Vecinos de Paiporta homenajean con velas a las víctimas de la dana. Efe / Manuel Bruque
Los desgarradores testimonios que revela el nuevo escrito de la jueza de la dana: "Te quiero mucho. De esta no voy a salir"
Los relatos de las víctimas coinciden en que "parecía un tsunami", que en el 112 "no cogían el teléfono" y que "no tenían ayuda".
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"Te quiero mucho. De esta no voy a salir". Estas fueron las palabras con las que José Luis Marín, fallecido en la dana de Valencia del 29 de octubre de 2024, se despidió de su hijo.
Marín era un reconocido empresario. Fundador del Colegio Marni y del grupo Colegios Siglo XXI, había quedado con tres amigos para comer en un restaurante de Chiva. Eran Vicente Tarancón, fundador de la marca deportiva Luanvi, Antonio Noblejas, ex director general de EDEM, y Miguel Burdeos, fundador de SPB, empresa que provee a Mercadona.
Marín habló en dos ocasiones con su hijo. La primera llamada se produjo a las 17:20 horas, cuando el hijo le avisó de que la tormenta se desplazaba hacia Chiva y le preguntó "cómo se les había ocurrido ir con la alerta".
Su padre le contestó: 'ahora no me riñas, que estamos muy ocupados'. Y colgó. Veintisiete minutos después se produjo la segunda comunicación, que fue la última. Su hijo lo tenía localizado a través del móvil.
Encontró a su padre "navegando por medio del barranco del Poyo", pero no encontraron el cuerpo hasta 12 días después, "bajo siete metros de barro".
Este es uno de los testimonios que revela el último escrito de la jueza de la dana, que recoge las 230 historias de las víctimas de la tragedia; relatos de personas muy mayores que murieron solas antes de que sus familiares pudieran ayudarles, de familias con niños que no sobrevivieron a la tragedia o de trabajadores a los que la riada les sorprendió al salir del trabajo.
En todas estas historias, sin embargo, hay algunas coincidencias. Cuentan que llamaban al teléfono de emergencias 112 "pero no lo cogía nadie", que el agua llegó como si fuera un tsunami que lo arrasó todo o que estuvieron varios días sin recibir ningún tipo de ayuda.
Fue el caso de Ana y Javier y sus dos hijos pequeños, de 3 y 8 años. Residían en una casa de cuatro alturas en Sot de Chera y el agua les sorprendió a las once menos cuarto de la noche.
Intentaron salvarse subiendo a los pisos superiores, pero "de repente se cayó la mitad de la finca". El niño pequeño murió en el acto y al padre lo encontraron días después a unos 40 kilómetros.
Madre e hija "tuvieron que pasar toda la noche entre los escombros, pasando frío y con lluvia, al lado del cuerpo sin vida de su hijo".
Un hombre sujeta una imagen durante la misa funeral por los fallecidos en las inundaciones de la dana, imagen de archivo. Europa Press / Jorge Gil
Mariano encontró los cuerpos de sus padres, Manuel y Marina, de 88 y 83 años, juntos, debajo de unas sillas. El matrimonio residía en Massanassa.
Por la tarde, su hijo intentó rescatarlos, pero la presión del agua se lo impidió. Llegó a mantener una conversación con su madre, pero la llamada se cortaba.
Él les insistía: 'Subíos donde podáis'. Marina respondió: 'El chico, que dice que no puede venir', y la comunicación volvió a cortarse. Mariano llamaba de nuevo; Marina descolgaba, pero no decía nada.
A las 19:20, la mujer dejó de responder. La familia contactó entonces con el 112, pero el servicio no estaba operativo: "daba tono, pero nadie respondía".
Rescate de vehículos
Otras víctimas fueron sorprendidas por la tromba de agua cuando decidieron bajar a los párkings a rescatar sus vehículos.
José Fernández quedó atrapado en el ascensor de su casa de Massanassa alrededor de las 18:00. Tenía la costumbre de bajar al trastero del garaje si llovía para sacar el coche. Y así lo hizo. Pero jamás imaginó cuál sería su desenlace.
Al poco tiempo llegó el agua casi al primer piso. Entonces, su mujer Isabel bajó por la escalera hasta el patio y oyó a su marido dentro del ascensor. Pedía auxilio. "Cuando lo subieron ya estaba muerto".
Isabel, su mujer, sigue viviendo en el mismo domicilio, pero tras lo sucedido no quiere vivir allí: "Veía que se ahogaba, y no podía hacer nada".
Francisco Antonio, 57 años, residía en Sedaví junto con su hija María, que vio cómo su padre había cambiado el coche de sitio, desde un descampado hasta aparcarlo en la acera.
Siempre que llueve el garaje se inunda y María le dio las llaves de la moto en el garaje. Al llegar el agua, Francisco Antonio se agarró a un árbol e hizo una última llamada a su madre sobre las 22:00. Le dijo "que la quería" hasta que el agua finalmente le arrastró.
"No puedo, cariño"
El cuerpo de Manuel, viudo, de 80 años y con una sola hija y nieta, apareció a 600 o 700 metros de su vivienda en Catarroja. "Su casa colapsó por el agua", señala el escrito.
A las 19:55, Rosa María habló durante 1 minuto y 54 segundos con su padre, quien le dijo que en toda su vida no había visto nada igual.
Ella le pidió que subiera a la terraza de casa y este le respondió: 'No puedo, cariño, no puedo'. Se cortó la llamada y ya no se supo nada más de Manuel.
Guangming Hong estuvo desaparecido hasta el 13 de noviembre, dos semanas después de la riada. Se encontró su cuerpo en la calle Vinalopó de Massanassa.
El día de la tragedia se encontraba en la tienda bazar que regentaba en el mismo municipio. El agua alcanzó una altura de dos metros y medio y acabó arrastrándolo. Estaba cogido a una farola cuando un camión que había aparcado chocó contra ella y, entonces, perdió la fuerza de agarre. Lo encontraron 14 días después.
Decenas de personas encienden velas a lo largo de la rambla del Poyo para mantener viva la memoria de los fallecidos en la dana. Europa Press / Jorge Gil
José (de 48 años) era director del IES de Cheste. Murió al ser el último en abandonar el instituto en el que trabajaba.
Emetrio (de 74 años) falleció en Chiva al intentar salvar a sus dos hijos y Rafael y Consuelo, de 75 años, fueron hallados juntos, abrazados. "Su marido la llevaba en brazos", recoge la jueza.
María Luisa, de 79 años, vivía en una planta baja en Catarroja. Su hija pudo llegar a su casa a las 2:00 horas de la mañana. La encontró fallecida. Los vecinos le comunicaron que su madre solo hacía que decir 'socorro, socorro, que me ahogo'. Nadie pudo bajar a ayudarla pero sí que la oían gritar.
En casa de Nicolás y Encarnación, ambos de 84 años, en Torrent, el agua subió "hasta casi nueve metros". Su hija Yolanda intentó sin éxito acceder a casa de sus padres, pero las ventanas tenían barrotes. "Ella les hablaba desde la ventana. Cuando el agua llegó hasta el tejado ya no los oía".
Dalia era la cuidadora de Olga Leonor, de 77 años, que vivía en una de las casas de mayores de Picanya. Pensaban que las iban a evacuar, pero "de repente les entró agua y lo arrasó todo".
"Se cargó a Olga para sacarla de allí, y pedir ayuda", relató en su declaración, pero no pudo hacer nada. "En esa calle había más personas mayores y fue muy triste de oír a todos gritando".
Luis Timoteo, 74 años, residía en un bungalow en Catarroja y tenía la movilidad reducida, por lo que se servía de un andador. Además, recibía teleasistencia. En la tarde del 29 de octubre su hija le llamó por teléfono a las 19:14 horas. 'Nos estamos inundando', le dijo él.