Las claves
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Hay personas que se obsesionan con ser exitosas y hay personas que son exitosas porque se obsesionan con su proyecto vital. Este último es el caso de Mario, un panadero y pastelero hecho a sí mismo que ha creado junto a su mujer un negocio estrella en el país pirenaico.
Esta es una historia de superación extrema. Mario ha pasado por una grave lesión cervical, ha salido al extranjero en busca de oportunidades y ha sufrido el cierre de otro negocio antes de crear Brulèe 2.0, su panadería y pastelería actual.
Mario Ortiz cambió su vida en Colmenar Viejo, al norte de Madrid, por un pequeño municipio llamado Ansalonga en el Principado de Andorra. Hizo la maleta y se marchó con su mujer Luz y su hija a buscar la excelencia y a hornear el pan más cotizado de la zona.
Un cambio de vida radical
A pesar de su pasión por la panadería, Mario tuvo antes otro sueño muy diferente. Hace 18 años también vivía en Andorra, pero enfocaba su vida al snowboard. Quería ser deportista profesional y viajar por el mundo, hasta que una fractura de cuello en la vértebra C2 cambió su destino.
"En el hospital me llamaban el elegido porque es una lesión muy grave", confiesa Mario en una entrevista de Youtube. Tuvo que hacer una rehabilitación durante tres años y olvidarse del deporte. Terminó canalizando esa energía competitiva hacia la cocina.
Esos años le dieron para pensar y terminó mudándose a Inglaterra para empezar desde lo más bajo. Trabajó limpiando platos, recogiendo vasos y empezó a interesarse por la cocina de manos de grandes chefs ingleses y, en concreto, del pan artesanal.
Volvió a España para estudiar panadería en la Baking School de Sabadell. "Los Ambassadeurs du Pain nos enseñaron el método del Respectus Panis. Utilizando fermentaciones muy prolongadas en los cuales hay una degradación de gluten brutal", explica el panadero.
Esta valiosa lección condicionaría el futuro del pan de Mario. "Luz, mi mujer es intolerante al pan y busqué una manera de crear un pan que no le sentara mal", cuenta nostálgico. Ahora todos los panes de Brulèe 2.0 se hacen con este método que permite una mejor digestión.
El amor y una intolerancia alimentaria transformaron el pan de Mario. Nació Brulée en Colmenar Viejo, pero tuvieron que cerrar por problemas administrativos, quedando "desamparados con un bebé de cuatro meses", afirma el panadero.
Y por fin llegaron a Andorra. Luz y Mario crearon Brulèe 2.0 en Ansalonga, un pueblo a las afueras de Andorra que no pilla de paso. Un lugar al que hay que ir expresamente a por su producto de calidad, lo que lo convierte en una experiencia y aumenta el gasto de los clientes.
Mario empieza en su panadería a las tres de la mañana y realiza jornadas de 14 y 15 horas, no por obligación, sino por una obsesión con mejorar su pan. "La gente me dice que no tengo vida, pero es que si quiero crecer no puedo tener un turno de 8 horas", defiende Mario.
