Los cinco miembros de ‘La Manada’ italiana han sido condenados a un total de 36 años de cárcel por violar drogada a una turista británica de 50 años. En concreto, Davide, el cabecilla, pasará nueve años entre rejas; Antonio y Fabio, cómplices, ocho años; y Francesco y Rafaela, también participantes, a siete y cuatro años respectivamente.

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La turista británica, tras separarse de su marido, viajó junto a su hija a la Costa Amalfitana para pasar unos días y airearse. Se hospedó en el hotel Alimuri de Meta de Sorrento, municipio de 8.000 habitantes de la provincia de Nápoles. Allí, fue drogada y violada por la posteriormente llamada ‘Manada’ italiana.

Los condenados, empleados del Hotel Alimuri, le echaron droga en la bebida para poder abusar de ella en el ya lejano octubre de 2016. Al día siguiente, la turista huyó del país y, en Reino Unido, en el condado de Kent, denunció lo ocurrido. ‘La Manada italiana’ cayó por su propio peso: en el móvil de la británica encontraron las fotos de dos de los violadores.

Después, la policía italiana analizó los móviles de tres de los sospechosos y encontró pruebas fehacientes de que habían violado a la turista británica. Los jóvenes, nacidos en 1995, habían grabado la violación y la habían pasado por numerosos grupos de WhatsApp enorgulleciéndose por lo que habían hecho.

En la reconstrucción de 24 páginas confeccionada por los investigadores, consta que la violación se llevó a cabo en dos fases. Primero, Antonio Mineiro, de 34 años, y Fabio de Virgilio, de 25, drogaron a la turista en la piscina cubierta del hotel echándole la llamada “droga del estupro” en una bebida alcohólica, algo que también hicieron en el caso de su hija.

Después de drogarla, los camareros se llevaron a la turista británica a una habitación del hotel poco visible donde la violaron junto a otros dos miembros de ‘La Manada' italiana. El resto de integrantes se dedicaron a documentar la violación con fotos y vídeos que pasaron a sus conocidos un día después de lo ocurrido.

En esos chats, escribieron: “Nos tiramos a una abuelita; nos volvimos locos”. O, “somos buenos a nada; capaces de todo”. Con esas pruebas, el juzgado los ha considerado culpables tras analizar el ADN y corroborar que, ese día, tanto la turista británica como su hija habían consumido alcohol y estupefacientes.