No es la primera vez que me quejo de lo mismo, lo reconozco. Pero no puedo dejar de hacerlo, porque sigue pasando una y otra vez. Aunque, en este caso, la cosa se pasa de castaño oscuro. Y no podía callarme.
¿A qué me refiero? Pues a la escasa repercusión que tienen en las cadenas de televisión y en medios de comunicación deportes distintos al fútbol -con alguna excepción- se consiga lo que se consiga.
Eso sí, llegan los Juegos Olímpicos y todas y todos nos ponemos la bandera y celebramos cualquier triunfo de España, sea tiro olímpico, piragüismo, o lucha grecorromana, aunque jamás hayamos hecho el más mínimo caso al deporte de que se trate ni mucho menos a los deportistas que han llegado hasta ahí y a cómo lo han conseguido.
En este caso no es tiro olímpico, ni piragüismo, ni lucha grecorromana. Se trata de dos deportes en que los triunfos han sido históricos, a pesar de la poca repercusión que ello ha tenido.
Y esos deportes son la natación artística y la gimnasia rítmica. Dos deportes, además, tradicionalmente practicados por mujeres -aunque poco a poco algún hombre logra abrirse camino- lo que duplica la discriminación.
Que conste que no hablo de esto porque sí. Nuestra selección de natación artística -lo que antes se conocía por natación sincronizada- ha conseguido la friolera de nueve medallas -cinco oros y cuatro platas- en el campeonato del mundo celebrado, para más inri, en nuestro país, en Pontevedra.
La rutina del equipo al ritmo de Rosalía se ha hecho viral y se reproduce en todo el mundo. Toda una gesta.
Por su parte, las chicas de gimnasia rítmica obtuvieron tres medallas de oro en el europeo, revalidando el título y el triplete que ya lograron en la edición anterior.
Una edición en la que, por cierto, ninguna cadena de televisión quiso comprar los derechos a pesar de la belleza del deporte y de las expectativas del equipo nacional.
Este año no se ha dado esa circunstancia, aunque la repercusión tampoco ha sido lo que estas campeonas merecían, teniendo en cuenta no solo su esfuerzo sino sus grandiosos resultados, con esos tres fantásticos oros y una estimable participación individual, con una gimnasta en dos de las finales por aparatos.
Sin embargo, las mal llamadas secciones de deportes de los informativos ignoraron olímpicamente -nunca mejor dicho- estos hitos. Tuve la curiosidad de contar el tiempo que les dedicaban en dos cadenas de televisión, una privada y la otra pública.
La primera de ellas le dedicó exactamente cero minutos, hablando sin embargo de cosas como la celebración de la victoria del Paris Saint Germain en la Champions -de fútbol, por supuesto- o del entrenamiento de la selección española de fútbol de cara al mundial, además de un poquito de otros deportes como tenis o baloncesto.
Por su parte, la cadena pública les dedicó exactamente un minuto y medio -entre las dos- a ambas noticias, que se repartieron entre un rápido recuento de medallas y un fogonazo de unas actuaciones que merecían ser vistas muchas veces.
Deberían haber abierto los informativos, y recorrer en autobuses sus ciudades como hacen los equipos de futbol cuando ganan algún trofeo, pero eso no ocurre.
Entre otras cosas, porque se produce el efecto bucle. Si no se habla de ese deporte, las niñas no lo conocen y no empiezan a practicarlo, y si no es así es difícil que luego sigan a las estrellas de esos deportes. La pescadilla que se muerde la cola.
Exactamente lo contrario que ocurre con el fútbol, a pesar de que la selección -masculina, claro- nunca nos dará tan buenos resultados como estos dos deportes injustamente minoritarios.
Así que, aunque no sirva de mucho, aquí está mi homenaje para estas campeonas y campeones. Ojalá alguna vez su trabajo se valore como se hace el de los futbolistas. Seguro que, aunque se hiciera en una cuarta parte, se darían con un canto en los dientes. Y yo también. Pero es lo que hay.