Amparo durante uno de sus acompañamientos en el hospital. EE

Amparo durante uno de sus acompañamientos en el hospital. EE

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Amparo, de voluntaria a adoptar a una bebé que estaba sola en el hospital: "No quería que volviera al centro de menores"

Forma parte de Mamás en Acción, entidad fundada por Majo Gimeno para acompañar a niños hospitalizados. "Hemos aprendido a permanecer", relata Gimeno.

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Valencia
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Muchas de las grandes historias empiezan por casualidad. Es el caso de Majo Gimeno y Amparo Arona. La primera fundó una asociación para acompañar a los niños y niñas que están solos en el hospital y la segunda se sumó a ese equipo inicial casi sin pensárselo y durante uno de sus turnos conoció a la que hoy es su hija.

Mamás en Acción le cambió la vida a ambas. Relatan los inicios hace más de una década con cariño, aunque en sus ojos puede intuirse que han atravesado experiencias muy dolorosas.

Coinciden en señalar lo inconscientes que eran al principio, cuando sin preparación específica dieron el paso de enfrentarse a situaciones complejas, de ver muy de cerca casos de malos tratos o abandono infantil, algo que marca para siempre.

Desde 2013, año en que se fundó, han acompañado a más de 2.000 menores. Gimeno dirige y coordina un equipo de 2.800 voluntarios por toda España y están presentes en 54 hospitales.

Estas cifras demuestran que están haciendo historia, aunque ellas prefieren no darse importancia y seguir centradas en el presente. Ahora, según asegura la fundadora de Mamás en Acción, hay muchos bebés sin padres que están en centros hospitalarios y necesitan su atención.

Creen que no son heroínas, sino mujeres corrientes con vidas comunes que han decidido simplemente actuar para intentar corregir una injusticia. Sin embargo, nadie dijo que los inicios fueran fáciles.

Cómo empezó

Hay que remontarse al año 2013 cuando por casualidad coincidió en el hospital la Fe de Valencia con un niño que estaba solo.

"Me enfadé con el mundo. Me ofrecí como voluntaria para quedarme con él, pero no me dejaron. Me quitó la paz", afirma Majo Gimeno a EL ESPAÑOL. En ese momento, era directiva en una compañía importante y acababa de ser madre. No podía sacarse a ese pequeño de la cabeza, lo que le llevó a investigar si existía alguna asociación que hiciera acompañamiento hospitalario para apuntarse.

Descubrió que no había ninguna, por lo que decidió crearla ella misma, sin nada de información, pero con la convicción de saber que estaba empezando algo importante.

Tras superar los obstáculos burocráticos y constituir la asociación con 40 euros y las firmas de cuatro amigas, llegó su primer acompañamiento, un caso que todavía recuerda y que le obligó a plantarle cara al horror.

Majo Gimeno durante la entrevista con EL ESPAÑOL. EE

Majo Gimeno durante la entrevista con EL ESPAÑOL. EE

Era un niño de siete años que había sufrido un grave maltrato en su hogar y que llevaba dos meses en la UCI. Tenía todo el cuerpo vendado y cada viernes entraba a quirófano para someterse a una operación. Además del dolor físico, tenía "muchísimo miedo".

Sin contar con preparación previa ni ser expertas, un pequeño grupo de mujeres se organizó a través de WhatsApp para no dejar al pequeño solo ni un segundo durante más de cinco meses.

"Teníamos todas las papeletas para que la asociación fuera mal, pero decidimos quedarnos y acompañar a ese niño sin saber bien qué teníamos que hacer. Acabó funcionando porque hacíamos lo que nos salía del corazón", recuerda Gimeno, que relata lo complicado que fue para ellas ese proceso.

"Pasaba tres o cuatro horas con él y luego al salir, estaba una hora llorando antes de subir a casa. No podía ni dormir", afirma.

¿Se aprende a gestionar con el tiempo? Gimeno cree que no, que "nunca se aprende a gestionar el dolor de un niño, ni una injusticia". Se aprende "un poco" a cómo "permanecer para no abandonar".

Primera crisis

De hecho, cuando le dieron el alta médica a este menor muchas de las voluntarias de entonces decidieron darse de baja porque no se sentían preparadas para volver a afrontar un caso así. "Entré en una crisis horrible, pensé que no había sido buena idea crear la ONG y que había que cerrar".

En ese momento, su teléfono volvió a sonar. Era un bebé de 9 meses con leucemia. Llevaba cuatro meses sola y entraba en la fase final de su vida. "Me llamaron del Clínico porque no querían que falleciera sola. Enseguida pensé '¿cómo no lo voy a hacer?'", asegura.

Confiesa que no se veía preparada, pero la imagen de ese bebé le volvió a quitar la paz. "Tenía que ir, volví a llamar a las voluntarias y me dijeron que contara con ellas. Volvimos al hospital y estuvimos con ella durante dos o tres meses y unos días antes de Navidad se fue al cielo en brazos de nuestros voluntarios", recuerda emocionada.

Desde entonces, han pasado más de 10 años y 2.500 niños. Son menores tutelados que viven en centros de menores, víctimas de maltrato familiar o hijos de familias en situación de extrema vulnerabilidad. El equipo de voluntarios cubre por turnos las 24 horas del día.

"Nunca hay un niño fácil, nunca hay una situación agradable, pero hemos aprendido a permanecer, porque no va de nosotros, va de ellos", defiende Gimeno.

Majo Gimeno en el hospital con un menor hospitalizado. EE

Majo Gimeno en el hospital con un menor hospitalizado. EE

Durante la pandemia, el Gobierno contactó directamente con la asociación para que regresaran a los centros sanitarios, lo que provocó una expansión imprevista de Mamás en Acción.

Este crecimiento coincidió con la cancelación de los eventos de recaudación, lo que llevó a la entidad al límite al no disponer ni de los 3.000 euros necesarios para pagar el seguro de responsabilidad civil.

Fue la segunda gran crisis y el momento decisivo para que Majo Gimeno se aliara con una serie de empresarios dispuestos a ayudar y dejara definitivamente su trabajo para estar al frente de la asociación.

Consciente de que su labor ahora es más de gestión y de dirección, no renuncia a seguir haciendo acompañamientos. "Sigo cogiendo turnos y al menos un día al mes duermo en el hospital", señala.

La historia de Amparo

Una de las personas que le dijo que sí sin pensarlo ni un segundo tras aquel primer caso tan duro fue Amparo Arona, que hoy además es coordinadora, con más de 700 horas de voluntariado a sus espaldas.

Define su labor como "una bofetada de realidad". "Los niños no están en un centro porque hayan hecho algo malo. Están porque los adultos que tenían que cuidarlos no lo han sabido hacer", relata durante la conversación con este periódico.

En este sentido, subraya que estos pequeños llevan una mochila de dolor y están aterrados, pero simplemente necesitan cariño.

Su experiencia no solo le ha abierto los ojos ante el dolor infantil, sino que le enfrentó a la cruda realidad de los menores tutelados que viven en centros.

Impactada, decidió convertirse en familia de acogida. Su intención era acoger a niños de la edad de sus hijos, pero la vida tenía otro plan para ella.

Amparo Arona. EE

Amparo Arona. EE

Durante uno de sus turnos en el hospital con Mamás en Acción conoció a una bebé tutelada. Cuando le dieran el alta, iba a volver al centro al no haber familias de acogida disponibles.

"Jamás había pensado acoger un bebé porque no encajaba en ese momento en mi vida, pero dije 'no se puede ir a un centro'. Pensé en acogerla seis meses hasta que encontrara una familia", rememora. Sin embargo, la pequeña ya nunca se fue de su casa.

"Con el paso del tiempo, lo temporal se convirtió en permanente y lo permanente se convirtió en adopción", apunta. Por ello no duda ni un segundo en responder cuando le preguntamos cuál ha sido su momento más especial en la asociación: "conocer a mi hija".

Su vocación no acabó aquí. Actualmente ejerce como familia de respiro, una figura poco conocida que brinda apoyo para fines de semana o periodos estivales diseñada para ofrecer descanso temporal a los cuidadores principales.

"No los puedo curar, ojalá. No les puedo cambiar su situación social. Y no me puedo llevar a todos a casa. ¿Qué puedo hacer? Que mi tiempo con ellos sea lo mejor posible, que se lleven un buen recuerdo", concluye Amparo Arona.

El sistema

Majo Gimeno es tajante y profundamente crítica con la gestión institucional de los menores tutelados en España. Denuncia que la ley de Protección de la Infancia es papel mojado que "no se cumple", lo que ha derivado en "un drama social" que resulta invisible. "Como los niños no votan, no hacen ruido", afirma.

En esta línea, subraya que "la ley dice que un menor de 6 años no puede crecer en un centro de menores" y, sin embargo, "tenemos los centros de menores llenos de bebés".

Reclama más campañas de sensibilización para que haya más familias dispuestas a acoger y más recursos para que la burocracia no se eternice. "Dos años de valoración para una familia es un trámite burocrático. Para un niño es infancia perdida", zanja.

Gimeno y Arona junto a otras voluntarias de Mamás en Acción. EE

Gimeno y Arona junto a otras voluntarias de Mamás en Acción. EE

Cena benéfica

La asociación celebrará la primera Cena Benéfica Palau en Acción el próximo 17 de septiembre en el Palau Alameda de Valencia, que se suma al Objetivo 2030 de Mamás en Acción para llegar a todos los hospitales de referencia infantil de España.

Fruto de estos años de trabajo, el voluntariado ha llegado ya a 54 hospitales de toda España, a los que se unirá el Hospital Regional Universitario de Málaga el próximo día 18 de junio.

Además, la organización está trabajando en nuevas aperturas en ciudades como Granada, Almería, Toledo o Valladolid.

Para lograr su Objetivo NiUnNiñoSolo, Mamás en Acción está forjando nuevas alianzas con empresas socialmente responsables, que han decidido sumarse al proyecto. Palau Alameda es una de estas empresas que ha elegido dar un paso adelante.

"Queremos crear, junto a Palau Alameda, una noche única. Una noche que reúna a empresas, líderes y creadores con un propósito común: acompañar a los niños que están solos en los hospitales. No será solo una cena ni un evento más. Será una oportunidad de generar un gran impacto positivo en nuestra sociedad", destacó Majo Gimeno.