El matador de toros Enrique Ponce ha sido galardonado este miércoles con el Premio Nacional de Tauromaquia, que concede el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte por su "brillante temporada", en la que ha alcanzado "éxitos incontestables" y una "trayectoria excepcional" de más de 27 años "como gran figura del toreo".

"Fue una gran satisfacción conocer la noticia esta mañana", explica Enrique Ponce a EL ESPAÑOL desde México. "Estoy muy contento de haberlo recibido".

El jurado del premio, dotado con 30.000 euros, destaca en su fallo "la personalidad" del torero "capaz de desarrollar su magisterio tanto dentro como fuera de los ruedos, contribuyendo a la proyección de la Tauromaquia como patrimonio cultural español".

"No me lo esperaba", contesta el matador de toros. "La trayectoria tiene mucho que ver. Hombre, imaginas que puede caer tarde o temprano, un año u otro, pero no me lo esperaba que fuese en este", señala. "La mejor temporada de mi vida", confiesa después de un verano saltando de triunfo en triunfo. Madrid, Bilbao, Almería, Ciudad Real, Murcia o Salamanca. Enrique Ponce ha conseguido lo más difícil estando en activo: la unanimidad de los retirados.

Algo de eso hubo en la Puerta Grande de Las Ventas. Hablar del niño prodigio queda lejos ahora. Se hizo torero en Jaén, rodando por los pueblos, con la cinturita y la forma de estar delante de los toros de ahora. Parece que creció dentro del traje de luces. Amasa una juventud dilatada.

Tomó la alternativa en 1990, de manos de Joselito. La polémica se desató después. La frase hecha "el parón de matador lo notó hasta Ponce", una de las aportaciones idiotas de Molés, es exagerada. Dos años después ya mataba cien corridas de toros. No bajó de ese número durante los siguientes diez. Nadie superará esa década. Tiene el récord de toros estoqueados (supera a Lagartijo), el de indultados (48) y el de alternativas (71).

Enrique Ponce sale a hombros por la Puerta Grande de Madrid Plaza 1

Hasta el número de triunfos que se le han ido con la espada, la enorme montaña fantasma de orejas, dan grosor a sus estadísticas. "¿Qué sería si los mata?", se preguntan sus partidarios. Ponce tiene en el limbo tantos toros como los que remató. El Premio Nacional de Tauromaquia le da perspectiva quitándose las calzonas de la temporada española. Desplegada ahora su trayectoria empequeñecen las del resto de su generación que no se sabe bien cuál es porque inicia el fin de una época, los 90, y marca la contemporánea.

Su tauromaquia tiene mucho estudiado. Le cuelgan algunos peros en la cuidada puesta en escena. Ponce se pasea por el ruedo como un seductor de luces. Despliega cortinajes, en su muletazo aparecen candelabros, cortinas de raso, un roce del terciopelo. Es James Bond antes de destrozar un coche. La Misión en Santander, el esmoquin de Istres o Crisol en Málaga rematan esta teoría. Conviven en él el enorme torero -Lironcito- y el actor -Bendecidito-.

Quizá por eso sea la antítesis de José Tomás. El cruce de acusaciones, en realidad salen de un mismo lado, llega hasta 2017 después de escasas temporadas de rivalidad en el ruedo y muchas de habladurías. También porque el maestro de Chiva mantiene el concepto clásico de ser figura del toreo. Sin levantar el pie de Valencia a Zaragoza y vuelo a América. Esa afición, encendida por el abuelo Leandro, lo define y explica la facilidad con la que lee las embestidas. Ponce torea porque "es lo que soy", aclara.

"No pienso en el futuro"

Además mantiene una vida social de escaparate del toreo. Vive en modo institución gran parte del año. Juega al golf, se le ha visto cantar en el Teatro Real y sus vídeos jugando o bailando con sus hijas lo desnudan.

Es imposible saber cuánto le queda. ¿Otros treinta años más? "No, no es fácil... De unos años para acá vivo el presente. También el futuro, con las corridas y algunos proyectos, pero no me paro a pensar todavía cuánto voy a seguir y cuánto no". En 2007 consiguió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y en 2016 la Oreja de Oro de Radio Nacional. Los premios, en vez de acercarlo, parecen alejar el final. "Me siento como un artista que no se retiran porque todavía pueden seguir actuando. Mientras pueda, lo seguiré haciendo. Lo único que tengo claro es que me quede lo que me quede será a un nivel alto".

El jurado del galardón ha estado presidido por Luis Lafuente, y han formado parte de él Elisa de Cabo, María Teresa Belmonte, Tomás Ramón Fernández, Victorino Martín García, David Prados, Pedro Rivera, Covadonga Saiz, Cristina Sánchez, Adolfo Suárez, Lea Vicens y Juan Diego Vicente. El objetivo del Premio Nacional de Tauromaquia es reconocer la labor meritoria de una persona, entidad o institución durante la temporada española de 2017 en el ejercicio de las diferentes actividades y manifestaciones de la Tauromaquia.

 

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