Javier Gandía. EE
Un Miracle de 140 cosechas, tres guerras y crisis eternas
En 2025, Bodegas Vicente Gandía ha celebrado su 140 aniversario con la cuarta generación de la familia al frente.
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Pocas bodegas pueden decir que han pasado por dos guerras mundiales, una guerra civil, pandemias, desastres naturales y crisis económicas encadenadas. Cuatro generaciones y 140 años dan para mucho.
Esa es la efeméride que en 2025 ha celebrado Bodegas Vicente Gandía, la locomotora del vino valenciano y una de las firmas punteras del vino español. Miran al pasado con orgullo y al futuro con optimismo y firmeza, por complicado que se presente el panorama para el sector del vino.
"Vivimos un momento dulce. Después de 140 cosechas debemos haber aprendido mucho para hacerlo cada año mejor. Dirijo un equipo de 180 personas que creo que es el mejor que nunca hemos tenido en todas las parcelas y es un orgullo dirigirlo", comienza reflexionando Javier Gandía, director general de la bodega valenciana y cuarta generación de la familia.
Cada una de las generaciones lleva a sus espaldas el logro de lidiar con contextos adversos, mantener la empresa a flote pese a las dificultades, y algunos inputs excepcionales que han marcado el devenir de la bodega.
"Vicente Gandía (primera generación) es el pionero y de alguna manera es el que abrió camino emprendiendo. La segunda generación, mi abuelo, fue el que apostó por la internacionalización. La tercera generación, mi padre, modernizó la compañía y apostó por el valor añadido del vino embotellado con Castillo de Liria y la 4.ª generación, primero mi hermano y luego yo, creo que hemos hecho que la empresa se diversifique y, sobre todo, hemos apostado por una 'premiumización' importante aumentando la capacidad productiva de la compañía y su imagen o su posicionamiento", nos explica Javier.
Pero, si algo tiene claro es que la clave estuvo en esa primera generación. "Fue una persona humilde que tuvo que enfrentarse a dar un primer paso, que es abrir un negocio, que eso es muy complicado, pero que hizo una cosa que viene en el ADN de nuestra compañía, que es la calidad. Nosotros siempre hemos apostado por la calidad y por la innovación y eso ha sido algo que hemos tenido en común las cuatro generaciones. Es decir, en nuestra compañía no vale cualquier cosa si no hay calidad detrás", argumenta Javier Gandía.
Y es que la bodega ha marcado hitos tan notables que es imposible enumerarlos todos. Corría el año 1971 cuando José María Gandía, padre de Javier, se "empecinaba" en poner dentro de una botella ese vino que hasta entonces salía a granel por el puerto de Valencia.
Ese Castillo de Liria marcó el devenir de la bodega, pero también de todo un sector. "Pocas bodegas en España y ninguna en Valencia embotellaba vino. Mi padre tuvo la visión, no sin tener que 'pelear' con mi abuelo, de apostar por una línea embotelladora y una marca, Fue el primer paso del vino embotellado valenciano. Entonces no solo fue importante para nuestra empresa, sino para todo el sector y toda la industria valenciana", recuerda con orgullo de hijo.
Cada una de las cuatro generaciones ha enfrentado grandes retos. Hoy el sector del vino vive un momento de grandes cambios, al ritmo de vértigo que cambian los gustos del consumidor o las tendencias del mercado. Es un sector tremendamente globalizado en el que la competencia es feroz.
"Lo que tenemos que hacer es defender lo que nos diferencia", señala Javier como primera receta para afrontar los retos presentes. Tenemos variedades de uva autóctonas que hemos demostrado entre muchas bodegas que trabajándolas bien, son de una calidad y nos dan una diferenciación increíble, por ejemplo la bobal”, añade.
"En nuestro caso y con esa uva hemos hecho un proyecto muy innovador, con una gama solo de bobales y ese es un claro ejemplo de que con lo autóctono se puede lograr resultados extraordinarios", explica.
La bodega está presente en más de 90 países, llevando la bandera del vino valenciano por medio mundo. Es un ejercicio que genera orgullo pero también una responsabilidad que la firma lleva con pasión. Un trabajo que es el resultado de mimar 400 hectáreas de viñedo propio, de las que sale el 80% de los vinos de la bodega, una producción estabilizada por encima de los 30 millones de botellas.
La grata sorpresa viene con el ‘mix’ entre exportación y mercado local, pues aunque con estas cifras sea fácil pensar que la exportación es el pilar principal de la bodega, hoy ese reparto ha cambiado y la bodega presume de ser profeta en su tierra, con la mitad de las ventas en el mercado español, y muy especialmente el valenciano.
"Más de la mitad de nuestras ventas ya son en el mercado nacional. Estoy muy orgulloso de esto porque en los últimos 10 años hemos conseguido dar la vuelta a esa tendencia exportadora. Así pues, España es nuestro principal mercado, aunque a nivel internacional son muy importantes mercados como Japón, México, Canadá u Holanda, dentro de esa lista de 90 destinos”, explica Javier Gandía.
Javier Gandía. EE
Una década en la que se ha dado la vuelta a una tendencia de 140 años en la que ha sido clave una palabra de moda: la premiumización. Aunque la bodega ya dio un primer paso en los años '90 con la gama Ceremomia, el salto definitivo ha llegado en los últimos años con una apuesta por la excelencia a través de variedades autóctonas.
La gama de bobales, la saga Ceràmic o Los de Gallur, han significado una catapulta para la firma. "Hemos hecho las cosas muy bien y, lo que es más importante, el mercado ha respondido muy bien" reflexiona el máximo responsable de la firma.
"Hoy a la gente ya no le duele pagar por un vino valenciano 20 o 30 euros. Antes era impensable. El consumidor ha respondido muy bien pero a golpe de ofrecerle calidad. La alta hostelería, lo mismo y destacaría la hostelería de gama media que en España es increíble porque ofrecen productos de proximidad con mucho valor. Entre todos hemos puesto en valor lo autóctono", argumenta el directivo valenciano.
Y todo esto en un contexto en el que el consumo medio ha tocado fondo en España, especialmente por la desconexión de las nuevas generaciones con el mundo del vino. En ese reto, también abierto, la bodega también se ha arremangado ofreciendo productos ‘adhoc’ para esos nuevos consumidores.
"La gente joven y los nuevos consumidores no tienen por qué consumir lo mismo que nos ha gustado a los que vinimos antes. Hemos hecho una labor muy importante creando vinos o productos derivados del vino con menos alcohol, más fáciles de beber. Hemos creado nuevos sabores, todo con base de vino con productos de sabores más fáciles, frescos, menos habituales y el consumidor las acepta muy bien porque porque al final se siente más identificado. Yo siempre digo que si empiezas bebiendo eso, luego puedes acabar bebiendo un vino de gama alta en una etapa posterior de tu vida. Nadie empieza en el mundo del vino pidiendo productos top”, reflexiona en voz alta Javier sabiendo que esta es una de las teclas más importantes para el futuro del sector.
Un futuro que el presente ya vaticina que será también con vino sin alcohol. "Estoy sorprendido de lo que se está creciendo en esta materia. Es un producto nicho pero creo que en la industria tenemos dos maneras de afrontarlo: ir contra ello o adaptarnos. Y nosotros apostamos por adaptarnos", señala.
Pero para que ese futuro sea halagüeño, el sector del vino debe contar con el respaldo necesario de las administraciones, que deben ser las que ayuden a la puesta en valor de un motor socioeconómico para España y para las Comunidades Autónomas.
"En el caso de la administración valenciana, yo le pediría que dé más valor a nuestras denominaciones de origen y nuestras variedades autóctonas para que se den más a conocer en el resto de España. Es es una de las asignaturas pendientes bajo mi punto de vista", reconoce.
Además, "si sumamos a las administraciones estatales como el ministerio de agricultura, pues que sean capaces de lanzar un mensaje común y justo con el mundo del vino porque, a pesar de ser alcohol, muchas veces se demoniza y es la bebida más civilizada que hay. Tiene detrás cultura, es parte de nuestra gastronomía y creo que tienen que apoyar más al sector y defenderlo. Obviamente con moderación. Ahora hay una corriente antialcohol en la Unión Europea y creo que hay que diferenciar el sector vino de otros sectores. El vino forma parte de nuestra cultura desde hace siglos. Te dicen que lo apoyan, pero luego no percibimos ese apoyo", reflexiona con calma Javier Gandía.
La conversación ha fluido tanto que el reloj ha corrido más de la cuenta. Hay que cerrar la charla y queda hablar del enoturismo. Las experiencias en bodegas, instaladas en el medio rural, están siendo el imán perfecto para mover visitantes a esos pueblos que pelean a diario contra la despoblación. Hoya de Cadenas es la joya de la corona de la bodega con más de 15.000 visitantes al año.
"La mejor publicidad que hay de una bodega es que la gente visite la bodega porque se enamoran del proyecto y valoran mucho más lo que hay detrás de una botella de vino hasta que ellos en un restaurante ven un líquido en una botella. Además, está ayudando a desarrollar las zonas de interior y a preservar el paisaje y la tradición. Da un valor de marca fundamental y da un apego superior" señala el director general de Vicente Gandía.
Casi un siglo y medio de historia, guerras y todo tipo de calamidades y contratiempos dan para mucho. "Lo que nos ha hecho estar aquí es la capacidad de adaptación que hemos tenido como empresa. Somos la décima razón social más más antigua de la Comunitat Valenciana. Muchos me preguntan que mi bisabuelo, que fundó la bodega, de qué equipo de fútbol era (Levante o Valencia). Y yo contesto, pues de ninguno, porque en 1885 no existían ni el Valencia ni el Levante", concluye. Y es que ha llovido… 140 cosechas.