Hace nada, en plena precampaña electoral, uno de los líderes políticos decía algo que ya hemos oído más de una vez, aunque sea con diferentes variantes. Le preguntaban si era feminista, y respondía que cómo no iba a serlo si había sido criado en un entorno donde había más mujeres que hombres. Y se quedaba más a gusto que un arbusto.
Este mensaje no es nuevo. Se parece mucho a otros que hemos oído, respecto de cualquier otra causa de discriminación. ¿Cómo voy a ser homófobo, si tengo un amigo gay? O ¿Cómo voy a ser racista, si tengo varios compañeros de trabajo negros?
Pues, por sorprendente que parezca a quien compra ese mensaje, se puede no ser feminista aunque uno se haya criado con mujeres del mismo modo que se puede ser homófobo aun teniendo un amigo gay y racista a pesar de compartir trabajo con varias personas de piel negra.
Aunque en el caso del feminismo, la cosa es todavía más llamativa. Porque, siguiendo ese argumento, y dado que todo el mundo tiene una madre biológica, todo el mundo sería feminista. Y ya nos gustaría.
La cuestión estriba en la confusión entre "feminismo", "fémina" y "femenina", palabras con la misma raíz, pero con un significado profundamente distinto.
'Fémina' equivale, sin más, a ser mujer, mientras que 'el feminismo' es el movimiento que lucha porque los derechos de las mujeres sean los mismos que los de los hombres, en la teoría y la práctica.
Por su parte, lo 'femenino' es aquello que alude a las mujeres, aunque en un sentido más metafórico se emplea para exaltar esas características que nos distinguen de los hombres, en muchos casos de manera hipersexualizada.
Pues bien, nuestras madres y las de todo el mundo, así como sus hermanas y sus abuelas son féminas, pero no feministas. De hecho, pueden ser feministas y no serlo. Incluso podrían ser machistas, que no es lo contrario que el feminismo, sino que consiste en defender que los hombres tienen más derechos y privilegios que las mujeres.
Así que ser mujer no garantiza nada respecto a la militancia feminista. Y si no garantiza nada respecto de ellas mismas, mucho menos será en relación con las personas a las que hayan criado, sean hombres o mujeres.
Así que, nuestro gozo en un pozo. O, mejor dicho, el gozo de quien se proclamaba feminista por el mero hecho de haberse criado entre mujeres.
Y lo peor de la cuestión no es su adscripción o no al movimiento feminista, que cada cual es libre de pensar, opinar y defender lo que quiera, que para eso estamos en democracia, sino en que lo que se acaba transmitiendo es un desconocimiento total de lo que en realidad era el feminismo.
En este momento de frentismo y precampaña electoral no está de más recordar que si hoy las mujeres podemos votar es porque las feministas lucharon por ello.
Y en su caso, desde luego, eran feministas por muchas razones, pero no por el simple hecho de que les hubiera criado una madre. Y tenemos mucho que agradecerles por todo lo que hicieron, no porque se hubieran criado en un entorno de mujeres. Porque eso, entonces y ahora, no es un seguro de feminismo. Ni de nada.