Vino.

Vino. E.E.

Salud

Los expertos avisan: beber vino puede disminuir el riesgo de enfermedad cardiovascular y la mortalidad

Un estudio revela los beneficios del consumo de esta bebida si se hace con moderación y se combina con una alimentación saludable.

Más información: De una vez por todas, ¿debemos eliminar el vino de la dieta mediterránea?

Publicada

El vino puede ayudar a reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular y la mortalidad.

Así lo revela un estudio desarrollado por Fundación para la Investigación del Vino y la Nutrición (FIVIN). En él, los expertos han analizado las consecuencias de un consumo moderado de la bebida e integrado en un patrón de alimentación saludable como es la dieta mediterránea.

Estos resultados han sido expuestos durante una sesión científica organizada por la citada entidad en la Casa de la Ciencia de Sevilla, en la delegación del CSIC en Andalucía.

El encuentro ha servido para presentar nuevas evidencias sobre la relación entre vino y salud, así como los resultados de dos proyectos de investigación financiados en la convocatoria de ayudas de 2024.

El doctor Ramón Estruch, catedrático de Medicina y presidente de FIVIN, ha sido el encargado de presentar las conclusiones derivadas del estudio PREDIMED.

Estruch ha destacado que estos resultados "refuerzan la posibilidad de que el vino pueda formar parte de un estilo de vida saludable" siempre que su consumo sea moderado y esté acompañado de una alimentación equilibrada y hábitos saludables.

Nuevas pistas sobre los mecanismos biológicos

La jornada también ha permitido conocer los primeros resultados del proyecto WINEVOME, desarrollado por un grupo de investigación de la Universidad de Sevilla (US).

El trabajo estudia qué sucede en el organismo durante las primeras horas posteriores al consumo de la bebida y se centra en las vesículas extracelulares. Estas son pequeñas partículas que actúan como mensajeros entre células y tejidos.

Los investigadores analizaron muestras de sangre de voluntarios sanos tomadas dos horas después del consumo de vino blanco. Tras ello, observaron cambios en las moléculas transportadas por estas vesículas, relacionados con el metabolismo de polifenoles, aminoácidos, lípidos y vías energéticas.

En una segunda fase, el equipo estudió la interacción de estas vesículas con células de microglía humana y observó modificaciones en la actividad de determinados genes, especialmente cuando las células habían sido expuestas a una proteína relacionada con la enfermedad de Alzheimer.

No obstante, el grupo de expertos avisa de que estos resultados son preliminares.

Vino, sulfitos y microbiota intestinal

Otra de las investigaciones presentadas, dirigida por la investigadora del CSIC Victoria Moreno, indica que los compuestos del vino pueden provocar cambios en la microbiota, aunque en determinadas condiciones experimentales este efecto fue menor después del consumo de vino tinto.

Este trabajo combina estudios en humanos con un simulador del tracto digestivo y abre nuevas líneas de investigación sobre la respuesta individual a estos compuestos.

Durante el encuentro, los especialistas han insistido en que los resultados sobre vino y salud deben interpretarse teniendo en cuenta el conjunto de la alimentación, el estilo de vida y las características individuales de cada persona.

También han advertido de que las investigaciones disponibles no deben interpretarse como una recomendación para comenzar a consumir alcohol.

FIVIN ha subrayado además la importancia de comunicar los resultados científicos de manera objetiva y contextualizada, diferenciando entre los datos obtenidos por los estudios, su interpretación y las conclusiones que puedan extraerse.