Leonor Gómez, madre de Dani, víctima del accidente de Metro de Valencia.

Leonor Gómez, madre de Dani, víctima del accidente de Metro de Valencia. Raquel Granell

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Leonor no coge el metro desde el accidente que mató a su hijo hace 20 años: "La rabia sigue; pero aprendes a vivir"

La tragedia del metro de Valencia el 3 de julio de 2006 se saldó con la vida de Daniel, de 22 años. Fue una de las 43 víctimas mortales.

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"Caos, ambulancias, un trasiego de gente, de bomberos...". Es la descripción de los primeros momentos que se vivieron en la estación de Jesús el día del accidente de Metrovalencia.

Daniel Monterde Gómez apenas tenía 22 años cuando un 3 de julio de 2006 perdió la vida de la manera más repentina posible. Fue una de las 43 víctimas mortales que viajaba en el convoy UTA 3736 de la línea 1, y que descarriló a las 13:03.

El dolor que le producen los recuerdos aún aflora en la mirada de Leonor, su madre. Ha aprendido a vivir a la fuerza, pero no olvida. En una entrevista con EL ESPAÑOL reconoce que sobreponerse a una situación tan traumática ha sido complicado.

Leonor Gómez (67) es creyente y eso le ha empujado a pensar en que su hijo y su marido -que falleció de cáncer poco tiempo después de aquella fecha señalada- están juntos. "Me da paz", señala.

Para ella, todos los demás sentimientos son terrenales: "La rabia permanece, claro, por la nefasta gestión que se hizo de todo".

Los Monterde Gómez vivían cómodamente en su piso de Patraix desde hacía tres años, después de emigrar de Venezuela. Tanto los padres de Leonor como los de su marido eran españoles; y Valencia los vinculaba a la familia de él.

El joven de 22 años había padecido leucemia a los dos años, una enfermedad que superó tras dos lustros de tratamiento y, como cuenta su madre, era "tremendamente feliz".

Daniel Monterde Gómez, con su padre y su hermana.

Daniel Monterde Gómez, con su padre y su hermana. Cedida

Dani -como se refiere ella- había cursado una FP de Administrativo y realizaba las prácticas de verano en un bufete de abogados. Siempre volvía a casa andando o en autobús; jamás cogía el metro. Pero ese día, una decisión desafortunada cambió su destino.

Lo que parecía ser un 3 de julio más, terminó por convertirse en la peor de sus pesadillas.

La vida de esta madre se rompió hace justo 20 años en una tragedia que sacudió Valencia y el resto del país.

Eran las 14:00 de la tarde, la comida estaba servida. Su hija y su marido ya habían llegado a casa, pero faltaba alguien en la mesa: Daniel.

Los angustiosos minutos pasaban, pero su hijo no aparecía: "No venía, le llamé por teléfono, no me cogía el móvil, era raro que tardase".

"Mi hermana iba en bicicleta hacia su trabajo y nos llamó por teléfono. Me preguntó si estábamos todos en casa. Vio que había pasado algo gordo, que lo que veía no era normal", rememora.

"Fue cuando encendimos la televisión y oímos en las noticias que había habido un accidente grave en la estación de Jesús. Mi marido y un primo suyo se acercaron para ver si veían algo, porque no sabíamos nada de Dani", relata.

Leonor Gómez, madre de Dani, víctima del accidente de Metro de Valencia.

Leonor Gómez, madre de Dani, víctima del accidente de Metro de Valencia. Raquel Granell

En esos momentos se le removió todo. Pensó que "algo malo" estaba pasando y llamó a todos los hospitales de Valencia preguntando por el nombre de su hijo, pero no obtuvo respuesta.

A las 3:00 de la madrugada de aquel largo e intenso día -ya 4 de julio-, convocadas las familias de los desaparecidos en el Palacio de la Justicia, dice, "oímos lo que no quieres oír nunca".

La mujer recuerda con angustia aquellos instantes de tensión e incertidumbre: "Se cayó la esperanza. Me dio un ataque de ansiedad; me tuvieron que atender los bomberos porque creía que me estaba dando un ataque al corazón, sentía que me estaba muriendo".

Despedirse de su hijo Dani fue uno de los golpes más duros para Leonor, pero se le ilumina el rostro al pensar que el chico era muy querido: "Vinieron muchas personas que yo ni conocía para darle el último adiós. Él, que era muy reservado, muy tranquilo, muy callado, había sido el delegado del curso. Vino gente del paintball, porque él jugaba a paintball, también jóvenes del equipo de hockey sobre patines".

"Previsible y evitable"

El tren circulaba a 81 kilómetros por hora, el doble de lo permitido; la primera comisión de investigación -creada el 14 de julio de 2006 con la aprobación en solitario del PP y con la abstención de la oposición-, concluyó que la línea era segura y que el siniestro fue "imprevisible e inevitable y producido por el exceso de velocidad".

Solo hubo cuatro jornadas maratonianas de interrogatorios, en los que se vetaron comparecencias y documentos solicitados por el resto de los grupos parlamentarios.

"Se lo vamos a recordar, han despachado el accidente más grave de los metros de España con la comisión más breve de la historia de estas Cortes (…) Nos parece un fraude y un engaño", dijo el entonces diputado de la oposición, y después alcalde de Valencia, Joan Ribó.

El caso, con agujeros negros, incógnitas y el veto en Canal 9, dejó desamparadas a las víctimas.

Leonor menciona el momento en el que la entonces presidenta de la Asociación Víctimas del Metro 3 Julio, Beatriz Garrote, logró acceder a las instalaciones de Canal 9 por primera vez para denunciar la manipulación que habían sufrido. "Según Garrote, jamás le habían dejado entrar".

"No hubo voluntad de investigar, ese no era el objetivo, sino reafirmar lo previamente establecido por la Generalitat y la dirección de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV)", explicó Rosa Garrote, actual presidenta de la asociación.

De aquel "eslogan", Leonor critica que por parte de las autoridades no se hiciera más que repetir una y otra vez el mismo relato oficial que eximía de cualquier responsabilidad, y se muestra convencida de que el descarrilamiento fue "evitable y predecible", porque "no habían balizas".

"El tren volcó porque iba a más velocidad de la que tocaba. No sabemos por qué. Pero no había ningún sistema FAP (Frenado Automático Puntual), no había nada que frenara ese tren", denuncia.

En 2012, el diario El Mundo publicó un documento que constataba que FGV contrató a la consultora HM&Sanchis para amañar los testimonios de los técnicos.

"Le pregunten lo que le pregunten y se desarrolle como se desarrolle (la comisión), su objetivo en la comparecencia debe ser transmitir que lo ocurrido ha sido un accidente cuya causa ha sido el exceso de velocidad y no puede ser atribuida a ninguna deficiencia técnica", comenzaba un documento de 25 páginas con todo tipo de consejos y respuestas dadas.

También se supo 'a posteriori' que la Generalitat de Francisco Camps y la FGV ocultaron datos al juzgado y al perito judicial; entre otros, que existía un informe que apuntaba que el tren había quedado obsoleto.

Estas informaciones llevaron a la Audiencia Provincial a ordenar la reapertura del caso en 2014 para determinar si el estado del vagón fue una de las causas.

Concentración Asociación Víctimas del Metro 3 de Julio de Valencia, imagen de archivo.

Concentración Asociación Víctimas del Metro 3 de Julio de Valencia, imagen de archivo. AVM3J

La reparación moral a las familias de las víctimas llegó diez años después, el 13 de julio de 2016, cuando el pleno de las Cortes Valencianas ratificó las conclusiones de la segunda comisión de investigación.

Confirmó la veracidad de los documentos publicados por el periódico mencionado sobre la contratación de una empresa externa para ofrecer la versión que convenía al Gobierno valenciano.

Finalmente, en noviembre de 2018 la jueza acordó el procesamiento de la exgerente de FGV y de otros siete directivos de la empresa.

Cuatro quedaron absueltos. El resto reconoció su responsabilidad y aceptó una condena de 22 meses de cárcel que evitó que ingresaran en prisión.

Para la madre de Daniel y para otras familias fue "un triunfo" que quedara claro que el siniestro sí fue "evitable y previsible" y que se les diera la razón después de tantos años de silencio, "aunque nadie hubiese ido a la cárcel".

Valora, además, que su lucha llegara a su fin tras salir a la luz "todo lo que habían ocultado, todo lo que habían dicho que no era verdad y, por tanto, solo eran mentiras".

"Si hubiera habido algo que frenara ese tren, no habría ocurrido este accidente", lamenta.

Banquillo de los acusados en el juicio por el accidente de Metro de Valencia de 2006.

Banquillo de los acusados en el juicio por el accidente de Metro de Valencia de 2006. Europa Press / Enrique Palomares

Preguntada por si el entonces conseller de Agricultura, Juan Cotino, les ofreció un puesto de trabajo en una ronda de visitas secreta a los damnificados, la respuesta es afirmativa.

Leonor rechazó la propuesta, aunque sí accedió a un favor: "Nosotros no queríamos nada, pero mi hija acababa de terminar el grado de Magisterio y le quedaba el de Infantil".

Le consiguieron plaza para impartir clase en una universidad privada, pero los gastos corrieron a cargo de la familia.

20 años después

Hoy Leonor es viuda y vive sola, aunque cuenta con el apoyo de una de sus hermanas y su madre, que viven en el mismo barrio, en Patraix.

No ha cambiado de casa, veranea en Torrent y solo ha podido coger el metro una vez desde aquel 3 de julio de 2006. Todavía se pone nerviosa al mencionarlo.

Tiene una hija, cinco años menor que Dani, que, afectada por el fatídico desenlace de su hermano y la muerte de su padre, y tras estudiar Magisterio, ingresó como monja en la congregación contemplativa Iesu Communio.

"Ella es feliz y yo de verla soy feliz", indica.

Leonor Gómez, madre de Dani, víctima del accidente de Metro de Valencia.

Leonor Gómez, madre de Dani, víctima del accidente de Metro de Valencia. Raquel Granell

Destaca, por otro lado, que el apoyo de la Asociación Víctimas del Metro 3 Julio (AVM3J) le ha permitido seguir adelante.

"No es lo mismo vivirlo sola que con las demás personas que también han pasado por lo mismo. Unos han perdido a una madre, otros a un padre o a una esposa, y yo a un hijo. Eso nos unió bastante hasta el día de hoy", asegura.

Veinte años después pide a los gobernantes que "trabajen para el pueblo". "Somos quienes los mantenemos con nuestros impuestos y espero que el dinero se invierta donde toque para que una tragedia así no vuelva a ocurrir jamás".