La vivienda se ha convertido en uno de los grandes asuntos de la campaña electoral y en uno de los principales quebraderos de cabeza para quienes buscan un hogar.
El caso de Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años desahuciada tras años de batalla legal por una vivienda de renta antigua, ha vuelto a poner el foco sobre un problema que enfrenta a propietarios, inquilinos y administraciones.
En plena discusión política sobre cómo facilitar el acceso a una vivienda y aumentar la oferta disponible, también han cobrado protagonismo quienes poseen un elevado número de inmuebles.
Es el caso de Rubén Zaballos, un empresario de 39 años que cuenta actualmente con 150 viviendas y que ha relatado las dificultades que afronta a la hora de gestionarlas.
Zaballos participó en el programa La Mesa, presentado por Cristina Pardo, donde analizó la situación del mercado inmobiliario desde su propia experiencia como empresario.
Durante la conversación, explicó que sus inmuebles tienen distintos usos: "Una parte de ellos son pisos residenciales y otros turísticos".
A continuación, la presentadora quiso conocer cómo había vivido las críticas surgidas después del caso de Maricarmen Abascal y si se había sentido señalado como fondo buitre o gran tenedor.
Zaballos reconoció que toda esta situación le genera "un poco de frustración", antes de explicar que su intención siempre había sido mantener sus viviendas residenciales destinadas al alquiler de familias durante largos periodos.
"A mí me encantaría seguir alquilando mis pisos residenciales a familias a largo plazo. De hecho, lo hice, pero he tenido de todo. He tenido okupas, inquiokupas, centros de venta de droga y, al final, es que es imposible", sentencia.
El empresario también puso el foco en los costes que implica mantener su actividad: "Tengo una estructura de gastos fijos importante. Pago más de cien mil euros al mes en hipotecas, tengo sesenta empleados y, además de esta empresa, tengo otras".
A estos gastos se suma la dificultad de gestionar personalmente todo lo que ocurre en sus inmuebles: "Obviamente, trabajo muchas horas a la semana y no puedo estar pendiente de que me salte una bombita en un piso, de cualquier cosa que pueda surgir, porque es que hay un montón de casuísticas".
Zaballos también quiso destacar el precio de sus alquileres y defendió que eran bajos pese al elevado número de viviendas que posee: "Los pisos los alquilaba muy baratos. La media estaba en 300 euros al mes".
El empresario expuso así su experiencia al frente de un patrimonio inmobiliario que, pese a los ingresos que genera, también lleva aparejados importantes costes y responsabilidades de gestión.
