Imagen de ilustración.

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Confirmado por la ley: es necesaria una mayoría cualificada para instalar una portería en un edificio

Si para poner la garita hay que hacer obras y tocar la estructura del portal, la norma es la misma, se necesitan esas tres quintas partes.

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R.A
Publicada

Llevarse bien con los vecinos no siempre es fácil, sobre todo cuando surgen dudas sobre qué se puede cambiar en el edificio y qué no.

Una de las preguntas que más se repiten en las juntas de vecinos es si se puede poner un servicio de portería o conserjería.

La respuesta es clara, no basta con una mayoría simple.

Aunque parezca un cambio pequeño, la ley y los jueces dicen que poner un portero es algo serio que cambia cómo funciona la comunidad.

No es solo poner una mesa en el portal; significa contratar a una persona, usar espacios comunes que antes estaban libres y, sobre todo, un gasto extra que todos los vecinos tendrán que pagar mes a mes de forma fija.

Por eso, antes de lanzarse, es fundamental echar cuentas y entender que este sueldo se convierte en una carga económica para siempre, afectando incluso a quienes tienen presupuestos más ajustados o priorizan otros arreglos en el edificio.

Para que el acuerdo sea legal, hace falta una mayoría de tres quintas partes, tanto de los propietarios como de las cuotas de participación.

Se hace así para proteger a todo el mundo; la idea es que un gasto tan grande no se decida por un par de votos de diferencia, sino que haya un consenso amplio.

Si para poner la garita hay que hacer obras y tocar la estructura del portal, la norma es la misma, se necesitan esas tres quintas partes.

De esta forma, se asegura que la mayoría de los vecinos está realmente convencida de que el cambio vale la pena y que pueden permitirse ese aumento en el recibo de la comunidad.

Incluso si se consigue el número de votos necesario, hay que tener mucho cuidado con los papeles.

Si no se cuenta bien, si la reunión no se convocó como toca o si hay errores en el acta, cualquier vecino podría llevar el tema al juzgado y anularlo todo.

Es mejor hacer las cosas despacio y bien desde el principio, informando a todos con total transparencia sobre los costes de seguridad social y mantenimiento.

Al final, se trata de evitar líos legales y enfados innecesarios que acaben saliendo más caros que el propio servicio de portería.