La histórica tarde de Juli ha cambiado la perspectiva del curso de la temporada. Las figuras se removieron el lunes con el terremoto que crugió Sevilla. Ya no es sólo la presencia de Roca Rey la que altera el hábitat de los mejores. Juli le dio la vuelta. Y Morante sentado en el tendido, esperando a San Miguel. Qué bien aconsejado.

Manzanares ha sido el primero en responder. En sus manos cayó Encendido, el mejor medio para mandar el mensaje. Un toro recortadito de Cuvillo, que enseñaba las puntas sin ser agresivo, guapo. Se deslizó una vez por la compuerta del capote, abriendo la gatera del telón rosa con el hocico. Los horteras lo llaman deslizarse.

Embestía en equilibrio milagroso de clase y motor. Ese ritmo desprendía cortijos. Un toro para refundar Occidente. Las verónicas surgieron muy templadas. Apenas le dieron en el caballo. Se arrancó con todo al cuerpo limpio de Rafa Rosa. Manzanares planteó un inicio de faena que marcaría el tempo del resto. Hubo majeza, flotando en el ambiente otra pausa: la de la cadencia.

La faena la marcaron dos cambios de mano. A la gente le entra un calambre sideral. El veneno de Manzanares. El primer natural de todos fue antológico. Los pases de pecho, larguísimos. Comenzaban las comparaciones. Incluso en el ambiente sobrevoló el fantasma del pañuelo naranja, lanzado Encendido. La faena fue intensa, sencilla, buena, de las que se pueden paladear. Quizá ahí estuviera la diferencia.

Muy centrado Manzanares, cambiaba las manos sobre el terreno cercano a los medios, ganando en intensidad las tandas, largas. La faena bajó un peldaño con el tropiezo de los dos. Torero y torero se dieron una tregua. Comenzó a desinflarse Encendido; respiró el presidente. La última arrancada del genial cuvillo la frenó el acero brillante, que lo partió en dos. Qué estocada. La bravura del animal lo mantuvo unido en un estertor dignísimo, bello y solemne. Hay algo reconfortante en la muerte. Encendido mereció la vuelta al ruedo.

Manzanares con las dos orejas Pagés

Manzanares la dio transportando las dos orejas con carretilla. Luego, se permitió el lujo de no abrir la Puerta del Príncipe con el quinto. Un capricho de feria. Este mensaje no se entiende del todo bien. ¿Qué ha pretendido? No me gusta la versión de lidiador-analista-calculador de este torero. Cuando se excede en los paseos. Cuando corta las tandas a la mitad para cruzarse con parsimonia, observando al toro como quien observa un sudoku.

Es verdad que este cuvillo estaba en el filo. En el capote mostró debilidad. Se le cuidó en el caballo. Después atacó con un genio impotente. Pero dos veces se sacudió y desfiló bajo los flecos, una por cada mano. No sé. Tampoco entiendo su decisión de poner fin a la faena después de la mejor tanda de derechazos con el toro embistiendo con soltura. Era el momento de apretar. Tan cerca la oreja definitiva, con el público a favor, que se quedó a medias. Sonaba la música mientras se se limpia la mano manchada de sangre en la toalla. No fui el único que esperaba algo más. Remoloneó apoyado en las tablas y finalmente cogió la espada. No hubo estoconazo que lo comprometiera. Casi nadie se acordaba ya de la larga cambiada de rodillas de la que se arrepintió al momento. 

Talavante se respondió a sí mismo en el diván. El extremeño ha pasado una semana extraña. La planificación de su feria toreando las tres tardes seguidas –viernes, lunes y martes– es rara. En realidad Talavante se remontó los autogoles del lunes. Del quite pasó a la primera tanda de doblones en redondo. Al toro le faltaban un poco de finales. Metido el torero, no se dejó tocar ni una vez. En su inercia retrocedió algunos años en el concepto. Talavante puede utilizar una copia de seguridad de sí mismo.

Los naturales le dieron la dimensión de grandeza a la faena. Con un manojo de muletazos de mucha calidad. Cotizaba el doble trofeo. Uno de ellos recordó al de hace once años, envuelta la acción en la flexibilidad del matador para enroscarse las embestidas. Suave, planchada la muleta, un lujo. El desplante enloqueció a las masas. Pisó el acelarador con la arrucina. Y se tiró a matar por las tres tardes: suicida, salió rebotado de los pitones, dolorido y despeinado.

Estocada de Alejandro Talavante PAGÉS

Con el sexto, muy soso, se dejó ir. Y se hartó de pinchar.

Castella salió al cuarto con el piloto rojo encendido. El modo automático del francés lo conocemos de sobra. Buscaba alcanzar a sus rivales, tan adelantados esta tarde. Este cuvillo tenia el pitón blanco. Era fino de cabos, quizá el más fino de lo que va de feria. Suelto, siempre brujeleó en la lidia dándole la espalda a la pelea. Le pegaron fuerte en el caballo y las banderillas le sentaron mal. Desquiciado, se revolvió. Le goteaba el puyazo en el albero. Sebastián Castella aprovechó ese chispazo para brindar al público y desde los medios le ligó su clásico inicio de faena. Dos veces se lo pasó por detrás derrapando. Las burbujas fueron estallando. Al tercer muletazo se quedaba. Y en el último tramo de faena Castella se arrimó. En su lío.

Con el primero apenas hubo entendimiento. El cuvillo era un toro lacio. Algunas arrancadas tuvieron el mínimo de transcendencia por el pitón izquierdo. Es que al natural la faena pendía de un hilo, del último tirón impotente del bicho, prácticamente vacío. Castella perdió la muleta dos veces, destruyendo lo poco levantado. El toro, cuajado morfológicamente, se fundió lentamente como las velas olvidadas.





FICHA DEL FESTEJO





Plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla. Martes, 17 de abril de 2018. Novena de abono. No hay billetes. Toros de Núñez del Cuvillo, 1º soso, 2º extraordinario, se dejó el 3º de buen pitón izquierdo, 4º a menos, de buen pitón derecho el geniudo 5º, vacío el 6º.

Sebastián Castella, de azul marino y oro. Dos pinchazos sin soltar y espadazo trasero. Aviso (silencio). En el cuarto, dos pinchazos sin soltar y estocada. Aviso (silencio).

José María Manzanares, de grana y oro. Gran estocada en la suerte de recibir (dos orejas). En el quinto, pinchazo hondo muy trasero (ovación).

Alejandro Talavante, de catafalco y oro. Gran estocada (oreja). En el sexto, pinchazo, pinchazo trasero y estocada casi entera. Varios descabellos. Aviso (silencio).