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Las claves

Durante años, la construcción fue uno de los sectores más castigados de la economía española.

Tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, miles de trabajadores abandonaron el ladrillo y la profesión perdió atractivo entre las nuevas generaciones.

Sin embargo, casi dos décadas después, el escenario ha cambiado: la vivienda vuelve a estar en el centro del debate, las empresas necesitan más profesionales y el principal problema ya no es la falta de actividad, sino la falta de trabajadores para ejecutarla.

Con todo esto, la construcción española afronta una paradoja: cuenta con niveles de empleo elevados, pero las compañías tienen cada vez más dificultades para encontrar determinados perfiles.

El sector supera actualmente los 1,4 millones de afiliados a la Seguridad Social, pero la escasez de mano de obra se ha convertido en uno de sus principales obstáculos.

Según la Confederación Nacional de la Construcción (CNC), España necesitará incorporar alrededor de 700.000 trabajadores en los próximos años para afrontar el relevo generacional y la demanda prevista de actividad.

La cifra no equivale a vacantes inmediatas, sino a la necesidad de nuevos profesionales ante la jubilación de miles de trabajadores y el aumento de proyectos.

Uno de los principales factores que explican la escasez de mano de obra es el envejecimiento de la plantilla. Según un estudio de BBVA Research, cerca del 68% de los albañiles supera los 45 años, una situación que, unida a la escasa incorporación de jóvenes, está dificultando el relevo generacional.

Parte de ese déficit de nuevas incorporaciones se explica por la pérdida de atractivo de estos oficios. La exigencia física del trabajo, la escasez de formación especializada y la percepción tradicional de la profesión han alejado a buena parte de los jóvenes.

Aunque la llegada de trabajadores extranjeros ha contribuido a aliviar parcialmente la escasez de mano de obra, su incorporación todavía no compensa el ritmo de salida de los profesionales más veteranos.

Desde 2016, las vacantes sin cubrir en la construcción se han multiplicado por cuatro, lo que convierte a esta actividad en una de las que mayores dificultades tiene para encontrar trabajadores.

Ante este escenario, las empresas tratan de atraer nuevos profesionales con uno de sus principales argumentos: los salarios.

Aunque dependen del convenio provincial y de la categoría profesional, un trabajador puede partir de unos 20.000-23.000 euros brutos anuales, mientras que un oficial de primera puede superar los 28.000 euros al año con experiencia y complementos.

En perfiles especializados o con mayor responsabilidad, las retribuciones pueden elevarse por encima de los 30.000 euros.

Sin embargo, el incremento de los salarios no basta por sí solo para resolver el problema de la falta de mano de obra. Esta actividad también busca nuevas fórmulas para ganar atractivo, como la construcción industrializada o una mayor incorporación de mujeres.

En 2025, el sector alcanzó un récord de 166.833 mujeres afiliadas, el 11,5% del total, según datos de la Fundación Laboral de la Construcción.

Pese a estos avances, el problema continúa siendo estructural y la falta de albañiles y profesionales cualificados sigue siendo uno de los principales desafíos para garantizar el relevo generacional y responder a la creciente demanda de vivienda.