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Las claves

En la película Yo, robot, se veía cómo los robots humanoides asumían los principales puestos de trabajo de la sociedad, permitiendo a los humanos alejarse de los trabajos cotidianos por aquellos centrados en la gestión, el diseño o la tecnología.

Más allá de todo el argumento policiaco y las tres leyes de la robótica de Isaac Asimov, la cinta planteaba un escenario de ciencia ficción que, en su estreno en 2004, parecía difícil de creer.

Sin embargo, parece que la realidad empieza a superar a la ficción. En el cine de la ciudad china de Shenzhen, ha entrado en funcionamiento Atom, un robot humanoide programado para cumplir sus labores de dependiente y atención al cliente con total autonomía.

Robot humanoide: contratado

Disfrutar de una película en una sala de cine es toda una experiencia: palomitas, bebidas frías, una habitación a oscuras y un proyector con una pantalla más grande que la vida.

El hecho de poder vivir la experiencia de ver cine es, en gran medida, gracias al esfuerzo de sus trabajadores que se encargan de limpiar las salas, proyectar las películas, vender entradas y servir la comida.

No obstante, estos puestos de trabajo podrían tener los días contados. El pasado 6 de enero entró en funcionamiento Atom, el primer trabajador humanoide totalmente autónomo del mundo, en el cine K11 Art House de la ciudad de Shenzhen, China.

Es cierto que en otros países ya se ha visto a robots desempeñar puestos de trabajo: manufactura en Corea del Sur o camareros en Japón. Pero estos robots cumplían con una función específica, estaban supervisados y, en gran medida, eran principalmente un apoyo para la mano de obra humana.

Con Atom el caso es diferente. Este robot, desarrollado por Yuejiang Robotics, está diseñado para desenvolverse en espacios públicos reales y por cuenta propia.

Además, según la empresa desarrolladora, puede trabajar hasta 14 horas al día sin pausas, vender más de 1.000 vasos de palomitas, ayudar a los clientes o manejar pequeñas emergencias por sí mismo.

Atom funciona impulsado por IA neuronal, lo que le ayuda a comprender situaciones, planificar acciones y tomar decisiones sin control humano. De hecho, está especialmente pensado para entornos de servicio concurrido, donde la paciencia es esencial.

Asimismo, el robot humanoide usa dos cámaras que funcionan como ojos para calcular la profundidad y distancia, exactamente igual que la visión humana.

Sus manos de cinco dedos se controlan mediante un sistema de retroalimentación en tiempo real, lo que permite ajustar la fuerza del agarre con suavidad y sostener vasos de palomitas, bandejas y paquetes sin esfuerzo.

De esta forma, el funcionamiento y desempeño de Atom marca un precedente interesante sobre hasta dónde pueden llegar los robots a la hora de asumir tareas tradicionalmente humanas.

Al fin y al cabo, su propia naturaleza robótica e impulsada por inteligencia artificial lo convierte en el empleado ideal: sin salario, capaz de resistir jornadas largas, sin vacaciones y con una eficiencia constante.

La cuestión ahora es si la sociedad está preparada para que los robots ganen cada vez más terreno en el mercado laboral y para reorientarse hacia trabajos más vinculados al diseño, la tecnología y la gestión, tal y como imaginaba Yo, robot.