Lo confieso. Estoy bastante harta de escribir sobre cosas negativas. Y es que, aunque quiera, no me lo ponen fácil. Yo, que soy una persona optimista por naturaleza, me las veo y me las deseo para encontrar el dichoso vaso lleno porque en los tiempos que corren hay tan poco líquido que, muchas veces, esos vasos que hemos de ver medio llenos están tan secos que es imposible sacarles un poco de jugo.
Pero, tozuda que es una -o tenaz, como diría mi madre- me he empecinado en encontrar cosas positivas que contar y las he encontrado. Buena soy yo.
Así, sin necesidad de buscar demasiado, me he tropezado con una de esas noticias que no solo alegran el día, sino que hacen que nos invada un orgullo patrio que en otros casos es difícil de sostener.
Me refiero al récord de trasplantes que ostenta nuestro país y que no es que sea una buena noticia, sino que es una noticia maravillosa.
Lo es porque no solo implica que el estado de la ciencia médica sea fantástico, a pesar de todos los problemas por los que atraviesa la ciencia y quienes se dedican a ella, sino que la solidaridad y la humanidad de la población es inmejorable, puesto que somos líderes mundiales en donaciones de órganos. Y no un año ni dos, sino 34 años consecutivos, ahí es nada.
Y como el movimiento se demuestra andando, no hace falta ir a las estadísticas para comprobar este carácter generoso hasta el extremo.
Acabamos de ser testigos de cómo, tras el terrible accidente ferroviario de Adamuz, la llamada a la población para que donara sangre tuvo una respuesta tan inmediata que en pocas horas dijeron que ya no hacía falta más. Y es que cuando nos ponemos, no tenemos rival.
Pero no es la única noticia buena de la que hemos sabido estos días. Hace nada salía a la palestra una información de esas con las que había que llenar titulares. Y también relacionada con la ciencia, cómo no.
Según parece, un equipo de investigación liderado por el prestigioso Mariano Barbacid ha dado un paso de gigante para la curación del cáncer de páncreas, puesto que ya ha obtenido resultados más que esperanzadores en ratones.
Lo que viene a traducirse en un futuro donde sea posible la curación de un tipo de tumores que se llevan la vida de muchas personas al año. Un verdadero hito del que no se ha hablado tanto como se debería.
Hay un viejo principio del periodismo según el cual la noticia no será que el perro muerda al hombre, sino que el hombre muerda al perro, pero este principio no nos puede llevar a hacernos eco solo de las cosas terribles que ocurren -que, desde luego, son muchas y muy graves- y pasar por alto aquellas que nos pueden suponer una alegría, por más que causen mucho menos morbo y, por ende, mucha menos audiencia.
No hay que perder de vista que las dos noticias que he traído a colación guardan relación, de un modo u otro, con la ciencia. Una ciencia que deberíamos mimar para evitar que quienes se dedican a la investigación se vean obligados a emigrar de nuestro país en busca de unas mejores condiciones laborales.
Porque es una pena que invirtamos en formar a los mejores para que luego se marchen porque no les quede otra opción.
Así que, aunque solo fuera por eso, deberíamos poner más atención en este tipo de noticias. De modo que, si generan interés, tal vez consigamos que se cuide más a las científicas y científicos que logran estos resultados. Porque lo merecen más que de sobra.