Vivir en Noruega presenta notables contrastes culturales y ambientales para quien proviene del sur de España, tal como relata un joven malagueño sobre su experiencia de adaptación en Oslo.
A través de sus redes sociales, Andrés González, destacó las principales dificultades a las que se enfrenta en el país nórdico: un clima predominantemente nublado y ventoso que dista del calor habitual de su ciudad natal, y una dinámica social más distante.
Lo cierto es que en Noruega la manera de socializar es muy distinta y se caracteriza por un respeto al espacio personal que se manifiesta en hábitos cotidianos como la etiqueta al usar el transporte público.
De Málaga a Oslo
El cocinero no dudó en calificar el clima como una de las cosas que "menos me gustan de vivir en Noruega". Con esto, expresó que su principal problema es que "yo soy un chaval que vengo de Málaga, que estoy acostumbrado todos los días a tener 27 o 28 grados y el invierno es supercaluroso", mientras que en Noruega "todos los días hace o viento o está nublado".
Además de este deprimente clima, el andaluz expresó que otro problema que se ha encontrado es a nivel social señalando que en Málaga "todo el mundo se conoce por los barrios, por los amigos y aquí la gente en Noruega es muy poco sociable".
Especificó que "con muy poco sociable" se refiere a que son muy conscientes de su espacio personal y en su cultura hay ciertas actitudes, sobre todo a nivel público, que en España son normales, pero en Noruega están mal vistas.
"Por ejemplo, en el metro está mal visto que tú te sientes al lado de una persona si hay más asientos libres, son personas que les gusta mucho su espacio personal", ilustró el joven cocinero.
Es importante destacar que esta distancia no se traduce en una actitud irrespetuosa o falta de cortesía, sino que en su cultura el espacio personal es algo prácticamente sagrado e invadirlo se interpreta en cierto sentido como una falta de respeto.
Además de estas etiquetas sociales, la cultura laboral noruega está caracterizada por la Ley de Jante, un código de conducta no escrito caracterizado por desaprobar la arrogancia individual, el éxito ostentoso y cualquier intento de destacar por encima del grupo.
Por ello, la cultura corporativa es extremadamente horizontal y basada en el consenso. Los directivos suelen adoptar un perfil bajo actuando como facilitadores más que como jefes tradicionales priorizando el éxito colectivo sobre el protagonismo personal.
Esto contrasta con la cultura corporativa española que suele tender a una jerarquía más vertical y personalista donde la visibilidad individual, el carisma y la capacidad para hacerse valer suelen ser decisivos para la promoción profesional.
De esta manera, resulta evidente que además del clima y el espacio personal, González ha tenido que enfrentarse a una cultura muy distinta tanto en el ámbito social como en el laboral.
