El piso de Silvia, tras el paso de unos okupas. EE
El drama de Silvia, que alquiló su piso a una pareja y ellos le metieron a okupas con niños: "Les pagué luz y agua 4 años"
Los inquilinos pusieron una orden de alejamiento a la propietaria y "destrozaron la vivienda" para instalar una plantación de marihuana.
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Silvia O. ha vivido una auténtica pesadilla, y no ha sido cosa de una noche. Ha durado 4 años, y un alquiler que sale mal tiene la culpa.
El drama comenzó en 2017, cuando alquiló su casa de Valterna, en la provincia de Valencia. Lo hizo, defiende, "a través de una inmobiliaria". Los nuevos inquilinos eran una pareja, y empezaron a convivir con okupas con niños. Así, Silvia se vio obligada a pagarles luz y agua "durante 4 años".
Lo que comenzó como una operación habitual, un alquiler de vivienda, resultó en impagos del alquiler, una plantación de marihuana y, para la propietaria de la vivienda, una orden de alejamiento interpuesta por los okupas.
"Al principio fue todo fenomenal. Estuvieron varios años pagándome, hasta que llegó la pandemia", relata Silvia. Confiesa que desde el principio ya notó "cosas raras", pero no le dio importancia.
Por ejemplo, dice, los inquilinos "no querían cambiar la titularidad de agua, luz y gas ni domiciliar los recibos". "Ellos pagaban, pero la titular era yo", explica.
Con la pandemia empezaron las excusas. "Dejaron de pagar un mes y me dijeron que era porque se habían quedado sin trabajo", recuerda Silvia, y apunta que le pareció "muy razonable".
Ella, añade, les propuso "pagar medio mes y el otro medio cuando se fuese acabando la pandemia, que era una situación difícil para todos".
Su buen gesto no se vio correspondido, y al mes siguiente los inquilinos "pagaron la mitad de la mitad". Con excusas, mes tras mes fueron "retrasando los pagos".
Así pasaron tres meses, de marzo a mayo. Después, desaparecieron. "Me dejaron de pagar. Yo les llamaba para hablar y no me hacía con ellos, me habían bloqueado en todo", recuerda Silvia. Y añade: "Al final les tuve que mandar un burofax y les di de plazo hasta diciembre para pagar".
Al no haber respuesta, decidió denunciar: "Les llegó el certificado de la denuncia y como respuesta ellos me denunciaron a mí y me pusieron una orden de alejamiento". Y subraya: "Yo no me podía acercar a mi casa para reclamarles nada".
"Intenté reducirles la potencia de la luz o el caudal del agua para que tuvieran más complicaciones. Mi sorpresa fue que todo lo que yo hiciera era acoso", explica.
A la orden de alejamiento se le sumó otro factor: Silvia aparecía en la lista de morosos. "Me dejaron de pagar agua, luz y gas y como yo era la titular, es a mí a quien llamaron para que pagara. Yo era morosa", destaca.
Tras varios intentos de denuncia por parte de Silvia y tres intentos de juicio entre 2020 y 2024, fue finalmente cuatro años después cuando "les embargaron porque se declararon insolventes".
Una habitación donde los okupas cultivaban marihuana. EE
Además, ella consiguió averiguar que los okupas "estaban enganchados al agua y a la luz" y, a su vez, "tenían lámparas en la casa para cultivar marihuana y tenían un cultivo". "Fue entonces cuando después de cuatro años pudieron tirarlos", apunta.
La casa de Silvia donde vivieron los okupas era un dúplex, con una planta baja y un sótano. Tras su paso, quedó prácticamente destrozado. Abajo es "donde tenían la plantación": "Rompieron todas las paredes para pasar los tubos de ventilación".
"Para que no oliera y los vecinos no protestaran, taparon las rejillas de ventilación y las ventanas con poliespán, lo estropearon todo", resalta.
La pesadilla
Para Silvia fueron cuatro años para olvidar. "Fue muy duro, yo tenía que pagar dos viviendas, la mía donde vivía y la alquilada", recuerda. Todo ello con un sueldo, el suyo, que "se estira, pero no tanto".
Durante ese tiempo no tuvo descanso. "Durante cuatro años me estuvieron acribillando a mensajes reclamándome algo de lo que yo no tenía la culpa", recuerda.
Afortunadamente, resalta, sus padres la han apoyado, aunque sabe que si esto "le llega a pasar a otra persona, hubiera cogido una depresión total". "Todos los días me llamaban de agencias de morosidad", añade.
Sin duda, toda la historia es sorprendente, pero llama la atención un factor: Silvia ha llegado a esta situación habiendo alquilado su vivienda a través de una inmobiliaria.
A pesar de ello, confiesa que "no conocía de nada a los inquilinos": "Luego me enteré de que antes vivían en La Coma y tenían antecedentes penales".
"El resumen de todo esto es que ahora da pánico alquilar una vivienda porque no tienes una garantía", lamenta. Ella ya ha decidido arreglar y vender esa vivienda.