A Bilbao se le empiezan a ver las guías. Demasiado azul a la vista. La plaza de toros de Vista Alegre presentó una de las primeras decepciones de aforo de la semana. Tampoco era cartel para colgar el 'no hay billetes', pero los asientos azules son como un tam-tam de lo que viene. El enigma de Bilbao, que se desangra en silencio y con solera. Los hidalgos sobreviven en el hilo. Este tipo de entradas miden la fuerza de un abono.

Ante los huecos vacíos apareció 'Lechucito'. Negro, oscurísimo. Una noche sin luna coronada por dos fogonazos. El pitón blanco engatillado miraba arriba. Las puntas se perdían en la misma penumbra, camufladas por la arena gris. Su expresión amable traía el tranco desenvuelto. El regalo tempranero del ritmo en la embestida, el cuello descolgado y el volumen pulido.

Persiguió los engaños bajando en suave tromba recto. Primero los de Padilla, que lo llevó al caballo por delantes, después los del banderillero Mambrú, que lo sacó del peto en las dos diagonales, las corrientes que corren a favor de los toros. 'Lechucito' fluía. La lidia se estancó en las banderillas. Pasa que Padilla necesita la colocación perfecta del toro para afrontar y calibrar el tercio. Sobraron cinco o seis lances. Las banderillas cayeron arriba, el toro ofrecía el lomo despejado y claro. Se paró por momentos. Acudía ya a menos de media distancia.

El inicio de faena fue lo mejor de la faena. Le llegó Padilla al hocico y 'Lechucito' ya no frenó. La directa a ras. Por abajo, casi sin respiro, le obligó el jerezano sin enmendarse. De dos en dos doblones sobre el mismo compás. Toda la exigencia era poca. Había roto a embestir. Las dos primeras tandas, sin embargo, se sucedieron sin salirse a los medios, en una rueda de derechazos que no exprimían la buenísima embestida. Pasaba. No dejaba de repetir 'Lechucito', al menos Padilla limpió las series, salvo dos punteos. El imán de las querencias se activó. Estaban demasiado cerca los polos. Quizá un tirón hubiera retrasado el desenlace pero un suspiro atávico deshizo la tanda por el lado izquierdo. El toro ya no sería el mismo, una vez probado el refugio: la última serie lo dejó debajo de la tronera. Dicen que era de medios, yo creo que era para torearlo. Los circulares y las manoletinas sentenciaron a 'Lechucito', el primer damnificado por los sorteos en estas Corridas Generales. Padilla hace lo que puede.



¡La música! sonó de repente. En pie el cuarto. 601 kilos y la altitud de un hombre. Grande por todos lados. Tenía hasta antípodas. De la culata a la cara cambiaba el tiempo. Oscuro como un agujero negro. En frente pirata Padilla, que acumula ganas y afición para saturar Wallapop. El toro embistió con cierta transmisión al principio. Verlo pasar era ya un espectáculo. Padilla lo fue haciendo poco a poco, el toro sacó nobleza y fondo, y la banda arrancó. Faena larga, sobando, empujando a la gente también. No se aburría Padilla, más cómodo con este tipo de toros. Él pone todo. Ligaba los dos últimos y los de pecho desenredaban los aplausos. Imposible pillarlo en un renuncio así.

Esta vez sí se habían salido al centro, pero no aguantaría nada el torazo ahí. El molinete de rodillas desató al público expectante. La estocada recta, fulminante y contundente, esta vez sí, lo hizo con los pañuelos. Juan José Padilla enseñó la orejaza para tres pucheros.

A Joselito Adame, que probó la calidad del primero en un templado quite por chicuelinas, le tocó el otro buen toro. Lo recibió asomado a la larga cambiada. También traía este el pitón blanco, acodado, enseñando las palas. Cerrado arriba y un punto bizco. Tuvo clase.

Joselito Adame osciló. Actitud toda. La suavidad a medias. Justo en el instante en el que la faena subió, llegaron dos tirones. Las dos primeras series elevaron el nivel. No terminó de cuajar la conjunción. A pesar de eso, al natural hubo cierto entendimiento, aunque el toro bajaba por ahí. Se metió en su terreno, gustándose al filo de los pitones, dos o tres circulares. Los últimos naturales dejaron buen sabor de boca. La estocada recibiendo fulminó al toro de inmediato. Y la afición se desató en una histórica petición de dos orejas. Matías concedió una. Hasta Adame pareció desconcertado. El misterio de Bilbao.

No tuvo apenas eco el esfuerzo que hizo con el segundo. Las cosas de las cosas. Tuvo que tragar tela. Frenado de manos, embistió con ellas por delante en los capotes, se deshizo de la puya pasando de caballo a caballo, y tomó hasta cuatro puyazos chochones. No se centraba.

Era además bastorrón. Con un cuello tremendo de andamiaje, que le nacía desde la cepa del morrillo. Abierto de pitones, cabezón, las hechuras no engañaron. Tomó la muleta midiendo. Joselito Adame pasó un apuro en los pases de pecho, radiografiado por la fiera. Los toques eran fuertes para fijarlo. Tenía que pasar. Pasaba. Adame tiró de firmeza.

A veces el embroque se complicaba perdiendo el toro las manos, desencuadernado en el encuentro. Otras se frenaba, como cuando se estaban entendiendo en los medios y soltó terrorífico el freno de mano. Se congeló todo. Lo fue metiendo en el canasto el mexicano. Le pudo por las dos manos. En cuanto eso sucedió salió del revés el del Puerto de San Lorenzo. Acobardado. Peligroso sin valor para serlo. Pinchó Adame a la primera todo el esfuerzo.

Juan del Álamo se encontró con el peor lote. El tercero tuvo hechuras para embestir pero no lo hizo. Muy blando, embestía por dentro. Casi le jode el tobillo al salmantino con un pisotón, hundiéndoselo en lo gris, doblado en toda su extensión. Del Álamo intentó abrir los caminos al natural. Logró dos firmes, redondeando la arranca, la muleta planchada y el palillo recto. Ya no fue más.

El sexto se agarró. Es que no decía nada. Sin recorrido. Las primeras series tomó la muleta brusco y a golpes. Cortas las oleadas, consistió Juan del Álamo. Un desarme lo fastidió todo. Al toro le rodeó la muleta como un babero y ahí se agotó su intención, abrazado por la presa.

PUERTO DE SAN LORENZO / Juan José Padilla, Joselito Adame y Juan del Álamo

Plaza de toros de Vista Alegre. Lunes, 22 de agosto de 2016. Tercera de feria. Menos de media de entrada. Toros del Puerto de San Lorenzo, de gran pitón derecho el 1º, complicado el orientado 2º, 3º se defendió sin fuerza, un 4º sin clase, templado el 5º y 6º no

Padilla, de azul marino y oro. Pinchazo tendidísimo y espadazo caído suelto (saludos). En el cuarto, estocada entera. Un descabello (oreja).

Joselito Adame, de nazareno y oro. Pinchazo sin soltar y estocada entera. Tres descabellos (silencio). En el quinto, estocada en la suerte de recibir algo delantera (oreja).

Juan del Álamo, de blanco y plata. Estocada desprendida y trasera. Aviso (silencio). En el sexto, pinchazo tendido, pinchazo hondo atravesado que se soltó, pinchazo sin soltar en el sótano y estocada caída. Aviso (silencio).