Antiguas salinas de San Paio de Navia, desde el molino de viento de la parroquia

Antiguas salinas de San Paio de Navia, desde el molino de viento de la parroquia Cedida

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San Paio de Navia, la "aldea" de Vigo rodeada por las nuevas urbanizaciones de la ciudad

"Es una aldea en la que se vive muy bien", así describe un vecino de San Paio de Navia su parroquia, conocida también como "Navia vieja" desde hace más de una década

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Vigo ha pasado de ser un pequeño puerto en el interior de la ría a convertirse en la ciudad más grande de Galicia en apenas un siglo. Y sigue creciendo, especialmente en el barrio de Navia, donde se están construyendo nuevos edificios alrededor de la "aldea" en la que continúan viviendo sus vecinos de toda la vida.

San Paio de Navia o, como se conoce desde la construcción de Teixugueiras, "Navia vieja" es la parroquia viguesa situada entre Coia, Alcabre, Coruxo y San Andrés de Comesaña. Es decir, un territorio delimitado por la Avenida de Europa, el Río Lagares y Teixugueiras.

Allí nació Delmiro Abreu, miembro de la Asociación de Veciños de Navia Emilio Crespo desde la transición y que ahora preside su hija, Conchi Abreu. Organizó y formó parte de los parladoiros en los que los más veteranos de la parroquia compartieron sus recuerdos e historias de su antigua "aldea".

Ya jubilado desde hace años, Delmiro tomó la decisión de transcribir este ejercicio de memoria colectiva con el objetivo de fortalecer la identidad de San Paio y que su historia no caiga en el olvido. Más aún ahora, cuando nuevas urbanizaciones y viviendas han rodeado los caminos y las plazas que recorre desde su infancia.

Rúa de San Paio, Vigo, en la actualidad

Rúa de San Paio, Vigo, en la actualidad Cedida

"Es una aldea en la que se vive muy bien", afirma a Treintayseis en un encuentro en el que ofrece parte del documento en el que recoge la historia de esta parroquia viguesa. Delmiro recuerda cuando Samil era una playa salvaje, sin paseo; las salinas del Lagares; los comercios ya desaparecidos, y la vida desde la posguerra.

Una aldea campesina

Las familias que habitaban alguno de los lugares de la parroquia de San Paio de Navia vivían fundamentalmente del campo, aunque "las familias que podían disponer de terrenos y medios para trabajar no eran muchas". Durante la primera mitad del siglo XX, las aspiraciones de los vecinos con tierra pasaban por acumular más y mejorar así sus condiciones de vida para vivir sin agobios.

Según narra Delmiro en el texto que recoge los recuerdos de la parroquia, la agricultura permitió a sus vecinos y vecinas sobrevivir durante la posguerra, debido a la falta de comida de la época. De hecho, "muchas familias de la ciudad, aun teniendo dinero para comprar, no conseguían alimentos y acudían a las aldeas casi suplicando que les vendiesen lo que cultivaban".

La necesidad era tal, que muchas personas se vieron obligadas a robar alimentos en las fincas. Así, algunos agricultores tomaron la decisión de "montar guardia en los campos": "Era bastante corriente ver en las fincas una especie de casetas hechas con cañas (...) en las que pasaban bastante tiempo, especialmente de noche".

Imagen antigua de Navia y sus salinas

Imagen antigua de Navia y sus salinas Cedida

Además, Delmiro recuerda que las labores del campo eran "comunitarias" y que la crianza del cerdo era "una parte importante" de la alimentación en los años 40 y 50: "Casi todas las casas procuraban tener este animal". La matanza se llevaba a cabo en invierno, ya que el frío "ayudaba a que la carne se desalase con más rapidez".

"No era posiblemente el mejor alimento para el cuerpo y sí lo era para no pasar hambre", explica Delmiro, que asegura que "con todas las dificultades y sufrimientos" las personas fueron "tirando para adelante". Aun así, en la parroquia "hubo bastante emigración", especialmente a Argentina y, ya pasados los años 60", a Francia y Alemania.

Un Samil salvaje

La parroquia de Navia se extiende hasta, e incluye, la playa de Samil. Pocos vecinos de San Paio se dedicaron a la pesca, aunque algunos mariscaban entre las rocas del más famoso arenal vigués. Delmiro recuerda que las primeras pescantinas llegaron a sus caminos desde Coruxo: "El pescado que ofrecían estas señoras era muy bueno".

En los parladoiros, según el veterano vecino de Navia, también se rememoró que hace "70 años" se practicaba un sistema parecido al "arrastre" en Samil: "Juntaban dos gamelas y tendían sus redes con sus flotadores de corcho, y después el arrastre lo hacían desde la playa, con bueyes".

Samil antes de la construcción del paseo

Samil antes de la construcción del paseo Cedida

Entonces, el arenal vigués era una zona salvaje, sin urbanizar y la arena se extendía hasta la actual carretera. Tampoco era muy conocida, principalmente debido a que los accesos eran "muy malos". Las comunicaciones no mejoraron hasta la construcción de la Avenida de Atlántida y de una línea de tranvía hasta la zona, cuando se popularizó y se inició su "urbanización".

Los vecinos de San Paio tenían su propia zona de baño. Estaba situada donde ahora se encuentran las pistas de tenis, en la desembocadura del río Lagares. Los más veteranos de Navia recuerdan que, hasta que se avanzó en la construcción de la carretera que conectaría Vigo con Canido, no existía ningún puente que uniera Samil y Coruxo.

Delmiro recuerda que había un vecino de Coruxo, llamado Leandro, que se dedicaba a pasar personas de un lado a otro del Lagares con su pequeña barca. Este señor, muy conocido en la época, cobraba "una pequeña aportación" con cada transporte.

Conserveras, Citroën y tiempos modernos

Previo a la construcción del paseo y de las urbanizaciones que hoy protagonizan el entorno de la playa de Samil, "el Concello autorizó el montaje de pequeños negocios con carácter provisional". Laxón, Las Dornas, Los Pinos o El Pincho del Gato fueron alguno de los bares que abrieron en la zona de la mano de vecinos de Navia.

San Paio también era una parroquia con comercio. Muchos vecinos recuerdan la zapatería de Benigno, situada en la calle Xuncal. El zapatero, además de reparar el calzado de las personas del barrio, se encargaba del reparto del correo. "Este último trabajo lo hacía un poco deficientemente", lamenta Delmiro, que recuerda que este negocio abría todos los días.

"El local era muy frecuentado por los jóvenes como lugar de tertulias y algo de juegos, especialmente el bingo", añade el veterano habitante de San Paio. También recuerda el Bar Jacinto, en el que los hombres paraban cada domingo para tomar su chato de vino de Xerez con su galleta de coco.

Proyecto de la urbanización de Navia 2.

Proyecto de la urbanización de Navia 2.

Con el paso de los años y la evolución de la ciudad, se abandonaron las tareas agrícolas y se comenzó a trabajar en conserveras como Alfageme y, más tarde, en fábricas como Citroën. La aparición de nuevas urbanizaciones y edificios, y la llegada de nuevos vecinos están transformando esta parroquia viguesa, que trata de mantener viva su historia y su identidad.