Luis Romero.

Luis Romero. E.E.

Opinión OPINIÓN

En la biblioteca del Royal Automobile Club (Parte 2)

Publicada

-Resido temporalmente, me he tomado un año sabático –Respondí al preguntarme ella si trabajaba en Londres.

-¡Ah! ¡Qué suerte!

-¿Tú trabajas?

-Preparo mi tesis en historia del arte.

-¡Qué interesante! ¿Has cenado? –No sé cómo, me vi formulándole una pregunta tan atrevida.

Ella me miró como si pensara que yo era un niño travieso y atrevido.

-¡Pues no!

-¡Te invito a cenar! Es la semana de la langosta en el restaurante central –dije sonriendo a la vez que me fijaba en su gesto para interpretar de qué signo sería su respuesta.

-¡Muchas gracias, sí! Yo soy Virginia ¿Cómo te llamas?

-Me llamo Luis. Encantado, Virginia.

No podía creerme que mi aburrida tarde terminase así.

-¿A qué te dedicas? –Me preguntó ella.

-Soy abogado penalista.

-¡Ah! ¡Muy interesante! ¿Llevas crímenes?

-Sí, muchos.

-¿Bajamos? –Le inquirí yo para desplazarnos al restaurante.

Al levantarse Virginia, observé que era muy alta. Debería medir al menos un metro ochenta. Su figura era muy esbelta y me recordaba la típica figura nórdica. Seguro que era muy deportista.

-¡Así que abogado! –Dijo, esbozando una sonrisa inocente.

-¡Y tú, historiadora!

-¡Arqueóloga!

Empujé una de las hojas de la puerta abatible con vidriera de la biblioteca, dejándola pasar primero, como es natural.

-¿Eres socio del club?

-Tengo la “Temporary member card” por correspondencia con mi club en Madrid ¿Y tú?

-Mi padre es socio hace muchos años pero no viene apenas.

Bajamos por las escaleras dejando a nuestra derecha la sala de televisión y contemplamos en la pared de enfrente un gran retrato de la Reina Isabel II.

En la entrada del restaurante había un Rolls Royce de los años cuarenta de color verde oliva. Le dije a la chica recepcionista de la entrada que no teníamos reserva y nos acompañó hacia una mesa situada junto a los ventanales que daban al jardín.

Aún no podía creerme que estuviese a punto de compartir la cena con una irlandesa a la que acababa de conocer despertando de un sueño precisamente propiciado por su suave y femenina voz.

-¿Has venido mucho al club? –Me preguntó Virginia.

-Vine por primera vez en 2015 con mi familia. Fue todo un descubrimiento. Desde entonces he venido todos los años en mis viajes a Londres.

-¿Te gusta Londres?

-Sí, desde que vine la primera vez como estudiante de inglés se convirtió en mi ciudad favorita.

-A mí me pasó lo mismo. Vine a la universidad y ya quise quedarme para siempre.

¡Por cierto, hablas muy bien en inglés!

-¿Yo? Si solo hablo un inglés muy general.

-¡Pues te entiendo muy bien!

-Quizás sea porque viví con una familia irlandesa cuando estuve aquí estudiando tras terminar mi carrera de Derecho.

-¡Ah! ¡Qué casualidad!

-Sí, era un matrimonio con dos niños pequeños de tres y cinco ¡No me aburría!

-¡Se ve que los abogados sois muy atrevidos! Me has invitado a cenar cuando no hacía ni diez minutos que nos conocíamos –dijo Virginia, mirándome con una sonrisa pícara a la vez que yo clavaba mis ojos en los suyos celestes intensos.

-Fue algo espontáneo. Creo que lo dije sin pensarlo mucho.

-¡Vaya con el abogado español!

Y levantamos nuestra copa de champán helado que nos acababan de servir para brindar.

-Te recomiendo la ensalada de langosta para compartir. Yo pediré después lenguado a la plancha –Le sugerí a mi invitada.

-¡Sí, excelente! Yo tomaré besugo al horno.

-¿Has visitado el museo británico? ¡Supongo que sí! –Preguntó y exclamó Virginia.

-¡Por supuesto! Solo cuando estudiaba en Southampton Road, visitaría el museo al menos veinte veces. Aprovechaba que estaba a quince minutos de Pitmans School.

-Pues yo hago mi tesis sobre el arte egipcio precisamente en el museo británico.

-¡Qué original!

-Vengo aquí para escribir mi tesis.

-¡Buen lugar para concentrarte!

(Continuará la historia la próxima semana)

Posdata.- Es un relato y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Sevilla, a 21 de marzo de 2026.