ETA anunció hace 15 años, un día como hoy, el "cese de la actividad armada". Lo hizo en un comunicado grabado en vídeo. Sin embargo, en la actualidad los disturbios provocados por la izquierda radical, los homenajes a etarras y los nombramientos de terroristas para ir en listas electorales siguen formando parte de la cotidianidad en el País Vasco y Navarra.
"Seremos exmilitantes de ETA, pero llevaremos hasta la muerte haber formado parte de ETA. A nivel de sentimientos, seremos de ETA siempre". Estas declaraciones de la banda al diario Gara, pronunciadas en 2018 tras el anuncio de su disolución, reflejan cómo los principios que les llevaron a realizar atentados por toda España no eran para ellos un motivo de arrepentimiento, sino de orgullo.
Esa declaración de principios nutre hoy en día la percepción de las familias de las víctimas de que el fantasma del terrorismo sigue vivo. Y este resurge en cada episodio violento que protagoniza una parte de la sociedad que no condena la violencia, sino que homenajea a sus artífices y evita llamarles terroristas.
Imagen fechada en 2017 en la que una pintada en una pared de Iturmendi (Navarra) ensalza a ETA.
Un tabú que mantienen incluso algunas agrupaciones políticas con gran representación, como es el caso de Bildu, va a tres condenados por su vinculación a la banda en su lista de candidatos para las elecciones generales del 29-N.
Tres perfiles con opciones reales de poder obtener escaño. Se trata de Marije Fullaondo, número dos al Congreso por Vizcaya; Sonia Jacinto, cabeza de lista al Senado por Guipúzcoa, y Floren Aoiz, que encabeza la candidatura a la Cámara Alta por Navarra.
Pero en el País Vasco no todo son víctimas o exaltadores de los terroristas. Ocho años después de la disolución de ETA, buena parte de quienes componen la generación más joven no saben quiénes fueron Tomás y Valiente, López de Lacalle, Txeroki ni Anboto.
Son los "jóvenes de la posmemoria". Así los ha bautizado un grupo de investigadores de la Universidad de Navarra en un estudio pionero sobre el conocimiento del terrorismo en esas edades.
El 60% reconoce tener escasos o nulos conocimientos sobre el tema, aunque les parece necesario mantener activa la memoria de las víctimas, según los datos que arroja este informe.
Regreso de la violencia
Entre las generaciones más jóvenes del País Vasco y Navarra se puede establecer una profunda diferenciación. En un lado están los jóvenes que ignoran lo ocurrido o tienen conocimientos limitados.
En el otro se encuentra un sector que se está organizando en torno a grupos radicales y violentos de extrema izquierda, y que fuentes policiales exponen a EL ESPAÑOL que "cada vez son más".
Una multitud de radicales abertzales trata de romper el cordón policial durante los disturbios del 30 de octubre en Pamplona.
En concreto, solo en la Ertzaintza, confirman que a lo largo del año 2025 se produjeron más de 500 agresiones a ertzainas perpetradas por grupos radicales. Una cifra que representa "un auge exponencial con respecto a los años anteriores".
"Hay una uniformidad completa que visten estos grupos para que no se les pueda identificar. No son cuatro jóvenes que están en una manifestación, sino que cada actuación está muy estructurada".
Las mismas fuentes amplían que estos colectivos "marcan a todos los sindicatos que tienen relación con sindicatos de Policía Nacional como si fueran colectivos de extrema derecha. Hasta el punto de que incluso han creado sitios web en los que se señala a agentes con nombres y apellidos".
Antidisturbios de la Policía tratan de dispersar a los radicales en la Universidad de Navarra durante los disturbios del 30 de octubre en Pamplona.
Este diario ha accedido a uno de esos foros y ha comprobado que, en efecto, en ellos se publican las identidades, nombres, apellidos y destino de distintos agentes de la Ertzaintza.
"Son lo mismo que la kale borroka, solo que más organizados aún. Mucho más preparados, por decirlo de alguna manera. Actúan de una forma mucho más coordinada que antiguamente".
"Vuelven los señalamientos", concluyen las citadas fuentes. "Y mientras, el consejero de Seguridad del País Vasco persigue a los ertzainas de a pie, en ningún caso a los mandos. Todo para contentar a Bildu".
Uno de los grupos más radicales que ha surgido en los últimos años es Jardun que compite con los otros grupos radicales de la izquierda abertzale como Gazte Koordinadora Socialista (GKS) y Ernai (Sortu).
Ahora han vuelto los recuerdos a una época oscura que parecía estar olvidada. La radicalización de los más jóvenes en estos grupos ha llegado al punto de dos detenciones a jóvenes de 34 y 22 años en la comisaría de la Ertzaintza de Irun. Ambos son acusados de terrorismo y en el momento de la detención llevaban encima información sensible de miembros de la Guardia Civil.
'Kale borroka'
La kale borroka, o lucha callejera, por su traducción al español, es el nombre por el que se identificó a los episodios de violencia urbana que protagonizaron colectivos afines a ETA durante su existencia.
Su seña de identidad era la destrucción de mobiliario urbano durante manifestaciones, el enfrentamiento con la policía e incluso las agresiones.
Ese espíritu violento permanece de la mano de colectivos juveniles con gran implantación en las universidades del País Vasco y Navarra, como quedó patente en los disturbios del 30 de octubre de Pamplona, donde cuatro policías nacionales resultaron heridos, uno de ellos de gravedad, y un periodista de EL ESPAÑOL fue agredido.
Una manifestación de la izquierda abertzale en el casco de Pamplona, en marzo de 2017.
Algunas de las siglas más conocidas en este entorno son las de GKS o Ernai. Cada una con características propias pero una finalidad común, la construcción de un País Vasco independiente y socialista: el mismo objetivo último de ETA.
Consideran a los terroristas que se encuentran en las prisiones por delitos de sangre como 'presos políticos', y piden su puesta en libertad. Además, no dudan en recurrir a la violencia y la intimidación. De ahí la comparación con la kale borroka.
Lo preocupante es que la implantación de estos grupos en organizaciones y sindicatos universitarios del País Vasco y Navarra es muy fuerte, según detallan fuentes de la Policía Nacional.
Ocho años sin armas
De manera que el contexto social en el País Vasco es diverso, y en lo que refiere al posicionamiento juvenil ante lo que fue ETA, fragmentado. La existencia de las organizaciones que recrean la kale borroka choca con los ocho años que han pasado tras la desaparición del grupo armado y la creciente desafección hacia el independentismo radical que señalan algunas encuestas.
Un estudio publicado por Sociómetro en julio exponía que sólo un 21% de vascos apoya independizarse del resto de España, mientras que el 41% de los ciudadanos está en contra y un 32% expresa sus dudas porque la apoyaría o no "según las circunstancias".
Este estudio confirmó los datos de su anterior edición, que presentó unos porcentajes similares, al igual que la encuesta de Naziometra, dada a conocer en las mismas fechas, y que situó el rechazo a la independencia en un 43% y el apoyo en un 22%.
Pero a pesar de estos datos, la fuerza de la aparente minoría radical sigue generando temor en la sociedad.
"En Bilbao todavía existe miedo a colocar una bandera de España". Lo dice alguien que puede explicar con sobrada autoridad el nacimiento y desaparición de la banda terrorista porque estuvo en los dos lados de la lucha: el exparlamentario Javier Elorrieta.
El exparlamentario vasco Javier Elorrieta.
Su historia personal es casi paralela a la de ETA, a la que se unió a mediados de los años 60. Sin embargo, la abandonó varios años después, al poco tiempo de que la banda empezara a matar.
Cruzó la trinchera, abandonó el independentismo y se convirtió en un ferviente constitucionalista, hasta el punto de que durante los años 90 fue diputado independiente del Parlamento Vasco por las listas del Partido Socialista de Euskadi (PSE-EE).
"ETA nace para combatir el franquismo, con posiciones nacionalistas más radicalizadas que la del PNV. Sin embargo, el primer manifiesto del grupo armado tenía un carácter democrático general", explica.
"La violencia empezó por una serie de aspectos externos: el acercamiento al movimiento castrista, al movimiento guerrillero... Pero en su nacimiento, a nadie se le ocurría planear la muerte de alguien. Algunos miembros llevaban pistolas para autodefensa, como último recurso para evitar ser capturados y torturados por las autoridades franquistas".
El primer asesinato de ETA tuvo lugar el 7 de junio de 1968, siete años antes de la muerte de Franco. Sin embargo, Elorrieta pone el acento en que "la banda optó por el asesinato indiscriminado y criminal cuando ya se había conseguido la democracia".
PREGUNTA.– ¿Por qué sigue existiendo miedo a poner una bandera de España en el balcón en el País Vasco?
RESPUESTA.– Porque socialmente han ganado. Para que ETA dejara de matar, le entregaron el protagonismo político. No se unificó la derrota de la banda terrorista con la de su proyecto político, sino que se asumió su proyecto político.
P.– ¿Es ese miedo el mismo que existía hace ocho años, antes de que ETA anunciase su disolución?
R.– Nada ha mejorado. Piensen una cosa: en 2001, con ETA matando, los partidos constitucionalistas casi conseguimos la mayoría en las elecciones al Parlamento Vasco.
Herri Batasuna (HB) bajó de 14 escaños a 7, y porque 80.000 votos se desviaron a la coalición PNV para evitar la mayoría absoluta del PP con el PSE-EE.
Hoy no es que nadie vote al PP ni al PSE, es que hay municipios en los que ni siquiera tienen candidatos. El constitucionalismo se ha ido al carajo.
Esa es la victoria política de ETA, a la cual ha contribuido de una manera protagonista y canalla Zapatero, que puso fin a todos los pactos de Estado.
Arrepentimiento puesto en duda
Esa victoria política a la que se refiere Javier Elorrieta tiene en la semiliberación de presos etarras una de sus mayores manifestaciones.
En concreto, a través de los terceros grados y la aplicación del artículo 100.2 que el Gobierno Vasco está concediendo a los internos que formaron parte de la banda terrorista. Una medida que los colectivos de víctimas no ven con buenos ojos.
"Es escandaloso que se estén concediendo terceros grados a gente a la que le queda más de la mitad de la condena. Porque, aunque depende del Código Penal, para que se pueda aplicar esta medida se tienen que haber cumplido normalmente unas tres cuartas partes de la condena".
Lo explica a este diario Carmen Ladrón de Guevara, abogada de la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT).
Sobre el artículo 100.2, este colectivo explica que si bien nació como "una medida excepcional para flexibilizar el cumplimiento de las penas en casos concretos", en la práctica se ha convertido en "una vía alternativa que permite a determinados presos de ETA, que no cumplen los requisitos para acceder al tercer grado, salir de prisión durante buena parte del día, en ocasiones más de ocho horas".
La AVT señala que desde que las competencias penitenciarias fueron transferidas al Gobierno Vasco, alrededor de medio centenar de presos de ETA se habrían beneficiado de esta fórmula.
Actualmente, de los aproximadamente 120 reclusos de la organización terrorista que siguen en prisión, unos 18 están acogidos al artículo 100.2 y cerca de 50 se encuentran en tercer grado.
"En la práctica, esto significa que más de la mitad de ellos salen diariamente del centro penitenciario o, incluso, apenas pasan tiempo en él", explica esta asociación.
La polémica volvió al foco mediático tras la decisión de un juez de rechazar la aplicación del 100.2 a 'Anboto'.
El etarra Garikoitz Aspiazu, alias Txeroki, durante su juicio en España.
El magistrado detectó deficiencias técnicas en su concesión y planteó la necesidad de cambiar la ley para que estas medidas cuenten con autorización judicial previa. Y es que esta medida se aplica de forma inmediata tras su aprobación administrativa y solo después es revisada por un juez.
De manera que, a pesar de que está cerca de cumplirse una década de que ETA anunció su disolución definitiva, 16 años después de su último asesinato, la sociedad vasca sigue dividida en torno a su legado.
El exparlamentario y exetarra Javier Elorrieta, desde la perspectiva del tiempo, afirma que no se puede hablar de una derrota de la banda terrorista.
"Cuando los miembros y los afines a ETA están muy contentos después de su disolución, y sus víctimas están muy insatisfechas y se sienten humilladas, conviene reflexionar sobre si realmente se puede hablar de una derrota del terrorismo".
Desmemoria juvenil
Estos datos coinciden con la realidad en la calle. Los jóvenes tienen una especie de desmemoria con respecto a lo que significó ETA para España porque son la primera generación que ha vivido sin tener conciencia de la lucha armada de la banda.
EL ESPAÑOL ha entrevistado a varios jóvenes a pie de calle planteando una primera pregunta básica, pero fundamental: "¿Usted qué sabe sobre ETA?".
Dos jóvenes entrevistados por EL ESPAÑOL.
La respuesta general es casi unánime y atronadora.
"No mucho, sinceramente. Básicamente a lo que se dedicaba", responde Carmen Sánchez una joven de la Universidad CEU San Pablo en Madrid.
No es la única que no conoce casi nada sobre ETA. En la Universidad Complutense, Marcos Carrasco, Rodrigo García y Pablo Toribio dudan al ubicarla cronológicamente.
"Es una banda terrorista que actuó en época franquista, así que hubo varios altercados en los 80 y 90", sentencian.
El problema está en que aunque hay conciencia de que fue una banda terrorista, para muchos de estos jóvenes queda en el olvido de la historia.
"Es un grupo terrorista del País Vasco que estuvo en 1930 o por ahí, algo así", aseguran las universitarias Lucía Fernández y Covadonga Costero.
Algo más cuenta Aitor Caniella, un joven de 21 años de San Sebastián que asegura que conoce "un poco la historia y cómo afectaron a Donostia los tiempos de ETA por las bombas que pusieron en la parte vieja", relata este joven.
De todos ellos, los que más se acercan a la realidad son Alejandro, Lucía y Sara. Alejandro es voluntario en una asociación de víctimas y está comprometido con el tema. Enseguida se lanza a responder sin apenas vacilar un segundo: "Es un grupo armado terrorista del País Vasco que nace en 1959, luego están los que se conocen como años de plomo, hasta que dejan las armas".
"Debería estudiarse"
Alejandro resulta una excepción. Este joven, dada su participación en una asociación de víctimas, está muy involucrado en evitar que esta parte de la historia caiga en el olvido.
Lo mismo le ocurre a Guillermo, que conoce la historia de ETA "gracias a documentales y charlas en el colegio".
Pintada a favor de ETA
Precisamente ese es uno de los puntos más comentados: cuando los jóvenes "conocen testimonios de víctimas y lo estudian en el currículo escolar, tienen más conocimientos y sensibilidad hacia las víctimas, así como rechazo a la violencia", señala María Jiménez.
Ella es una de las investigadoras del citado estudio de la Universidad de Navarra (UNAV) sobre la importancia de los testimonios de las víctimas en los colegios.
Este informe pretende analizar el impacto del programa 'Memoria y Prevención del Terrorismo' del Ministerio del Interior que se implantó en 2017 y ha llegado a más de 30.000 estudiantes de toda España.
Según sus conclusiones, el 72% de los jóvenes considera "importante estudiar en el aula" el terrorismo, y así lo manifiestan los jóvenes con los que ha podido hablar EL ESPAÑOL, a quienes les gustaría saber más.
Sin embargo, el "60% apenas tiene conocimientos" del tema, y esto puede verse en las caras de los jóvenes al ser preguntados por ETA y verse frente al espejo, casi incapaces de responder, salvo alguna excepción.
"Una vez tuvimos una charla en el colegio y nos contaron lo más importante, pero no conozco mucho", cuenta Carmen Sánchez.
Por su parte, Covadonga lamenta que todo lo que conoce "es gracias a que mi madre me lo cuenta, no porque lo hayamos dado en el colegio".
Eso sí, todos coinciden en que esta parte de la historia reciente "debería darse más en clase" para poder "saber más del tema", ya que de no ser así, es una materia que consideran difícil de conocer.
De hecho el estudio de la UNAV pone el acento en la necesidad de que los adolescentes escuchen "testimonios directos de las víctimas" porque esto aumenta su interés y les hace ver la importancia de "mantener activa la memoria de las víctimas".
"La historia es importante. Al igual que ocurre cuando se estudia de la Guerra Civil, lo mejor es recordar y hablar con normalidad de los años del terrorismo", sentencia Lucía en el campus de la Universidad Complutense.
Desconocimiento de las víctimas
Más allá de la historia del propio grupo armado, solo un 38% de los encuestados en el estudio de la UNAV son capaces de nombrar alguna de sus víctimas.
El próximo 7 de mayo se cumplen 26 años del asesinato a José Luis López de la Calle cuando volvía a su casa en Andoáin después de comprar unos periódicos y desayunar.
Una fotografía de José Luis López de Lacalle.
El periodista de El Mundo recibió cuatro disparos en el tórax, sien y nuca.
Asimismo, el pasado 14 de febrero se cumplieron 30 años del homicidio del presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Tomás y Valiente, a manos de dos pistoleros etarras
Como ellos hay más de 850 víctimas, desde el guardia civil José Antonio Pardines, que fue el primer asesinado por la banda terrorista en 1968, hasta el gendarme francés Jean Serge-Nérin, el último, en 2010.
Un grupo de personas observa la moto de José Antonio Pardines después de su asesinato.
Además, a día de hoy sigue habiendo 379 asesinatos de ETA sin resolver en España.
Todo esto pasa prácticamente inadvertido para los jóvenes y adolescentes que apenas conocen a ninguna víctima.
Es cierto que casi todos han oído hablar de Miguel Ángel Blanco. Así lo ha comprobado EL ESPAÑOL al hablar con ellos, como es el caso de Lucía Fernández y Covadonga Costero: "Lo conozco porque me lo ha contado mi madre, lo poco que sé es por ella", comenta esta última.
Pero tampoco resulta algo evidente, por ejemplo, para Carmen, quien dice sorprendida después de dudar unos instantes: "Me suena, pero no". Ni para Aitor Mora, que responde: "Es hijo de algunos del PP".
Fernando Buesa, por ejemplo, resulta completamente desconocido para esta generación: "¿Ese no es el que secuestraron?", responde Marcos, a quien su amigo Rodrigo contesta: "Ese fue Ortega Lara", y Pablo replica: "No sabe, no contesta".
Ortega Lara, secuestrado, en una foto tomada por sus captores.
En cierto modo, algún nombre resuena en sus cabezas, aunque sea vagamente.
Eso sí, todavía les cuesta nombrar algún atentado que cometiese ETA. El más conocido entre esta generación de jóvenes es "el de Hipercor, que fue muy famoso", aseguran.
Ni Anboto, ni Carasatorre
María Soledad Iparraguirre Guenechea, alias Anboto, exjefa de ETA, ha ocupado múltiples titulares a lo largo de los últimos meses con motivo de su salida de la cárcel de Martutene, en San Sebastián.
La exjefa de ETA María Soledad Iparraguirre, 'Anboto', en 2021.
Lo mismo ha ocurrido con el exintegrante del Comando Donosti, Juan Ramón Carasatorre. Ambos se habían beneficiado del artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario para salir de la cárcel antes de tiempo en lo que muchos consideran una especie de "tercer grado encubierto".
Sin embargo, el juez de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional, José Luis Castro, ha rechazado que se aplique este régimen de semilibertad.
A pesar de copar buena parte de las portadas y titulares y de estar en el debate público, el fondo de esta información no termina de llegar a los jóvenes.
Juan Ramón Carasatorre Aldaz, el asesino de Gregorio Ordóñez. Efe
"No tenemos ni idea de quiénes son"; "Ahí me pillas, lo que te puedo decir es un atentado que sé que pusieron con un peluche en la parte vieja de Donosti y murió un niño"; "Yo no, no, no…".
Esas son las respuestas que recibe este periódico cuando pregunta por estos dos etarras que han formado una parte relevante de la historia armada de ETA y que se han convertido en figuras de controversia en los últimos meses.
