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Las claves

La crisis del alquiler en Barcelona golpea de lleno a familias que, aun teniendo trabajo estable, se ven abocadas a una situación límite.

Es el caso de Mandy, que vive con su marido y su hija de tres años en un piso de alquiler cuyo contrato finaliza el próximo 28 de febrero.

Tras cinco años residiendo en la misma vivienda, la familia recibió una noticia inesperada: los propietarios quieren vender el inmueble.

Una situación límite

"Hago este vídeo ya a modo de desesperación porque no sé cómo vamos a acabar", explica Mandy en un vídeo publicado en TikTok.

Según relata, no había "absolutamente nada que indicase que no fueran a renovar el contrato", pero hace apenas una semana los caseros les comunicaron que debían abandonar el piso en la fecha prevista.

Desde ese momento, la búsqueda de una alternativa se ha convertido en una carrera contrarreloj. "Me pongo a buscar piso como una loca y me encuentro con que en Barcelona no hay pisos por menos de 1.300 euros", afirma.

Aunque ambos miembros de la pareja tienen contrato fijo y unos ingresos conjuntos cercanos a los 3.000 euros mensuales, el margen económico es limitado. "Si quiero seguir comiendo, algo que no sea arroz y pasta, más de 1.200 no puedo pagar", señala.

A pesar de contar con aval y con una carta de recomendación de los actuales propietarios, Mandy se ha topado con un mercado prácticamente inaccesible.

"El problema es que no hay pisos, no hay pisos", insiste, y añade que muchas inmobiliarias y propietarios desconfían de las familias con hijos. "Tienen miedo de las familias con hijos por temor a la okupación", denuncia.

La situación se agrava por la presencia de una menor. Su hija acaba de cumplir tres años y cursa su primer año de escolarización en el barrio.

"No dejar ni siquiera que la niña termine un curso me parece bastante cruel", explica, subrayando el impacto emocional y logístico que supondría un traslado forzoso en mitad del curso escolar.

Ante la falta de opciones, Mandy acudió a los Servicios Sociales, donde recibió una respuesta demoledora.

"En pocas palabras, lo que me dicen es que no me ayudan para que no acabe en la calle con mi hija, pero si acabo en la calle, me quitarán a la niña", relata tras su visita.

También contactó con el servicio municipal de vivienda, donde le comunicaron que no cumplen los requisitos para ser considerados una familia en riesgo.

"No estaríamos considerados como una familia en riesgo de exclusión social, ni en riesgo de pobreza, ni en riesgo de nada", lamenta.

Mandy deja claro que no cuestiona la legalidad de la decisión de los propietarios. "No han hecho nada ilegal", reconoce, señalando que "un propietario tiene todo el derecho de hacer lo que quiera con su piso".

Pese a ello, se pregunta qué salida le queda a una familia que puede pagar un alquiler, pero no encuentra oferta. "No estoy pidiendo que me regalen un piso", recalca.

A pocos días de que finalice el contrato, la incertidumbre sigue siendo total. "Lo único que queremos es un techo donde meter la cabeza y que nuestra hija tenga una mínima estabilidad", concluye Mandy.