Toda España se encuentra con el corazón encogido por la lamentable tragedia consecuencia del accidente ferroviario acaecido en Toledo en el día de ayer.

En el primer pensamiento las víctimas mortales, como no puede ser de otro modo, los heridos, y el resto de los pasajeros que, aunque ilesos, lo son solo físicamente.

La solidaridad y el acompañamiento, rápido en socorrer y en trasladar el pesar acapara los primeros momentos. De nuevo la sociedad civil, la organizada y la que actúa de manera individual, demuestra estar a la altura de las circunstancias haciendo patente la acción del voluntariado.

Y mientras, esperando la comunicación oficial del Gobierno.

Pasan las horas y la plataforma X sigue su curso, nadie le ha dado al 'pause' a los posts programados, ni del presidente ni del ministro del ramo, vídeo de positivismo y reposteos habituales siguen su curso después de que se conociera la catástrofe.

Eso sí, filtración mediante, los medios con editorial afín se apresuraban para señalar un fallo humano como causa del accidente. Ya teníamos el hilo argumental que se iba a seguir.

Las reacciones en el sector ferroviario no se hacían esperar, la inverosimilitud de lo ocurrido y la solicitud para auditar las inversiones prometidas ya están anunciadas.

El caldo de cultivo para abrir confrontación también está servido, mientras las familias se agolpan buscando información acerca de sus seres queridos, las acusaciones cruzadas sí que tampoco se hacen esperar.

Y, a falta de canales oficiales informando con rigor y seriedad, los bulos empiezan a circular, éstos también son ágiles.

Si en algo estamos de acuerdo con el presidente del Gobierno es que: "No es asumible dos accidentes de tren en el mismo año".

Con esta rotundidad con la que Sánchez se dirigía a la ciudadanía cabría pensar que las responsabilidades políticas esta vez sí que se asumirían, pero le precedió en la palabra el ministro Puente que con la misma seguridad afirmó que no hay intención de dimitir.

Nueve meses del accidente de Adamuz durante los que el ministro de Transporte se ha vanagloriado de que: "La probabilidad de que otro accidente de estas características se produzca es muy baja. Bajísima. Tranquilidad", frase lapidaria que será la seña de identidad de su carrera política.

En plena precampaña se hace necesaria la lectura electoral y con contundencia hay que afirmar que no estamos ante un cambio de agenda sino en un escenario completamente diferente donde ya no caben políticos tiktokers, la política 'Pop' queda desterrada de los escenarios y las plataformas, y se abre paso a la política con altura de miras, capaz de entender a una sociedad que pide respuestas y compromisos que garanticen la seguridad, y devuelvan la confianza en las instituciones y, por ende, en el propio sistema que ahora está en jaque.