Los ministros Diana Morant y Arcadi España.
La política española tiene algo de truco de magia barato. Los mismos que ayer gritaban indignados una cosa hoy defienden exactamente la contraria sin siquiera ruborizarse.
Y si hay un ejemplo perfecto de esa mutación instantánea entre Valencia y Madrid, es el nuevo ministro de Hacienda, Arcadi España. Porque conviene recordar quién es el señor España.
No hace tanto tiempo era conseller de Hacienda con Ximo Puig y se lamentaba de la infrafinanciación que sufre la Comunitat Valenciana.
Tanto, que exigía un fondo de nivelación transitorio para compensar el castigo histórico que nos mantiene económicamente asfixiados.
Entonces sí hablaba de injusticia. Entonces sí parecía preocupado por los valencianos. Ahora ya no.
Hoy, convertido en ministro de Hacienda del Gobierno de Pedro Sánchez, descarta precisamente ese mismo fondo que antes reclamaba con contundencia. El mismo político. El mismo problema. La única diferencia es el sillón.
Debe de ser que cuando uno entra en Madrid, la memoria se queda en el peaje. Y mientras tanto, la Comunitat sigue siendo la peor financiada de España.
Seguimos recibiendo menos dinero del que nos corresponde mientras el Gobierno central negocia privilegios territoriales con otras autonomías y condena a los valencianos a sostener servicios públicos con una mano atada a la espalda.
Y eso sin contar unas ayudas para afrontar los gastos extraordinarios provocados por la dana que tampoco terminan de llegar.
Pero la desfachatez va incluso más allá. Ni aportan ni pagan lo que deben. El PSOE denuncia “mala gestión” autonómica en dependencia mientras el propio Estado debe a la Comunitat más de 4.000 millones de euros en este sistema.
Cuatro mil millones. Una cifra escandalosa que afecta directamente a personas mayores, dependientes y familias que necesitan ayudas básicas para vivir con dignidad.
La Generalitat está asumiendo cerca del 80% del coste de la dependencia mientras el Gobierno central apenas cubre el 20% y, aun así, desde Madrid se permiten repartir lecciones.
Pero peor todavía: tampoco pagan los más de 1.000 millones derivados de la atención sanitaria a desplazados. Una suma de 5.000 millones que no admite más excusas.
Mucha visita y mucho titular rimbombante, pero cuando toca transferir recursos reales siempre aparecen las demoras o directamente el silencio.
Y todo por estrategia política: asfixiar financieramente a la Generalitat y después acusarla de no gestionar bien. Crear el incendio y culpar al bombero. Como si no los conociéramos ya.
¿Y qué hacen mientras tanto PSPV y Compromís? Morant y Baldoví prefieren seguir obedeciendo a Sánchez antes que defender lo que durante años calificaron de irrenunciable para esta tierra.
Prometieron condicionar apoyos, exigir una financiación justa y plantar cara a Madrid. Siete años después, ni financiación, ni fondo de nivelación, ni explicaciones. Solo sumisión y disciplina de partido.
Igual el señor síndic cree que no tenemos memoria como para afearle que siga apoyando a un Sánchez que lleva siete años engañando a los valencianos.
¿Dónde ha quedado aquello de condicionar su apoyo a una financiación justa en ocho meses? Ocho meses de ultimátum, y ahora agachan la cabeza. Ni memoria, ni dignidad. El problema ya no es solo económico. Es político y moral.
Los valencianos pagan impuestos como todos. Cumplen como todos. Aportan como todos. Pero reciben menos que nadie.
Y encima tienen que escuchar a quienes antes denunciaban esta discriminación explicar ahora que reclamar igualdad poco menos que es victimismo. Nadie pide privilegios, sino recibir lo que nos corresponde.
Lo que durante años incluso dirigentes socialistas reconocieron públicamente. Lo que Arcadi España defendía antes de descubrir las comodidades del Consejo de Ministros. Así que menos discursos huecos y más hechos.
Que paguen lo que deben… para empezar.