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Las claves

El alquiler de trasteros se ha convertido en uno de los negocios más silenciosos y rentables del mercado inmobiliario. Sin escaparates, sin grandes campañas y con muy poco personal, este modelo empieza a atraer a inversores que buscan ingresos estables y predecibles.

Uno de ellos es Arseniy, fundador de Balearic Box, una empresa especializada en el alquiler de espacios de almacenaje en España. Su caso ha llamado la atención por las cifras que maneja: más de 40.000 euros de ingresos mensuales y un beneficio neto cercano a los 20.000 euros al mes.

Detrás de estos números hay una combinación de inversión elevada, estrategia a largo plazo y un sector que, lejos de saturarse, sigue creciendo al ritmo del consumo y la falta de espacio en las ciudades.

Un negocio con barrera de entrada alta

Montar un negocio de trasteros no es barato. Arseniy lo explica con claridad: la inversión inicial supera el millón de euros para una instalación de varias plantas, acondicionada y adaptada a la normativa española.

En su caso, la nave alberga 346 unidades de distintos tamaños. Desde pequeños lockers de pocos metros cuadrados hasta espacios de más de 30 metros, pensados tanto para particulares como para autónomos y pequeños negocios.

La clave, insiste, está en la ubicación. Estar cerca de zonas urbanas, bien comunicado y con fácil acceso para vehículos marca la diferencia entre llenar o no los trasteros.

A diferencia de otros negocios, aquí no hay rotación diaria ni picos de trabajo. Una vez que el cliente entra, suele quedarse durante meses, e incluso años, pagando una cuota fija.

Ingresos estables y gastos contenidos

Actualmente, el negocio genera alrededor de 42.000 euros al mes en ingresos. Los gastos, en cambio, se mantienen estables y relativamente bajos para el volumen que se gestiona.

El principal coste es el alquiler del edificio, que ronda los 11.000 euros mensuales más IVA. A eso se suman nóminas, suministros básicos y marketing, con Google Ads como principal vía de captación.

En total, los gastos se sitúan cerca de los 19.000 euros al mes, lo que deja un margen neto de unos 20.000 euros. Una rentabilidad que muchos negocios tradicionales tardan años en alcanzar, si es que llegan.

Además, la operativa diaria requiere muy poco personal. En este caso, dos personas son suficientes para gestionar cientos de unidades.

Cuando las cosas no salen como estaba previsto

No todo ha sido un camino recto. Arseniy reconoce uno de los mayores golpes sufridos por la empresa: un problema urbanístico que obligó a reducir el número de trasteros proyectados inicialmente.

El diseño original contemplaba unas 500 unidades, pero parte del espacio no cumplía con los requisitos legales de altura mínima. El resultado fue una pérdida cercana a los 300.000 euros y una reducción drástica del potencial inicial.

Ese error alargó el plazo de recuperación de la inversión de ocho a doce años. Una lección que, según explica, demuestra la importancia de tener todo por escrito y firmado antes de ejecutar cualquier proyecto.

Aun así, el negocio siguió siendo rentable incluso después del recorte.

¿Es realmente un negocio pasivo?

La pregunta aparece siempre. Arseniy es claro: no es completamente pasivo al principio, pero se le acerca mucho cuando alcanza una ocupación estable.

Una vez superado el 70–80% de ocupación, el día a día se simplifica. No hay stock, no hay caducidad y no hay costes variables elevados. El cliente paga por guardar cosas que, en muchos casos, no necesita usar a corto plazo.

Eso genera una relación muy estable. Muchos usuarios mantienen el trastero por motivos emocionales o por comodidad, lo que reduce la rotación y asegura ingresos constantes.

El mayor problema, admite, no es la captación, sino la gestión de impagos. En España, recuperar una unidad de un cliente moroso puede ser lento y complejo, algo similar a lo que ocurre con los alquileres de vivienda.

Por qué este negocio sigue creciendo

El contexto juega a favor. Cada vez hay más personas viviendo en pisos pequeños, más autónomos sin almacén propio y más consumo acumulado.

A eso se suma un factor clave: el turismo y las reformas. Muchos clientes usan los trasteros de forma temporal mientras reforman su vivienda o durante estancias largas fuera de casa.

Arseniy está convencido de que la demanda seguirá creciendo. "Cada año hay más gente y más cosas, pero no más espacio", resume.

En otros países, como Alemania o Estados Unidos, este modelo lleva décadas funcionando y permite subidas de precios anuales sin grandes pérdidas de clientes. En España, asegura, todavía hay margen.

Una inversión a largo plazo

El alquiler de trasteros no es un negocio rápido ni barato, pero sí uno de los más estables para quien puede asumir la inversión inicial.

Con una buena ubicación, control de costes y una estrategia clara, puede convertirse en una fuente de ingresos constante durante años.

Como concluye Arseniy, "no es un negocio para hacerse rico en dos años, pero sí para dormir tranquilo durante veinte".

Así Funciona el Negocio de los Trasteros ¿Vale la Pena?