Se suponía que debía velar por la seguridad de los demás, pero el guardia civil Antonio Manuel Guerrero Escudero, ese chico “amable y formal” que deslumbró durante el año de prácticas a sus compañeros del cuartel de Pozoblanco (20.000 habitantes, Córdoba), escondía un secreto casi inconfesable. Sólo sus amigos más íntimos lo conocían.

El joven, de 28 años, no sólo participó el pasado julio en la presunta violación de una chica madrileña de 18 años a manos de cinco sevillanos durante los Sanfermines -motivo por el que todos se encuentran en prisión provisional-. Dos meses antes, durante la madrugada del sábado 30 de abril al 1 de mayo, intervino en los abusos cometidos por él y tres de sus cuatro amigos sobre una joven de 21 años que vive en el pueblo en el que estaba dando sus primeros pasos como agente de la Benemérita.

En esta primera ocasión se piensa que los jóvenes usaron alguna droga (probablemente la conocida como burundanga, que anula la voluntad de quien la toma) para abusar de la chica. Además, como harían dos meses después en Pamplona, también decidieron grabar un vídeo que a las pocas horas difundieron en un par de grupos de Whatsapp con amigos.

Sucedió durante la Feria de Torrecampo, una pequeña localidad cordobesa de 1.200 habitantes situada a sólo 20 kilómetros de Pozoblanco, donde el guardia civil estaba a punto de finalizar su año de prácticas dentro del cuerpo tras aprobar en 2014 el examen de ingreso y pasar por la academia del Instituto Armado en Baeza (Jaén).

En Pozoblanco el chico trabajaba a turnos aleatorios y siempre bajo la supervisión de un superior realizando diversas tareas, desde vigilancia en las calles hasta atender a víctimas de robos o de violencia de género. Pronto iba a cumplir un año allí y se emitiría un informe favorable de él.

Cuando no estaba de servicio, Antonio Manuel solía acudir al Gimnasio Zeus, donde hizo varias amistades. Cuando el periodista visita el centro deportivo, varios hombres musculados cincelan sus bíceps. 

“Venid a la feria de Torrecampo, el pueblo de aquí al lao. Aquí hay fiesta seguro”, había escrito días antes Antonio Manuel en un grupo de amigos a través del teléfono móvil. El guardia civil convenció a parte de su manada (así es como tienen puesto a uno de esos chats de Whatsapp) y tres de sus amigos recorrieron 217 kilómetros por carretera el sábado 30 de abril, desde Sevilla hasta Pozoblanco, para reencontrarse con él y salir de juerga por la noche.

Fueron los biris (ultras radicales del Sevilla) José Ángel Prenda Martínez y Jesús Escudero Domínguez, y el militar Alfonso Jesús Cabezuelo Entrena. Los tres tenían antecedentes por diversos motivos: riña tumultuaria, conducción temeraria, desorden público...

Una vez reunidos los cuatro amigos, se desplazaron en coche hasta Torrecampo, que estaba viviendo sus fiestas patronales y en donde el guardia civil tenía algunos conocidos. Entre ellos, a una chica con la que había tenido varias citas desde su llegada a la zona. La relación entre ambos no siguió hacia delante porque ella “quería algo más serio” pero Antonio Manuel, con pareja formal en Sevilla, no podía dárselo.

Durante aquella noche de parranda, entre alcohol y sevillanas, los cuatro amigos conocieron a una chica de 21 años. Era rubia, guapa y simpática. La manada se lanzó a por ella. Cuando la joven quiso volverse a casa, los sevillanos se ofrecieron a llevarla en coche hasta Pozoblanco.

En el centro, el guardia civil detenido durante una noche de fiesta.

Sin embargo, cuando la chica entró en la parte trasera del vehículo cayó “en un estado de profunda inconsciencia”. Al volante iba el guardia civil. Mientras, en los asientos traseros del coche, sus tres amigos la desnudaban y le tocaban los pechos. A su vez, Cabezuelo Entrena, el militar, la besaba en la boca.

Todos ellos se reían de la víctima. En varias ocasiones el guardia civil, con cuyo móvil José Ángel Prenda grabó dos vídeos -de 46 y de 32 segundos-, se sumó a los tocamientos. Con una mano Antonio Manuel sostenía el volante y con otra tocaba a la joven.

Los abusos a la chica habrían continuado durante más tiempo, aunque se desconoce cuánto. Sólo los agresores lo saben. Pudieron ser minutos o, quizás, horas. Los cuatro amigos y la joven abusada, ajena totalmente a lo que estaba sufriendo, realizaron luego el trayecto entre Torrecampo y Pozoblanco, localidades unidas por una carretera comarcal sin arcén y apenas transitada. Al llegar a su pueblo, la chica comenzó a recobrar la consciencia y salir de ese profundo sueño en el que la habían sumido. Iba completamente desnuda, con el mono quitado y las medias rotas.

En ese momento, la chica se vistió y se colocó en el asiento del copiloto. Acto seguido, el militar Alfons Jesús Cabezuelo Entrena le pidió que le practicara una felación allí mismo. Pero la chica se negó y el chico, enfurecido, la golpeó dos veces en la cara y otra en el brazo.

Luego, la insultó y la empujó fuera del coche en las inmediaciones de un descampado a la entrada de Pozoblanco. La chica, sola y todavía aturdida y desubicada, llamó a cuatro amigos, uno de ellos policía local. Sólo se lo cogió uno -no el agente- aunque no llegó a explicarle con claridad qué le había ocurrido. Luego, se marchó a casa desconsolada.

DOLORIDA AL SIGUIENTE DÍA

A la mañana siguiente, la joven que había sufrido los abusos sexuales se despertó dolorida en su cama. Al levantarse vio que en la parte trasera de los muslos, los cuales le molestaban mucho, tenía varios moretones. Ella misma se fotografió con su móvil.

Uno de los moretones que presentaba la chica en los muslos.

Al instante, la chica buscó consejo entre sus amistades. Un amigo la animó a denunciar: "Llama y sé valiente, seguro que hay especialistas que te pueden ayudar". "Vamos a ver. A quién llamo. Que es que es muy fuerte", respondió la joven. "No digas nada, por favor -le pidió-... ¡Qué vergüenza!”.

Cuando logró hablar con su amigo policía, éste también le recomendó que denunciara. Esto contradice lo que se había dicho hasta ahora acerca de que éste no la habría creído y de que la frenó a la hora de denunciar, circunstancia por la que el jefe de la Policía Local de Pozoblanco ha abierto una investigación para conocer cuál de sus agentes había sido. Pero la propia chica, en conversación con este periodista, lo desmiente: “Yo se lo dije verbalmente y él me animó para que denunciara”.

En otra conversación con otro amigo, la chica le dijo que se lo había contado a un amiga, que la había tratado por “loca”. "Me va a dar algo. Y voy a matar a XXX [refiriéndose seguramente a una amiga] un día de estos. Ayer me forzó un tío y me rajó el vestido". Ante la sorpresa del amigo, la joven trató de explicarse: "Y se piensa que estoy inventándome esto por llamar su atención. Es que es muy fuerte, vamos. Nada, que estaré loca". En un mensaje de audio, la joven le explica que su entorno está cachondeándose de ella porque encima no le creen. "Es que eso es muy fuerte, ¿qué clase de amigas tienes?", le pregunta su interlocutor.

Al final, la joven de la que habían abusado cuatro sevillanos no presentó denuncia alguna y dejó que el tiempo cerrara su herida. Sin embargo, cuando los agentes de la Policía Foral de Navarra y la Guardia Civil comenzaron a investigar la violación de los Sanfermines, hallaron en los teléfonos móviles de los cinco detenidos -a Pamplona viajó otro amigo de ellos, Ángel Boza- que entre los vídeos que se intercambiaban en varios grupos de Whatssap aparecían las imágenes de los abusos sufridos por la chica de Pozoblanco dos meses antes que la joven madrileña presuntamente violada durante la fiesta de la capital navarra. 

Fue entonces cuando, a finales de septiembre, agentes de la Policía Foral navarra acudieron hasta la localidad cordobesa en la que reside la joven. Allí, la chica denunció los hechos, relató el recuerdo de lo vivido y entregó el vestido y las medias rotas que llevaba puestos aquella noche.

También les mostró las fotos de las lesiones y dijo que no recordaba si al llegar a casa se notó algún resto de semen o fluido corporal. Además aportó los nombres de los amigos con los que habló de lo ocurrido y entregó la factura de teléfono en la que aparecía la llamada telefónica que mantuvo con uno de ellos. 

No se sabe si hasta la detención del guardia civil la chica cordobesa volvió a cruzar su mirada por las calles de Pozoblanco con ese agente uniformado que había llegado hasta allí para realizar las prácticas de la Benemérita.

El guardia civil detenido es hincha del SEVILLA FC.

LOS CHATS DE LA INFAMIA

Durante la mañana de 1 de mayo, a las pocas horas de aquella primera fechoría y mientras ya tenían en el horizonte su viaje a los Sanfermines, los cuatro abusadores de la chica de 21 años difundieron en dos grupos de Whatsapp los dos vídeos grabados por José Ángel Prenda con el móvil de su amigo el guardia civil. Uno de esos chats se llamaba Peligro y otro Manada. En este segundo Prenda llega a decir de su amigo el agente de la Benemérita: “Vino de follarse a la bella durmiente”.

En el de Peligro, compuesto por 21 personas, uno de los integrantes decía: "Es otro caso Marta del Castillo niño jajajaja Joselito (Prenda), el depredador sexual de las casitas". Sin el menor rubor, se mofaban de la joven de la que habían abusado tras drogarla y la comparaban con la adolescente sevillana desaparecida.

Se da la casualidad de que Ángel Boza, ahora en prisión por la violación en Pamplona pero que no viajó hasta Torrecampo con sus amigos, decía. "Madre mía qué le echasteis a la chavala burundanga. K bueno (sic)". En ese momento Ángel no imaginaba que sólo dos meses después, el 7 de julio, acabaría siendo detenido junto a sus otros cuatro amigos por violar a una chica madrileña que a finales de octubre cumplirá 19 años.

En esas conversaciones de móvil, publicadas por Diario de Noticias, algún integrante del chat Peligro preguntaba si habían hecho un "bukake" (en el argot del cine porno, término para referirse a la eyaculación de varios hombres sobre el rostro de una mujer) con la chica de Pozoblanco. Otro les cuestionaba si para adormecerla habían usado “cloroformo”. “Estaría en coma”, responde otro. Además, se evidencia que quien conducía, el guardia civil, también manoseó a la chica. "Qué habilidad conduciendo con una mano y con la otra cogiendo una teta atrás".

Imagen del chat de Whatsapp en el que los detenidos hablan de los abusos cometidos.

"Madre mía os van a meter preso chavales jajaja Carman (Prenda) ve un cuerpo humano inconsciente y ahí está el tío ya sea para robarle o para meterle mano jajaja", tercia otro de los 21 miembros del chat. Según avanzaba el domingo 1 de mayo seguían llegando los mensajes. A las 20.05 horas de ese domingo 1 de mayo un miembro del chat preguntaba: "Sabéis algo de Carman (Prenda)? Lo han cogío (sic) ya? o sigue suelto?". "Y qué han hecho con la chavala, la han tirao al río?".

Tras la violación de San Fermín, el 7 de julio, los cinco amigos sevillanos se encuentran en prisión. A Pamplona viajó también Ángel Boza, el único que no estuvo presente en los abusos de Torrecampo. Los chicos se conocen desde la adolescencia, donde compartieron calle y fechorías en el barrio hispalense de Amate.

Ahora, salvo el militar y el guardia civil, los tres restantes están en la cárcel de Pamplona. En cambio, los dos agentes del orden solicitaron cambiar de prisión para poder ingresar en módulos de cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Todos aguardan la fecha de juicio, aunque hasta esta semana no han sabido que los investigadores han dado con otra chica de la que abusaron. Aquello, pensaron, era agua pasada que jamás volvería. Pero no fue así.

Los cinco amigos detenidos, de izquierda a derecha: Ángel Boza, Antonio Manuel Guerrero, José Angel Prenda, Jesús Escudero y Alfonso Jesús Cabezuelo.

Mientras, en el cuartel de Pozoblanco los agentes aún siguen preguntándose cómo es posible que detrás de un chico trabajador, educado y diligente como era Antonio Manuel Guerrero podía esconderse un presunto violador grupal. Por el momento el joven, que estaba a la espera de que le dieran nuevo destino, ha sido apartado del cuerpo. Y todo porque el hombre que debía luchar contra quienes actuaban como sus amigos decidió, en cambio, unirse a ellos.

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