En épocas como la que vivimos, en que no recibimos más que noticias malas o tristes, o ambas cosas a la vez, hay cosas que te devuelven la fe en el género humano. Y, al menos, en parte del género humano, porque hay quien tienen difícil remedio.
La iniciativa de que hablo hoy es una de esas islas de esperanza en un mar de pesimismo. Una iniciativa de la que me enteré a través de redes sociales y luego por un mensaje de una buena amiga, que sabía que me iba a encantar la noticia. Y no se equivocaba.
Se trata de la propuesta de un equipo de fútbol, el Celta, que animaba todos sus seguidores y seguidoras -sobre todo seguidores, por razones obvias- que acudan al campo con las uñas pintadas de azul, el color corporativo.
¿Y por qué este aparente capricho? Pues nada menos que como reacción a los insultos homófobos recibidos por uno de sus jugadores, Borja Iglesias. Porque, además, llovía sobre mojado, ya que el mismo jugador había recibido meses atrás insultos homófobos por el simple hecho de acudir a una vida con un bolso de mano.
Lo de pintarse las uñas no era porque sí. La razón es que los intolerantes que insultaban al jugador le mandaban “a pintarse las uñas”, en un alarde no solo de homofobia sino también de machismo.
El futbolista fue increpado a la salida del estadio con insultos como “a ver si te mueres, maricón de mierda”, además de mandarlo a irse a “pintar las uñas” Porque, claro está, un machoman como dios manda no se pinta las uñas, eso son cosas de las débiles e insustanciales de las féminas.
Pero esta ocasión ha sido de esas en que de una cosa negativa surge otra positiva, y la reacción del club y la afición, así como de algunos jugadores, ha sido así.
En lugar de mirar hacia otro lado o de quitar importancia a la homofobia y la intolerancia en el fútbol, decidieron plantarle cara de una forma visible y pacífica, y hasta me atrevo a decir que divertida.
Tanto es así que me entraron ganas de ir a un campo de fútbol con las uñas pintadas de esa guisa, a pesar de que no soy aficionada al llamado deporte rey.
Y es que hoy es la homofobia, pero ayer era el racismo y anteayer el machismo. No podemos seguir consistiendo que, en el ámbito deportivo, donde debían aflorar los valores positivos, se consientan semejantes alardes de intolerancia.
No podemos seguir consistiendo que en un ambiente donde hay tantos niños, niñas y jóvenes, se presencien tales episodios bochornosos. Y la forma de reaccionar ha de ser decidida e inequívoca, algo que, sin duda alguna, ha sido la iniciativa de las uñas pintadas.
No obstante, y como habría dicho mi madre, la alegría dura poco en la casa del pobre, y lo de las uñas azules no dejó indiferentes a los intolerantes que lo habían provocado.
Y, no contentos que la lección que les había dado la afición, el club y la opinión pública, se lanzaron a volver a demostrar de qué lamentable pasta están hechos, con comentarios como “Mucho ánimo a la gente normal de Vigo que tiene que soportar semejante bochorno”, que era de lo más suave que se dijo.
El resto de los insultos, improperios y ofensas me los ahorro porque, de una parte, no pienso gastar ni un minuto de mi tiempo en reproducirlos y de otra, y como también habría dicho mi madre, no ofende quien quiere sino quien puede. Y, si no podemos impedir que quieran, bien podemos evitar que puedan.
Así que mi más afectuoso abrazo y felicitación para quienes propusieron y secundaron la iniciativa de las uñas azules. Acciones como esta son el modo de ser cada vez más iguales Y más en ámbitos como el deportivo, que buena falta le hace.