Belgrado

Lavan la ropa y ésta se seca entre la nieve. Se duchan en medio de un paisaje congelado. La vida de los refugiados a temperaturas extremas es inimaginable.

Noticias relacionadas

Conversando con algunos de los refugiados, en los cuatro días que les he acompañado, un chico de Afganistán me contaba que había trabajado de fixer para los americanos durante la guerra y que después de esta, los talibanes lo habían amenazado de muerte. Él había pedido ayuda a los americanos y estos le respondieron que el trámite podía tardar hasta un año. Decía que no podía arriesgarse tanto tiempo, le podía costar la vida. Tuvo que marcharse de su país y ahora está en Belgrado a la espera de poder cruzar la frontera con Hungría y seguir su ruta hacia Europa.

Otro chico de Siria me explicaba que había perdido a toda su familia durante un bombardeo y que su casa había quedado totalmente destruida. No lo quedaba otra alternativa que huir de su país si quería seguir con vida, solo pide respeto y una nueva oportunidad en la vida.

Según cifras oficiales, el número de refugiados que hay en Serbia es de 6.000, pero según Médicos del Mundo y otras oenegés pueden llegar a los 10.000. La situación ya es grave de por sí, ya que la mayoría de ellos, unos 2.000, viven en almacenes abandonados junto a la estación de tren de Belgrado, a unos 10 minutos del centro de la ciudad. Otros viven en vagones de tren abandonados, sin agua potable, sin luz y a temperaturas que han llegado a 20 grados bajo cero en esta ola de frío que ha azotado la zona. La higiene es uno de los aspectos que llama la atención, ya que debido al frío y al no tener agua corriente muchas personas tienen sarna y piojos.

La ayuda humanitaria se ha visto mermada estos últimos meses por orden del Gobierno serbio. Este ha prohibido a las organizaciones no gubernamentales a repartir alimentos entre los refugiados, en teoría para obligarles a que acudan a centros instalados por el propio Gobierno. Ellos no se fían, piensan que les van a deportar a sus países de origen (en algunos casos ha ocurrido). Aun así, la organización Hot Food Idomeni les lleva comida caliente todos los días y se forman colas que recuerdan a las imágenes de la Segunda Guerra Mundial. Los voluntarios llegan a repartir entre 300 y 500 raciones.

Un grupo de refugiados afganos descansan en el interior de unos almacenes abandonados a unos 10 minutos del centro de Belgrado, Serbia Marcos Moreno

Estas personas esperan a que abran las fronteras para poder llegar a Europa e intentar empezar una nueva vida. Muchos de ellos tienen gripe y problemas respiratorios debido al humo inhalado en el interior de los almacenes, ya que hacen hogueras para calentarse y poder soportar el frío. Para bañarse, hacen una hoguera con la que calientan un barreño de metal y con un jabón de manos se asean como pueden. Algunas organizaciones no gubernamentales siguen proporcionándoles ayuda y atención médica.

Un grupo de refugiados cargan sus móviles en el centro Aid Miksalište. Marcos Moreno

Los niños y las mujeres embarazadas están en centros gubernamentales o en hostales alquilados por oenegés. No nos permitieron fotografiarlos. Las fotos de las vías del tren son refugiados que caminan por ellas hasta llegar a la frontera con Hungría para intentar pasar, aunque solo se lo permiten a 10 personas cada día.