Dicen que, a lo largo de su vida, una persona puede cambiar de coche, de casa, de amigos, de pareja, de forma de vestir, de gustos musicales, de partido político y hasta de nacionalidad. Que lo difícil de verdad es cambiar de equipo de fútbol. Evolucionas o involucionas, pero tu equipo se queda. Porque te lo transmitió tu padre, tu abuela o tu mejor amigo. Porque te enamoró un jugador o una generación entera que ganó títulos. La fidelidad a los colores es algo que se escapa a la razón. Cambiar de equipo es casi inconcebible.

El fútbol no debería estar ligado a la política, pero confluye y condiciona aunque no queramos. El caso más paradigmático es Cataluña. Un vasco puede ser del Athletic, de la Real o del Alavés sin que ello infiera en su ideología política. Lo mismo pasa en Galicia, Asturias o Andalucía. Pero Cataluña es diferente. El Barça es “més que un club” y siempre se ha identificado con los valores más nacionalistas. El segundo equipo de Cataluña en número de seguidores es el Real Madrid, el equipo de la capital de España. El tercer equipo en simpatizantes es el Espanyol, que lleva el estigma en su nombre.

La bandera estalada independentista con el escudo del Real Madrid Javier Muñoz

En Cataluña hay una línea roja que jamás se ha cruzado: la que separa al madridismo del independentismo. Es más, lo primero podía condicionar lo segundo y viceversa. El madridista de cuna se veía inexorablemente abocado a posturas políticas próximas a la unión con España. El que nacía en una familia independentista se hacía del Barça. Aunque no le gustase el fútbol. Por una cuestión de principios. Como mucho del Espanyol, un equipo catalán. Nunca del Madrid.

Escribir este reportaje hubiera sido muy difícil antes de 2010. Es la fecha en la que tumban el Estatut. Es el año en el que el independentismo catalán empieza a correr. Hasta entonces, madridismo e independentismo eran dos conceptos antagónicos que nadie imaginaba en un mismo cerebro. Pero eso ha cambiado mucho. El independentismo ha ganado muchos adeptos en estos últimos 7 años y ha calado en gente que era del Madrid… y decidió seguir siéndolo. Ildefonso, Óscar, Sergio o Ferran ilustran esta transformación que, aunque pudiera parecer un oxímoron, crece por momentos. Se quieren ir de España, pero son del Real Madrid.

ILDEFONSO DOBLAS MERINO

Terrassa, 1970.

Empresario, político de PDeCAT y socio del Real Madrid.

Ildefonso Doblas muestra su carnet de militante convergente y el de socio del Real Madrid D.L.F.

“Mi padre me transmitió su pasión por el fútbol. Murió hace poco. Estuvo dos años enfermo, sin salir de casa. Estaba abonado a todos los canales de fútbol. Poder ver partidos fue lo que le permitió sobrellevar esa última fase tan dura”, cuenta este empresario de 47 años. Su padre, un emigrante de Santaella (Córdoba), era del Real Madrid. Ildefonso le siguió sus pasos. Jugó a fútbol durante toda su juventud, luego se hizo entrenador y ahora preside el CF Bonaire y es vicepresidente del Terrassa CF.

Doblas se hizo socio del Madrid en 2004. En 2007 ingresó en CiU. Unas negociaciones con los convergentes por unos asuntos del club de fútbol que presidía les unieron. De mero militante pasó a la acción política. Formó parte de las listas electorales por Convergència en Terrassa hasta en dos elecciones municipales. “Soy de derechas, soy merengue y soy catalán. He vivido el fútbol y la política desde dentro. Y creo que España nos ha abandonado. Nos abandonó hace tiempo”, declara.

Confiesa que cuando empezó en político “igual era independentista al 60%. No estaba tan convencido, pero lo que está pasando ahora ya te crispa. Yo me he acabado haciendo independentista por lo que estoy viviendo. España nunca se ha sentado a negociar. Tumbaron el Estatut, saben que faltan infraestructuras, saben lo que aportamos y lo que recibimos. Pero han preferido nunca han querido hablar. Y el malestar de la gente se ha traducido en esto. ¿Cómo están respondiendo? Persiguiendo urnas y deteniendo a gente en lugar de hablar y dialogar”.

¿Es compatible pensar así con ser del Madrid? “No sólo es compatible. Yo soy socio y voy a hacer socios a mis hijos, que también son merengues e independentistas. Serán precisamente los jóvenes, los de las próximas generaciones, los que normalicen eso”, sentencia. “Tu equipo no puede estar ligado a una idea política o un partido; yo siempre he querido separar ambas cosas. El Real Madrid es el equipo que siempre he sentido y el que sentía mi padre. No tiene nada que ver con que yo quiera lo mejor para mi tierra y mis hijos, vivir en mejores condiciones, tener más infraestructuras o que quiera que la gente vote para expresarse”, resume.

¿Y la selección española? “Forofo he sido yo de la selección española. Yo grité como un loco el gol de la final de Mundial. Iniesta de mi vida… y Piqué de mi corazón, fíjate lo que te digo siendo madridista. Y me va a seguir gustando. ¿Por qué no? Que ser independiente no significa odiar a España”. Sobre una hipotética liga catalana, Doblas no cree que el Barça llegase a salir: “No concibo una liga española sin Barça y Madrid. Tendemos a lo contrario, a una gran liga europea de la que se ha hablado tanto tiempo; en baloncesto han estado a punto de salir los principales clubes para montar una competición continental paralela. Esas cosas cambian”. Pero si esa liga catalana se hiciese realidad, tiene claro que iría con el Terrassa, el club del que es vicepresidente.

Salió a celebrar la última Champions de su equipo por las calles de su ciudad “aunque siempre te molesta escuchar cánticos contra los catalanes y sabes que en esas celebraciones hay muchos”. Reconoce que cuando va a Madrid “más allá de algún ‘polacos’ o ‘putos catalanes’ que oyes por el Bernabeu, nunca he tenido ningún problema por ser catalán”. También que no está contento “con el tratamiento que hace TV3 con la información del Madrid; al final es el segundo equipo de Cataluña y es la televisión pública”, recuerda. En su partido PDeCAT le llaman “El Merengón”, como le llaman en su partido PDeCAT, sabe que es casi un bicho raro, pero asegura llevar con orgullo “poder luchar por lo que creo que es el mejor futuro para mis hijos” sin dejar de sentir el equipo de fútbol que le legó su padre.

Óscar Serrano Miranda

Vic, 1996

Estudiante de periodismo y locutor de radio

Óscar Serrano con una estelada y la camiseta del Madrid de los Galácticos D.L.F.

Óscar también fue madridista antes que independentista. Se enamoró del Madrid de los Galácticos. “Para mí aquel equipo con Zidane. Ronaldo, Figo y los demás fue ‘una bogeria’ (una locura). Me entusiasmaba como jugaban, lo elegía siempre en la videoconsola, me compraron la camiseta que me iba como cuatro tallas grandes…” recuerda ahora divertido.

En su caso, no fue su familia la que le transmitió el madridismo sino al revés: “Mis padres son cordobeses y no son independentistas. De hecho, no están a favor del referéndum. Pero nunca fueron muy aficionados. Mi padre no empezó a seguir en serio el fútbol hasta que a mí me empezó a entusiasmar aquel Madrid”. La Era Galáctica del Madrid duró desde el año 2000 a 2006, por lo que a Óscar, que nació en 1996, le pilló siendo un niño.

Las inquietudes políticas de Óscar llegaron más tarde. "En la adolescencia, durante la ESO quizás. Es cuando empiezas a estudiar, a relacionarte con gente, a leer e interesarte más por el tema. Fue ahí cuando empecé también a tener sentimiento por mi tierra”, Ese cóctel le convirtió en una ‘rara avis’ en su entorno: “Yo ya era madridista e independentista cuando aquello podía suponer hasta la marginación social”, ríe ahora, pero reconoce que “mis amigos se lo toman bien. Bromean diciéndome que soy muy buen tío y que el único defecto que tengo es que soy del Madrid”.

Óscar Serrano reconoce “haber cantado el ‘Yo soy español’; lo hice en su momento y no creo que tenga que ser algo de lo que avergonzarme. Me gusta la selección española, como puede gustarme la francesa o la alemana. Yo no odio ni odiaré a España. Mi problema no es con España sino con la política española”, aclara. 

¿Por qué cree que Cataluña tendría que ser independiente? “Tenemos muchos porqués. Por el simple hecho de que somos un país aparte. Tenemos una lengua, una cultura y una forma de pensar diferente, incluso en cuestión política. Sólo hay que ver en las elecciones que los partidos que suelen gobernar en España son prácticamente residuales en Cataluña. SI la relación está tan deteriorada, lo mejor es irse. Un presidente que dice “Me gustan los catalanes; hacen cosas”, no nos puede dirigir, ni decir cómo tenemos que llevar nuestra tierra y nuestra financiación”, resume.

Tampoco cree que se vaya a producir la separación de ligas de fútbol: “El Real Madrid, el Barça y la propia liga saldrían perdiendo. No creo que eso vaya a pasar”. Pero llegado ese caso hipotético, en la liga catalana “iría con el Girona, que es el equipo que más me gusta en Cataluña”. Y, por supuesto, seguiría siendo del Madrid.

Sergio Fernández Abadías

Barcelona, 1994

Comercial

El caso de Sergio Fernández es curioso. Entre la foto de la izquierda y la de la derecha hay 7 años de diferencia.

7 años de diferencia entre la foto de la izquierda, cuando Sergio era forofo de La Roja, y la derecha, ya reconocido independentista D.L.F.

La primera es Sergio, con su camiseta del Madrid, celebrando el Mundial de España delante de una pantalla gigante instalada en Barcelona. Era 2010 y un patriota (y entonces monárquico) Sergio no sólo cantaba el ‘Yo soy español’. También otros cánticos con mayor carga ideológica como la de ‘España es una y no cincuenta y una” o “No nos engañan: Cataluña es España”. La imagen está extraída de un documental de TVE que se tituló “El día que todos ganamos”, que se grabó tras el éxito de la selección y cuyo enfoque contemplaba a la selección como herramienta de cohesión entre catalanes y españoles. La imagen de un Sergio desgañitado con La Roja apareció en varios medios y su cara se convirtió de algún modo en una de las imágenes que ilustró aquel éxito de la selección.

La segunda foto es del pasado 11 de septiembre, de la última Diada. Aparece Sergio, con 7 años más y una bandera estelada. Publicó este montaje fotográfico con un largo mensaje en su cuenta de Facebook que ya ha sido compartido más de 27.000 veces. Ahí explica Sergio todo su arco de transformación.

Aquel Mundial pasó. En 2012 viajó desde Barcelona a Madrid en la última jornada de liga, para celebrar el título de su equipo. “Hasta que llegué a Cibeles (…) nunca había visto tanto odio por una cultura o identidad. Estoy seguro de que cristianos y musulmanes se tienen más respeto del que le tienen los españoles a los catalanes”. Aquello le afectó. Sergio cita "catalanes cerdos” o “polacos basura” como algunos de los insultos que más recuerda. Lo compara con la reacción que tuvieron los independentistas dos años antes, cuando celebraba el Mundial con la bandera de España, y asegura que entonces no recibió ni un solo insulto por ir con la rojigualda

A partir de ahí fue variando tanto su planteamiento político como el deportivo: “Al principio me sentía muy orgulloso de ser español. Deje de estarlo cuando llegó Rajoy. El verdadero cambio llegó cuando Artur Mas solicitó el pacto fiscal y fue rechazado. Yo en las manifestaciones cantaba “pacte fiscal o in, inde, independencia”. Creo que si se hubiera alcanzado pacto fiscal difícilmente hubiera apostado por la independencia”.

Pero acabó dando ese paso y dejando atónitos a sus amigos, que le preguntaban cómo era posible que hubiese pasado de pintarse la cara con la bandera de España a pedir la independencia: “Ahora son ellos los que la piden”, asegura. Sergio, de abuelos de Zamora y Aragón, también ha dejado de ser monárquico e incluso aficionado al fútbol. Su ideología política ha virado hacia la izquierda y le ha hecho considerar “lamentable que como sociedad toleremos que se paguen cientos de millones en fichajes cuando hay familias a las que les están cortando el gas y se tienen que duchar con agua fría. El fútbol ha dejado de ser un deporte en el ámbito profesional y se ha convertido en un espectáculo”, concluye.

Ferran Valls Tor

Barcelona, 1994

Estudiante de cocina

Ferran fue al Camp Nou con su cuello cubierto por el escudo del Real Madrid

Ferran es el caso más ilustrativo del concepto “nadar contra corriente”. Es el único caso de estos cuatro testimonios cuyas raíces son totalmente catalanas. El único sin orígenes charnegos. Su familia, además, es del Barça en pleno. Por eso les sorprendió tanto a todos que con 5 años Ferran se saltase la norma por su cuenta y se hiciese del Madrid.

Ferran es otro de esos casos, como Óscar Serrano, que se enamoró de los Galácticos, y más concretamente de Zidane. “Verlo jugar era algo superior; es irrepetible”. El francés y la generación que lideró, fueron los responsables de que este estudiante de chef abrazase la fe blanca.

Su independentismo es más reciente. “Quiero la independencia desde que he sido consciente del momento que están atravesando las relaciones entre Cataluña y España. Aportamos más que el resto de comunidades autónomas, recibimos menos, tenemos menos derechos. Yo no odio a España y me he alegrado de los triunfos de La Roja. Estoy seguro que si los políticos no nos estuviesen tratando así, yo no sería independentista”, resume.

Estuvo a punto de llevar su causa madridista independentista a la celebración de la última Diada: “Valoré hasta última hora ir a la manifestación con mi camiseta del Madrid. Pero después pensé que quizás provocaría tensión y que no era necesario. Decidí no llevarla y sí que cogí mi estelada, pero me vestí totalmente de blanco”.

¿Qué les dice a los que le acusan de incurrir en una contradicción? “Lo mismo que les recuerdo a mis amigos independentistas del Barça: que su equipo fue fundado por un suizo y el mío por dos catalanes”, contesta con sorna. Precisamente en el campo del eterno rival tuvo el único incidente que recuerda por ser madridista: “Fui al Camp Nou con un ‘buff’ (una especie de bufanda que cubre el cuello) blanco con el escudo del Real Madrid. Colgué la foto en redes y uno de ‘boixos’ me insultó y me amenazó. Pero la cosa no pasó de ahí”.

Confía en que la liga española no se desmembre: “Igual que juega el Mónaco en Francia. No me gustaría ver al Barça salir de la liga, le da mucha vida”. Tampoco el RCD Espanyol, que sería su equipo en caso de que los equipos catalanes tuviesen que abandonar la LFP. Mientras tanto, sigue con la idea de viajar a Madrid para ver un partido de su equipo en el Bernabeu.

 

CONCLUSIONES

El madridista catalán es una especie distinta al resto de merengues. La carga ideológica viene incluida per se. Ser catalán y heredar esos colores te proyecta, por inercia, hacia ciertos posicionamientos políticos más afines al nacionalismo español que al catalán.

El madridista catalán es distinto al de Madrid. En una ocasión, una conocida del Barrio de Salamanca me confesó que a ella no le gustaba el fútbol, “pero soy del Real Madrid porque tiene más clase”. Eso no sucede en Cataluña. Las burguesía catalana, las clases altas, son del Barça o incluso del Espanyol. El madridismo catalán tiene unas connotaciones distintas. Lo trae el proletariado. La clase trabajadora que llega a Cataluña entre los 50 y los 70, procedente del sur de España. El emigrante. El madridista catalán es charnego por definición. Ser madridista en Cataluña puede tener, aunque a priori parezca otra contradicción, un componente obrero y reivindicativo que no tiene en ninguna otra parte del mundo.

También en materia de nacionalismos está marcado. Ahí el madridismo catalán siempre fue un coto cerrado. El culé podía ser favorable o contrario a la independencia, porque el Barça aglutina a la mayor parte de la sociedad catalana. También el perico, porque a fin de cuentas se trata de otro equipo catalán. Pero el madridista no podía ser independentista y punto. Y eso es algo que se percibe igual desde el otro lado. A menudo, el independentista culé excluye al madridista por el mero hecho de serlo. El exvicepresidente del Barça, Toni Freixa, llegó a declarar que "no es posible ser madridista y catalán al mismo tiempo". 

Tal vez desde fuera se pueda ver como una cuestión anecdótica. Pero desde dentro se percibe significativa y de ella se desprenden al menos dos conclusiones.

La primera es que la mentalidad de la sociedad catalana ha cambiado hasta un extremo inimaginable hace una década. Y parece un punto de no retorno. Las superestructuras han variado. Se ha atravesado una de las últimas fronteras: chavales que sienten el Madrid desde pequeños, pero que residen en Cataluña y se han desengañado con España a medida que han ido creciendo. Y cada vez hay más. Es sintomático; el problema lo tiene el que no quiera verlo.

La segunda es que el fútbol va por su cuenta y está por encima de ideologías políticas, evoluciones y reivindicaciones. Tanto da que uno sea independentista o no. Que sea del Barça o del Madrid. Que quiera prohibir el referéndum o que vaya a ir a votar. Que antes sintiese un país y ahora otro. El equipo van por dentro y por libre, y es casi imposible renunciar a él. La política condiciona y usa al fútbol como herramienta. Pero al final, el escudo tira más.

El día que se retiró Maradona en La Bombonera, mandó un mensaje a sus críticos para que dejasen de mezclar su vida personal con el fútbol: "La pelota no se mancha", resumió. Esto es lo que persiguen estos nuevos independentistas: en su caso, separar el fútbol de la política. Y desde una Cataluña independiente, animar al Real Madrid. ¿Contradicción? Está pasando y está creciendo.