La subida del precio de los alimentos sigue marcando la cesta de la compra de los españoles. Aunque la inflación ha moderado su ritmo respecto a años anteriores, el aumento de los costes de producción continúa lastrando al sector agroalimentario.
Agricultores y comerciantes denuncian que el encarecimiento del combustible, los fertilizantes y otros insumos necesarios para sacar adelante las cosechas está reduciendo su rentabilidad, mientras los consumidores siguen pagando más por numerosos productos frescos.
Uno de los ejemplos más representativos de esta situación es el tomate, cuyo precio ha aumentado de forma significativa en los últimos años.
Desde el campo insisten en que el incremento del precio que paga el consumidor no se traduce en mayores beneficios para quienes producen el alimento.
Al contrario, sostienen que el aumento de los costes apenas les permite cubrir gastos, mientras la diferencia entre el precio en origen y el de venta al público continúa siendo muy elevada.
Juan Carlos Parejo, productor y agricultor de tomate, pone cifras a esa situación y denuncia el margen existente entre lo que recibe el agricultor y el precio que encuentra el consumidor en el supermercado.
"Vas a un supermercado y venden los tomates a 2,5 o 3 euros, cuando a los agricultores nos pagan 1 euro", asegura en el informativo de Antena 3.
El productor también explica que el encarecimiento de los costes sigue afectando directamente a la actividad agrícola y recuerda que el sector no es ajeno a las consecuencias de la situación internacional.
"Con esta nueva guerra, el tema del combustible está por las nubes. Al igual que las personas que van a comprar, a nosotros se nos encarece todo también", afirma.
La subida del precio del tomate también está modificando los hábitos de consumo. Los comerciantes aseguran que muchos clientes han reducido la cantidad que compran para contener el gasto.
Así lo explica Said, propietario de la frutería San Juan: "La gente ahora compra menos tomate, antes llevaban tres o cuatro kilos, ahora máximo 1 kilo o un kilo y medio".
A esta realidad se suma otro desafío para el sector. España ha perdido el liderazgo como principal proveedor de tomate de la Unión Europea en favor de Marruecos, mientras las exportaciones españolas al mercado comunitario han descendido.
Un escenario que, unido al incremento de los costes de producción y a la caída del consumo, preocupa a los agricultores.
El sector reclama medidas que permitan garantizar la viabilidad de las explotaciones y evitar que la pérdida de rentabilidad siga reduciendo la producción nacional.
Mientras tanto, el tomate refleja las dificultades del campo español: costes al alza, menor consumo y productores que denuncian que la subida de los precios no se traduce en mayores ingresos.
