantábrico. Un sitio especial que hay que conocer.

No demasiado lejos se halla la de Cuevas del Mar, otra de las modeladas por el viento y el agua durante siglos, para proporcionarle un marco de rocas y una exhuberante vegetación adyacente. Su blanca arena es una de las más populares en época estival.

Surf en la playa de Salinas, en Castrillón, una de las mejores para esta disciplina en Asturias Juan Fernández Turismo Asturias

Al valor escénico de cada emplazamiento se le suma la gran posibilidad de actividades, abiertas a todo tipo de público, edades y pretensiones, aptas para familias, para deportistas o sencillamente para los que buscan un lugar en el que respirar aire puro: desde la de Salinas, ideal para los surferos, hasta las más tranquilas como la del Silencio, tan sugerente en su nombre como espectacular en su entorno.

2. Villas pesqueras llenas de historia

Los pueblos costeros asturianos siempre han mirado al mar, donde han encontrado su forma de subsitencia. La pesca de la ballena está documentada desde el siglo XIII, si bien halló su auge en el XV y XVI, donde comienzan a configurarse las villas en las que vivían los marineros. Hoy sus vestigios se respiran en el puerto medieval de Cadavedo, en Ribadesella, Gijón, Candás, Lastres o Cudillero, uno de los lugares más pintorescos, con sus casitas de colores escalonadas.

Cudillero es uno de los pueblos más bellos de la costa asturiana. Paco Currás Turismo Asturias

Pero aunque aquella industria ha perdido vigencia, la mirada al mar y a su potencial sigue plenamente actual. Es por ello que muchas localidades han sabido darle un toque diferente a su manera de relacionarse con el Cantábrico. Una de estas manifestaciones se puede contemplar y admirar en Llanes, donde los Cubos de la Memoria de Agustín Ibarrola se han convertido en uno de los lugares más visitados de Asturias.

Cubos de la Memoria en Llanes Turismo Asturias

En total hay 18 pueblos marineros a lo largo de toda la costa en los que seguir el rastro de los antiguos balleneros... y donde disfrutar de la excelente gastronomía marina de la zona, con platos tan conocidos como el pastel de cabracho o los pixines.

3. Faros: luz en la costa más salvaje

El mar y la tradicional industria pesquera han configurado la arquitectura de la zona. Junto a las villas que hemos visto, una construcción típica son los faros. Además de su utilidad, marcan posiciones estratégicas que, por otra parte, se corresponden a paisajes salvajes y que ofrecen unas vistas privilegiadas del entorno. El más importante o mencionado en el que corona el Cabo Peñas, situado más al norte que ningún otro y que ostenta el récord de ser el de mayor alcance de la región.

El faro domina el espectaular entorno del Cabo Peñas.

A su estela pueden nombrarse los situados en Cabo Busto y Cabo de Lastres, que igualmente ofrecen parajes indescriptibles. Otro emplazamiento imprescindible es la Atalaya de Luarca, donde lo útil se toca casi con lo místico: adyacente al faro existe una bonita capilla.



4. Una costa para explorar...

Playa de la Huelga, en Llanes. Benedicto Santos Turismo Asturias

Asturias es una región perfecta para el senderista, incluso el ocasional. Las rutas que están a su alcance, con el mar como compañero, configuran las llamadas sendas costeras: una veintena de opciones que exploran sin complejos todas las oportunidades que ofrece la geografía: atraviesan playas, visitan miradores, se asoman a espectaculares acantilados y se rodean del verde esmeralda tan característico de la región. Una delicia para los sentidos.

Más clásico y espiritual es el Camino de Santiago, que en su variante más septentrional atraviesa buena parte de Asturias: comprende 248 kilómetros en once etapas que discurren en paralelo a la línea de costa. El itinerario, que está declarado Patrimonio Mundial de la Unesco, alcanza lugares tan emblemáticos como el monasterio de Santa María la Real de Valdedios, el Parque Arqueológico Natural de la Campa Torres o el caso histórico de Avilés.



5. ...y para encontrar dinosaurios

Réplicas de dinosaurios en el Museo Jurásico de Asturias Turismo Asturias

Una de las propuestas más especiales es la ruta que transforma la Asturias del siglo XXI en la 'costa de los dinosaurios'. Tiene un requisito, eso sí: tener imaginación, porque a lo largo de sus 65 kilómetros (en dos etapas) se recorren los mismos parajes por los hace millones de años caminaban aquellas espectaculares criaturas. De hecho, el recorrido visita lugares en los que aún quedan sus vestigios, como las grandes huellas que dan idea de su porte.

La visita se completa con el Museo Jurásico de Asturias, situado en el concejo de Colunga. A su notable valor didáctico se le añade un punto: el poder pasear entre réplicas de estos colosos y sentirse como ellos en su día: en un paraíso donde lo hay todo.