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La conciliación imposible de las familias monoparentales: "Si eres madre soltera, o pierdes dinero o pierdes el trabajo"
La normativa española permite solicitar la adaptación de jornada por cuidado de menores hasta que estos cumplen 12 años, pero no obliga a la empresa a mantenerla después de esa edad.
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"Si eres madre soltera, o pierdes dinero o pierdes el trabajo". Conciliar la vida laboral y familiar sigue siendo uno de los grandes retos sociales, sobre todo si eres mujer y madre soltera.
El límite legal de los 12 años para la adaptación de jornada, recogido en el artículo 34.8 del Estatuto de los Trabajadores, está dejando a muchas madres y padres solos ante un sistema que aún gira en torno a la familia tradicional.
En este contexto, dos madres sevillanas relatan cómo la ley se queda corta cuando la crianza no se comparte. Todo ello con el añadido de un mercado laboral orientado a una cultura aún "machista".
Loli Ávila trabaja en la planta de Renault en Sevilla. Su jornada laboral "natural" se organiza en tres turnos: mañana, tarde y noche.
Desde que decidió inseminarse para tener a su hijo, Manuel, ha luchado por mantener un turno que le permita cuidarlo. Durante años lo ha conseguido gracias al derecho de conciliación, pero ahora su hijo cumple 12 años y la situación cambia.
"Yo veo que la ley tiene a las familias monoparentales un poco desamparadas", declara a EL ESPAÑOL de Sevilla.
La normativa española permite solicitar la adaptación de jornada por cuidado de menores hasta que estos cumplen 12 años, pero no obliga a la empresa a mantenerla después de esa edad. A partir de ese momento, todo depende de la negociación interna o de la voluntad empresarial.
En el caso de Loli, la consecuencia es clara, porque podría perder el turno de mañana que le permite cuidar de su hijo. "Dependo de que la empresa quiera hacerme el favor", se lamenta la sevillana.
"Trabajo a tres turnos, y estoy de mañana porque mi hijo aún no tiene los 12 años. Los cumple ahora. Yo no veo que mi hijo tenga que quedarse toda la noche solo, o lo que es peor para mí, hasta las once de la noche solo", afirma.
Horas médicas
La situación se agrava cuando se trata de cuidados médicos. Según el convenio laboral, dispone de 16 horas anuales para llevar a su hijo al médico, las mismas que cualquier familia con dos progenitores.
"Tengo las mismas horas para llevar a mi hijo al médico que una familia convencional, cuando yo no tengo con quien compartir eso", expone.
Son 16 horas de médico, pero el hijo de esta sevillana está diagnosticado de una enfermedad "y tiene que ir dos veces al mes al Macarena". "Cada visita son cuatro horas, por lo que ya me como ocho horas", explica.
Con esta limitación, "a poco que, como cualquier otro niño, se ponga malo, ¿qué hago? ¿Se va solo al médico con 12 años?", relata.
Cambio social insuficiente
Su experiencia refleja un cambio social que, según ella, no ha ido acompañado de una evolución legal suficiente.
"En mi empresa de toda la vida han trabajado los hombres y las mujeres se han quedado en casa cuidando, como fue el caso de mi madre. Ahora la gente se separa, las familias son distintas, pero el sistema sigue pensado para la familia tradicional", explica.
En su caso, la única alternativa es pedir el llamado cuarto turno, un horario intensivo de fines de semana que le permitiría estar entre semana con su hijo.
"Por muy progresistas que seamos, en España se sigue apostando por la familia tradicional", se lamenta Loli.
El trabajo o los hijos
Una situación similar vive A.M.N., trabajadora de Mercadona en Sevilla, que prefiere mantener su anonimato al encontrarse en pleno conflicto con la empresa por su conciliación familiar.
Separada y con la custodia de su hija de 13 años, durante años ha trabajado en turno de mañana, pero al superar la niña el límite legal de 12 años, la empresa ha dejado de garantizarle ese horario.
Mercadona trabaja con turnos de mañana y tarde, y la empresa le exige rotar. "Durante todo este tiempo he podido estar de mañana, pero ahora no me lo mantienen porque no lo dice la ley", explica.
La solución ha sido recurrir a su madre, una persona mayor que se encarga de cuidar a la niña por las tardes, pero que no se encuentra con las capacidades físicas suficientes.
"Tengo que estar dejando continuamente a mi hija con mi madre, que es mayor y no tiene fuerzas para estar cuidando y vigilando a una niña en plena preadolescencia", señala.
Para ella, el problema es estructural, ya que "el mercado laboral no está diseñado para mujeres solas con hijos a cargo"
"Al final, en el momento en el que una mujer es madre, o pierde dinero por la reducción horaria o pierde el trabajo, y eso nos lastra continuamente a no poder avanzar ni darle una buena calidad de vida a nuestros hijos", denuncia.
Esta sevillana tiene muy claro que parte del problema se esconde en la desigualdad de género que aún persiste en el reparto de cuidados.
"En mi trabajo los únicos que están bien son los hombres, sobre todo los que tienen en casa a sus mujeres cuidando de los niños o a sus madres", indica.
Sin embargo, si esa posición la adopta una mujer, el prisma cambia. "Si yo hago eso soy una mala madre y una mala trabajadora. Haga lo que haga la sociedad es injusta para nosotras", afirma.
Conciliar en solitario
Las historias de Loli Ávila y A.M.N. reflejan una realidad silenciosa que aprieta especialmente cuando la crianza no se comparte y la conciliación se convierte en una carrera de obstáculos.
Turnos rotativos, permisos insuficientes, hijos que aún necesitan cuidados y empresas que se amparan en los límites legales dibujan un escenario en el que muchas madres deben elegir entre trabajar o cuidar.
Y es que, mientras el modelo familiar cambia, la ley avanza de forma más pausada.