Imagen de la clausura.

Imagen de la clausura. E.E.

Sevilla

Las monjas de clausura que han convertido un convento del siglo XVI en un 'Airbnb': se financian a 100 € la noche

Las estancias estaban habitadas por el Sacristán y su familia, el portero y su pareja o por familiares de las monjas.

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Olor a torrijas y una pequeña ventana con una reja que separa la cocina del recibidor. Un altar en la entrada y un banco de piedra coronado con un cuadro de San Francisco de Asís.

Todo esto impregnado de un silencio que invita a mantenerlo y que solo se rompe con el repique de la campana. Ese sonido que avisa a las hermanas de que es la hora de rezar.

Así es el escenario que recibe a los turistas que deciden alojarse en uno de los enclaves más pintorescos de Sevilla.

No se trata de un hotel de cinco estrellas ni de un apartamento con vistas a la Catedral. Sino de un convento del siglo XVI ubicado en la calle Águilas en el que desde hace dos años duermen -además de monjas, sus familiares y novicias- visitantes venidos de todas las partes del mundo.

El paso de los años no ha hecho que cambie absolutamente nada de la estética del monasterio. O más bien, casi nada.

Solo dos elementos dan alguna pista de que la vida en esta abadía con más años que la Feria de Abril se ha transformado: un cartel azul en la fachada con las letras AT (apartamento turístico) y otro junto al banco de piedra que señala dónde están los "tourist apartaments". Además, claro está, de las cuatro cajas de seguridad en las que se guardan sus llaves.

Imagen del recibidor.

Imagen del recibidor. E.E.

Australianos o americanos

El convento Santa María de Jesús funciona desde 2024 como alojamiento turístico. "Una nueva forma de conseguir fondos para mantenerlo", señala Javier, el encargado de gestionar las visitas y avisar a las clarisas de que hay que adecentar algo, a EL ESPAÑOL de Sevilla.

Lo que empezó como un mero experimento para tapar agujeros -literalmente-, se ha convertido en el nuevo modo de vida de las clarisas, la orden más estricta de todas. Ora et labora, en esto se basan sus vidas.

Desde que las hermanas decidieron acondicionar cuatro de los apartamentos que tiene el convento, el éxito ha sido rotundo: "Más de un 80 por ciento de ocupación, prácticamente todo el año con gente".

Imagen del convento.

Imagen del convento. E.E.

Antiguamente, las estancias que ahora se alquilan estaban habitadas por el Sacristán y su familia, el portero y su pareja, servían de alojamiento para los familiares de las monjas y tenían función de pajarera.

Pero, cuando el bolsillo aprieta, la imaginación florece. Por eso, ahora son americanos, australianos, británicos, franceses y, aunque pocos, españoles los que pernoctan en ellos. Tal y como señala el administrador, "la gran mayoría de huéspedes" vienen de fuera de nuestras fronteras y pagan alrededor de 100 por noche.

Además, subraya, "son los que más lo valoran todo". Su testimonio se confirma cuando, en medio de la conversación, una pareja de guiris irrumpe en la estancia.

Sin restricciones

Ya no solo se escucha la campana, sino también "What time does it close?" (a qué hora cierra). La respuesta está clara. A ninguna. Quienes se alojan en el monasterio "no tienen restricciones," salvo, claro está, la clausura. A ella no se accede.

Como en cualquier otro establecimiento hotelero de la ciudad, las temporadas altas siempre son las mismas. Con la primavera se reserva prácticamente el cien por cien y los meses de verano se queda desierto.

Sin embargo, el desembarco de turistas en sus instalaciones "no ha hecho que las monjas hayan recuperado la inversión inicial". Por ello, las hermanas, "no se plantean cerrarlos" ni tampoco "pasar de alojamientos vacacionales a otros de larga duración".

Imagen de la terraza de uno de los apartamentos.

Imagen de la terraza de uno de los apartamentos. E.E.

Los límites del convento están claramente establecidos. Una verja separa la zona a la que sí pueden entrar los visitantes -que "poco a poco están decorando las monjas con azulejos"- de la clausura.

Y es que el nuevo método de financiación no ha cambiado la forma de vida de las hermanas. "Ellas no se enteran de que aquí hay gente", por eso "no se plantean cerrar los alojamientos" pero tampoco "cambiar a estancias más largas".

Imagen del interior de unos apartamentos.

Imagen del interior de unos apartamentos. E.E.

También en San Leandro

Personal contratado es el encargado de poner a punto los cuatro apartamentos -equipados con todo lujo de detalles- para la próxima entrada. Algo que no pasa en el convento San Leandro, ubicado en Plaza de San Ildefonso, también en pleno Casco Histórico.

Desde el pasado verano, esta abadía cuenta con una hospedería porque la comunidad "no quería meterse en la vorágine de los apartamentos".

"Las hermanas llevaban casi una década queriéndola abrir, pero las obras no se han podido llevar a cabo hasta ahora", relata Salvador, a este medio.

Él es quien se encarga de atender al teléfono y hablar con los medios -como ha sido en este caso-. También de gestionar las reservas que entran por Booking. "Yo soy profesor de Historia, pero conozco desde hace 20 años a las monjas y las ayudo con esto".

Al contrario que en su predecesor, aquí sí son las hermanas las encargadas de acondicionar las habitaciones.

El precio de la noche siempre es el mismo en San Leandro. 90 euros si es entre semana y 100 si cae en sábado o domingo. Los de afuera lo pagan sin problemas, pero "los españoles ponen pegas".

"Nos vino un hombre diciendo que era demasiado caro. Estamos en el centro de Sevilla, no sé qué más se puede pedir", sostiene Salvador.

En definitiva, la apertura al turismo se ha convertido en una vía de ingresos necesaria para estas comunidades, que buscan conservar sus edificios sin cambiar su forma de vida.

Los visitantes llegan atraídos por la singularidad del lugar, mientras las monjas continúan con su día a día tras la clausura.