Se querían. Se querían muchísimo. Aunque ya tenían una edad (74 años cada uno), a Pilar e Ildefonso siempre se les veía juntos y cogidos de la mano. Paseando por las calles de su pueblo, Villafranca de los Caballeros (Toledo) o por los jardines de la residencia en la que habían pasado sus últimos días. Ella había sido operada de un tumor mamario y la Junta de Castilla La Mancha le pagó una estancia de un mes y medio en el geriátrico. Él se fue con ella.

Tanto se querían, que a todos en el pueblo les extrañó que él la hubiese matado. Fue la primera hipótesis que circuló entre los vecinos cuando encontraron sus cadáveres. La estancia en la residencia se les acababa el viernes y ya estaban haciendo los preparativos para volver a su casa.

El miércoles les echaron en falta en el comedor del centro. Los propios trabajadores dieron la voz de alarma. Dos empleados se desplazaron a su domicilio acompañados del yerno de la pareja y dos policías municipales. En el salón de la casa se encontraron la macabra escena: Pilar yacía muerta en el suelo, boca abajo, sobre un charco de sangre y al lado de un cuchillo. Ildefonso estaba sentado en el sofá con el vientre rajado.

“Los civiles acordonaron la calle y no dejaron pasar a nadie” cuenta un cliente de La Humanitaria, un bar del pueblo. Una posada fundada en 1897 que tiene a Quijote y Sancho pintados en la fachada. Es una tasca de las de antes, con suelo de terrazo lleno de servilletas, las fichas de dominó encima de la mesa y el futbolín todavía a 50 céntimos la partida.

Los clientes dejan de ver la telenovela de La 1 para referirse al suceso, el único tema de conversación hoy en el pueblo. Otro cliente apunta: “Creíamos que habría sido cosa de dos hombres que se habrían peleado por una linde, que esas cosas pasan. No nos imaginábamos que nadie hubiese matado a nadie. Y menos ese matrimonio...”. Pero la falta de información hizo que la versión del asesinato machista corriese como un reguero de pólvora.

DOS MOTOS EN EL PUEBLO DE LAS BICICLETAS

Villafranca de los Caballeros es conocido como el pueblo de las bicicletas. Sin embargo, Pilar e Ildefonso lo recorrían subidos en sendas motos elétrcicas. D. López Frías

En la puerta de la posada, como en el resto del pueblo, hay decenas de bicicletas aparcadas. Villafranca de los Caballeros es conocida como 'el pueblo de las bicicletas' porque es el medio de transporte favorito de los vecinos. “Aquí todo el mundo va en bici. Somos la Amsterdam de La Mancha” cuenta el camarero. Un parroquiano explica que “salimos el otro día en un programa de la tele y nos pusieron Villafranca de las Bicicletas”. 

Ildefonso y Pilar ya no tenía bicicleta, pero sí dos pequeñas motos eléctricas con las que recorrían el pueblo. Era, según dicen sus allegados, una estampa característica del pueblo. “Siempre los veías juntos, cada uno con su motorillo. Como tenían achaques y no podían caminar mucho, iban así por el pueblo”, coinciden los vecinos que les conocieron, que son casi todos porque Villafranca no llega a los 6.000 habitantes.

Últimamente las cogían menos porque ella estaba convaleciente de la operación. “En los últimos días, Pilar no se encontraba muy bien. Tenía la tensión muy, muy alta”. Lo cuenta una de las trabajadoras de la Residencia Cristo de Santa Ana desde la puerta de la habitación 124, la misma que el matrimonio había ocupado hasta el miércoles.

La relación tan idílica que demostraba el matrimonio chocaba a priori con la hipótesis del asesinato machista. "Igual la gente empezó a decir que la había matado porque lo que encontraron fue dos cadáveres y sangre. Al parecer Ildefonso sí que tenía un aspecto horroroso, por lo de las tripas fuera. Pero Pilar no tenía indicios de violencia. Al menos por la espalda, que fue lo único que vieron al encontrarla boca abajo. Nadie la tocó para darle la vuelta, porque eso es cosa de la policía judicial. Así que no supimos si ella, en su parte frontal, tenía lesiones o no” cuentan fuentes municipales.

COMPRANDO VERDURAS Y MEDICINAS

Mientras los medios publicaban titulares referidos a un asesinato machista, en el pueblo ya se manejaba otra hipótesis: un suicidio pactado. “Tenían que abandonar la residencia esta misma semana. Ella estaba mal y lo mismo decidieron irse juntos. O eso decían por el pueblo. Pero es que por el pueblo dicen muchas cosas” cuenta una vecina que vive frente al Ayuntamiento. “Yo no me lo creí, porque estuve hablando con ella esa misma mañana en el mercado y la vi comprando puerros. Quiero puerros, dijo. Y una persona que está comprando verduras y ha ido a por recetas no está pensando en matarse. Digo yo”.

En efecto, el matrimonio había pasado la mañana por el centro de salud para recoger recetas de medicamentos tensionales. Y luego volvieron a casa. No salieron de allí, no fueron a comer al geriátrico, les echaron de menos y encontraron sus cuerpos sobre las 4 de la tarde.

A medida que fueron avanzando las horas, las informaciones iban descartando la hipótesis de la violencia de género. La propia Delegación de Gobierno de Toledo confirmó que esa idea perdía fuerza por momentos. No se sabe si fue desde allí desde donde filtraron la versión que, a falta de confirmación oficial por las autopsias, ha quedado aceptada por todo el pueblo: ella falleció de forma natural. Él, al ver a su esposa muerta, se suicidó.

SE HIZO EL HARAKIRI

El funeral de la pareja, esta misma tarde.

Cuentan fuentes municipales que la versión que más credibilidad les merece es esa: el matrimonio habría llegado de su periplo matinal por el mercado y el ambulatorio. Estaban preparando su vuelta a casa, que se iba a producir el sábado. Ya en el domicilio, a ella le habría sobrevenido algún tipo de síncope. Un infarto o una subida fatal de tensión, cayendo fulminada en el salón. Ildefonso estaría en otra estancia de la casa. Cuando oyó el ruido acudió hasta el comedor y vio el cadáver de su mujer, que habría muerto de inmediato. “Esto lo deducimos porque imaginamos que si aún respirase, su marido habría avisado a la ambulancia” cuentan fuentes municipales.

En esa tesitura, Ildefonso enloqueció, perdió el control y decidió quitarse la vida e irse con su mujer. Agarró un cuchillo de grandes dimensiones y se practicó el harakirique es él método de suicidio más conocido de Japón: hincó el filo en un extremo de su vientre y se lo rajó. Murió desangrado en el sofá, al lado de su esposa. Así se los encontraron.

“Esa es la versión que creemos. O mejor dicho, la que queremos. Porque confirmación no tenemos, pero es que fíjate qué diferencia para la familia. No es lo mismo que tu padre haya matado a tu madre, o que se haya suicidado al ver que ella fallece. En cualquier caso, pedimos prudencia hasta que no quede todo aclarado ” pide Julián Bolaños, alcalde de Villafranca.

La familia no quiere hablar. O no puede, como le pasa a Pili, la hija del matrimonio. En el tanatorio se encontraba en estado de shock y era su marido, el mismo que encontró los cadáveres, el que despachaba con educación a la prensa: “Lo único que queremos es un poco de intimidad”, pedía antes del funeral, que tuvo lugar el viernes a las seis de la tarde.

EL GOBIERNO CONFIRMA LA MUERTE NATURAL

Centro de la localidad de Villafranca de los Caballeros.

A última hora de la tarde, después del entierro, la Delegación de Gobierno de Toledo confirmó que Pilar había fallecido por causas naturales. En sólo unas horas, el suceso había pasado de crimen por violencia de género a muestra trágica de amor. De asesinato, a suicidio por no querer seguir viviendo si no era al lado de su mujer. Como Romeo y Julieta o los Amantes de Teruel. En este caso, de Villafranca. Ildefonso y Pilar nacieron el mismo año. Pasaron la vida entera juntos. ¿Por qué no irse con ella? Que ni la muerte los separe.

Por la puerta del tanatorio pasan bicicletas. Los ciclistas paran y miran la esquela conjunta del matrimonio. En la puerta hay más vecinos. Alguno llega y formula la pregunta del millón: “¿Qué pasó en esa casa?”. Lo que pasó nadie lo sabrá. Lo que sí que ha quedado confirmado es que Ildefonso no mató a Pilar. “¿Cómo la iba a matar, con lo mucho que se querían?”