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Las claves

Altarebrand ha pasado en pocos meses de ser una marca emergente de moda cristiana a consolidar una comunidad fiel. El lanzamiento de su segunda colección confirma que la propuesta no fue un fenómeno puntual, sino la respuesta a una demanda real.

Al frente del proyecto está Pablo Tortosa, un joven valenciano que decidió unir moda y religión en una propuesta poco habitual en España: prendas contemporáneas con mensajes integrados de forma discreta, alejados de la estética caricaturesca o provocadora.

Cuando EL ESPAÑOL habló con él por primera vez, la marca acababa de ponerse en marcha con una inversión inicial de 2.000 euros y una premisa clara: la fe no tiene por qué vivirse en silencio ni quedar relegada al ámbito privado.

Modelos de la marca. Cedida.

Semanas después, la realidad ha cambiado. La firma acaba de lanzar su segunda colección y empieza a consolidarse como una marca de moda referente entre los jóvenes.

"Desde la última vez, la acogida ha sido algo que para nada esperábamos", explica Tortosa. El crecimiento ha sido especialmente visible en redes sociales, donde la comunidad ha aumentado en más de 6.000 seguidores desde la primera colección.

Ese impulso se ha traducido también en ventas: el lanzamiento de San Mateo, nombre de la nueva colección, ha generado una expectación notable, con usuarios esperando en la web y tallas agotadas en pocos días.

El éxito de algunas prendas se ha repetido con claridad. "Tanto la sudadera Arde De Amor como el polar San Mateo han gustado mucho a la comunidad", apunta.

"Desde la última vez, la acogida ha sido algo que para nada esperábamos"

Pablo Tortosa, fundador de Altarebrand

Según Tortosa, su buena acogida responde a una combinación de factores: versatilidad, mensajes "directos pero a la vez sutiles" y una estética cuidada, con colores que no pasan desapercibidos.

Además, según corrobora Pablo a este medio, el objetivo, desde el principio, ha sido que las prendas puedan formar parte del día a día sin perder su significado.

La historia detrás de la segunda colección refuerza esa filosofía. Durante la producción, una camiseta llegó con un bordado erróneo: en lugar de "felicidad", aparecía la palabra "felizidad", con zeta.

Lejos de desechar las prendas, el equipo decidió convertir ese error en mensaje. "Dios es capaz de escribir recto en renglones torcidos", explica Tortosa, una idea que acabó definiendo el espíritu de la colección.

Pablo Tortosa luciendo la anterior colección.

El nombre San Mateo tiene una carga personal: es el de su sobrino recién nacido, que llegó en un momento clave del proceso creativo y que para él simboliza vida nueva, esperanza y fe vivida con elegancia.

Desde fuera, Altarebrand puede interpretarse como una marca con lecturas sociales o incluso políticas, pero su fundador lo descarta.

"No hay ningún mensaje social, cultural o político, sino religioso", afirma. La intención, insiste, es clara: normalizar la expresión de la fe.

"Nunca deberíamos vivirla en la sombra o en lo oculto", señala, recordando la frase evangélica "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios". Esa visión conecta, según Tortosa, con una inquietud creciente entre los jóvenes.

"No hay ningún mensaje social, cultural o político, sino religioso"

Pablo Tortosa, fundador de Altarebrand

Asegura que no se trata de un fenómeno limitado a un pequeño nicho. En los últimos meses, dice, se han multiplicado las conversaciones públicas sobre espiritualidad, conversiones al cristianismo y movimientos juveniles que viven la fe sin complejos.

De hecho, él mismo ha participado en retiros como Effetá, donde ha visto a jóvenes "sin miedo, libres, mostrando su fe y amor a Dios".

Para Tortosa, esa búsqueda va más allá de las etiquetas religiosas: "Seas católico o no, los jóvenes a cierta edad comenzamos a replantearnos cosas".

No obstante, el crecimiento de Altarebrand no ha estado exento de críticas, incluso dentro de la propia comunidad cristiana. Algunas voces cuestionan que "la fe no se vende"; otras asocian la estética cuidada con vanidad o falta de humildad.

Modelos con la anterior colección.

En ese sentido, Tortosa asegura comprender esas posturas, pero aclara que la intención de la marca "no es monetizar la fe, sino normalizarla en la calle con buen gusto".

Frente a quienes acusan a Altarebrand de comercializar lo sagrado, Pablo responde con una perspectiva firme: "Nuestra ropa no compra la salvación, no la facilita y no la sustituye".

Tampoco rehúye el debate sobre si la moda cristiana puede percibirse como elitista.

Reconoce que trabajar con calidad tiene un coste, pero subraya que Altarebrand nace "para acoger, no para excluir", y para que cualquiera que conecte con el mensaje pueda sentirse parte de la comunidad.

"Nuestra ropa no compra la salvación, no la facilita y no la sustituye"

Pablo Tortosa, fundador de Altarebrand

Mirando al futuro, se muestra prudente y esperanzado a la vez. Habla de una Altarebrand más consolidada, con un equipo estable y, quizá, una tienda física que sea "un espacio sobrio y bonito".

Pero subraya un objetivo por encima del resto: desarrollar un departamento de obras sociales que permita que la marca no se quede solo en ropa, sino que se convierta en un canal real para hacer el bien.