Publicada

Las claves

La vida es larga y permite dar muchas vueltas dentro de las profesiones y el propósito de cada uno. Justo lo que sintió Enric cuando, después de probar suerte en la ingeniería, tuvo claro hacia dónde quería llevar su vida: la restauración.

Tras años en consultoría centrándose en "la gestión de personas" como ingeniero industrial y agotado de su profesión, Enric decidió aventurarse a emprender con una hamburguesería.

Él lo llamó "la crisis de los 30". Sin embargo, de lo que el emprendedor se dio cuenta es que tenía esa necesidad de llevar a cabo un proyecto propio que de verdad le apasionara.

Aventura en el negocio de las hamburguesas

El sector de las hamburguesas en España ha experimentado un crecimiento constante en los últimos años, impulsado tanto por la diversificación de la oferta como por el cambio en los hábitos de consumo.

Las cadenas internacionales conviven con un creciente número de locales independientes y "gourmet", que buscan diferenciarse a través de ingredientes de calidad o recetas artesanales.

Eso fue justo lo que vio Enric cuando descubrió las smash burguers. El ingeniero quedó fascinado por la técnica y lógica detrás de este tipo de alimento, por lo que en su idea de emprender decidió enfocarse en este negocio.

Así, con el apoyo de su pareja, influenciado por los podcasts de emprendimiento y una inversión de 45.000 euros, ya tenía su hamburguesería: Sigma Burgers.

"La gran mayoría fue del traspaso y luego, sobre todo, lo que más subió fue tema de mobiliario y licencias", aseguraba Enric en el canal de YouTube de Eric Ponce.

Sin embargo, a diferencia de muchos emprendedores que lo dejan todo por un sueño, Enric no dejó su puesto de ingeniero, en su lugar mantiene ambos puestos al mismo tiempo.

Al trabajar desde casa, recibe a los proveedores por las mañanas mientras trabaja como consultor y ya por las tardes dedica plenamente su tiempo a su negocio.

"Yo no tengo sueldo, no me estoy sacando ningún dinero para mí", confesaba. "Ahora mismo como tengo la otra mi nómina, eso está ahí y todo lo que genero de beneficio lo estoy reinvirtiendo".

Asimismo, para su hamburguesería tomó un concepto de Open Kitchen, en la que los clientes pueden entrar, ver cómo se cocina y recoger su pedido personalmente.

No obstante, a diferencia de otros negocios, la mayoría de sus ventas son para llevar o delivery, menos del 1% de los clientes se sienta a comer en las mesas. Así consigue ahorrar en costes en personal, mantenimiento, local y limpieza, reduciendo su inversión inicial.

Todo eso le lleva a que su media histórica de facturación sea de unos 8.000 euros mensuales, con la previsión de cerrar el año cerca de los 100.000 euros.

"He hecho récord y tanto en octubre como en noviembre hemos hecho unos 11.000 euros de facturación entre lo que vendo aquí y lo que se vende por plataformas", contaba Enric.

De ese modo, el emprendedor data su beneficio en un 10%: "Creo que es lo realista porque al final puedes tener un mes bueno pero luego hay costes inesperados o te vienen meses que esperas hacer una facturación y luego no se cumple".

Con su hamburguesería en pleno funcionamiento y una facturación que va hacia arriba, Enric espera recuperar la inversión inicial en 5 años. Aun así, su negocio va más allá de enriquecerse a corto plazo, sino en la satisfacción personal que supone sacar adelante su propio negocio.