Las claves
nuevo
Generado con IA
Las churrerías se han convertido en todo un icono de los desayunos de barrio. Su mezcla de churros, porras y chocolate caliente alegra el espíritu de los vecinos, especialmente en los días de invierno.
Sin embargo, cada mordisco de churro y sorbo de chocolate consumido por los clientes esconde una historia de sacrificio, esfuerzo y trabajo por parte de los churreros.
Así, en muchos casos, las condiciones que incluyen muchas churrerías no logran satisfacer a los demandantes de empleo, dificultando encontrar trabajadores.
De hecho, Moisés, un churrero que entrevistó Eric Ponce, señalaba cómo el personal es el mayor problema a la hora de sacar adelante una churrería en España.
"Encontrar gente que quiera trabajar fin de semana y festivos es un problema que compartimos toda la hostelería", afirmaba el churrero.
En busca de churreros
Las churrerías, negocios tradicionales muy arraigados en España, son espacios donde se elaboran y venden churros, a menudo acompañados de chocolate caliente.
Aunque pueden variar desde pequeños puestos callejeros hasta locales consolidados, comparten un rasgo común: requieren de dedicación intensa y habilidades artesanales que se transmiten de generación en generación.
Su funcionamiento suele depender de horarios muy tempranos o nocturnos para atender la demanda de desayunos y meriendas, lo que convierte el trabajo en algo exigente y constante.
Los trabajadores de este sector enfrentan múltiples dificultades. Los salarios suelen ser bajos y las jornadas extensas, con turnos que muchas veces superan las 10 o 12 horas.
A esto se suma la exposición a altas temperaturas por el aceite caliente y la necesidad de mantener un ritmo constante para cumplir con la producción diaria.
Además, muchos churreros trabajan en locales pequeños o en puestos ambulantes, lo que limita el acceso a seguridad completa, descansos adecuados y una protección frente al frío.
Por ello, en muchos casos se antoja complicado para los empresarios de las churrerías encontrar trabajadores, justo el caso de Moisés.
"Ampliarlo cuesta, sobre todo por eso que comentaba de que al final trabajar en la hostelería con lo que requiere, al final también estás en la calle, que no es lo mismo que estar calentito", aseguraba el churrero.
Moisés señalaba a las condiciones laborales del puesto como gran responsable de que no atraiga mucho a nuevos empleados: "Claro, los horarios... se madruga, levantarte a las 6 de la mañana con la rasca que pega".
"Después, toda la churrería es de acero inoxidable, que esto también retiene el frío que no veas", indicaba.
Asimismo, el empresario aseguraba cómo "no naces queriendo ser churrero", por lo que no es una profesión que atraiga pasiones.
"Estoy orgulloso de ello, pero entiendo que es complicado, igual que nadie ya nace queriendo ser camarero. Entonces, ¿qué pasa? Que claro, esa rotación te deja un poco tocado", afirmaba.
Por ello, pese a que adora a su personal, organizar a sus trabajadores se le complica semana a semana: "Tienes que hacer un puzle, romperte la cabeza para que le cuadre a todo el mundo".
